Tom Waits. Gruñidos desde el callejón del ayer

Tom Waits en Coffee and Cigarettes (Jim Jarmush, 2003)

Tom Waits en Coffee and Cigarettes (Jim Jarmush, 2003)

No es fácil llegar hasta él. O no lo era… El público suele alimentar el mito, independientemente de que la vida del artista ya no tenga que ver con lo que dicen sus letras. Hace tiempo que dejó atrás su etapa Bukowski y ser la reencarnación en los 70 del espíritu beatnik, una época en la que la prosodia jazzística le servía para narrar el vodevil sincopado en el que su vida y sus letras coincidían en el mismo punto de la barra de un bar. Completamos el artículo dedicado a su etapa más reciente repasando sus tres primeras décadas, de 1970 al 2000.

Su refugio, bien resguardado de las miradas de los curiosos, es el campo, donde vive con su familia. En su casa, Waits colecciona cachivaches y objetos aparentemente inservibles. El color sepia envejecido que ha hecho suyo se extiende por la madera de un establo convertido en estudio. Dentro de él, amontonada una encima de otra, esa especie de chatarra silenciosa crea figuras deformes, dibujando el perfil de una extraña escultura que parece querer decir algo. Afuera, a lo lejos, se escucha el silbido de un tren. Por aquí pasaba el ferrocarril. Es su mundo. Fotografías de fantasmas y blues. Turbio lirismo entre jadeos y gruñidos. Sonidos de metal y madera…

Thomas Alan Waits nace en Pomona, California, el 7 de Diciembre de 1949. Único varón de tres hermanos, sus padres se divorciaron cuando el tenía 10 años. A partir de entonces, el pequeño Tom recorre toda California, de ciudad en ciudad, de colegio en colegio. Por su sangre corría Escocia e Irlanda, por parte de padre (profesor de español) y Noruega por parte de madre. Su afición por la música le viene a una temprana edad. Tomó clases de trompeta en el colegio Robert E. Lee del sur de Los Angeles. “Era una trompeta plateada Cleveland Greyground. La tocaba para anunciar el final de la jornada escolar, y llegaba pronto por la mañana para cuando izaban la bandera”. Fue el primer y último instrumento del que tomaría lecciones. Luego llegaron las guitarras mexicanas baratas y más tarde empezó a tocar de forma autodidacta el piano en casa de un vecino.

De interpretar a Jerome Kern y George Gershwin pasó a tocar sus propias canciones. En su etapa escolar destacó en las asignaturas relativas al arte. En cuanto le empezó a crecer la barba se dejó una perilla bajo el labio inferior, pequeña sombra peluda que le ha caracterizado hasta hace bien poco. También era famoso entre sus compañeros por sus peinados: tenía un pelo rebelde que impedía ser domesticado. En los recreos se le podía escuchar tocando la armónica a alguna chica o hablando de carreras de coches, otra de sus aficiones favoritas (su primer coche fue un Buick del 54).

Fotografía de Tom Waits

Fotografía de Tom Waits

Reencarnación del espíritu beat de la década de 1950 en plena era del jazz fusión, el rock sinfónico y el glam, Tom Waits y su lirismo nocturno y de perdedores en los 70.

Trabajó como lavaplatos, cocinero, camarero, conserje, de todo. Con 17 años, Waits tenía ya una serie de “incongruentes” influencias musicales para su edad: los desfasados Gershwin, Porter, Kern, Arlen, Carmichael, Mercer, Louis Armstrong, Stravinsky, El Reverendo Gary Davis, Mississippi John Hurt… La primera relación que el joven Tom tuvo con el negocio de la música fue como portero de un pub en San Diego. En los entreactos se subía a un pequeño escenario donde un día fue visto por el manager de The Mothers of the invention Herb Cohen, de la discográfica Asylum.

A los 22 años de edad, en 1972, Tom Waits graba su primer disco. Su estilo y sobre todo esa voz espesa y cavernaria (“un gruñido encerrado en un callejón sin salida”) no eran los prototipos de la joven y complaciente promesa que encandila a los adolescentes, o los de estrella de la era del rock con purpurina (glam rock) y ni mucho menos los de un mensajero de la soleada California. Era un estilo adulto que trataba temáticas sobre perdedores, borrachos y corazones magullados, envuelto en un jazz-blues descriptivo, austero y melancólico. En Asylum, en la primera mitad de los setenta, Waits publica, por orden cronológico, Closing Time, The Heart of Saturday night, Nighthawks of the diner (en directo) y uno de los títulos esenciales de dicha década, Small Change (1976).

Melancolía de callejón mojado, hogar de los sin hogar, jazz de taberna, blues de escupitajo etílico, poesía vagabunda, así era su música en los años setenta.

Fueron años en los que Tom Waits llevaba la misma vida disoluta y marginal de las que hablaban sus letras. Fue  su etapa Bukowski, la de las crónicas viajeras a ritmo de bebop del On the road de Kerouac, en las que como primerizo en el negocio de la música tuvo que someterse a continuas y poco estimulantes giras con un trío de jazz (luego cuarteto con saxo tenor) por todo EEUU como telonero, entre otros, de Frank Zappa (la austeridad narrativa, jazz y blues frente al barroquismo: los fans de éste lo despreciaban). Jamás dijo nada negativo de Zappa.

La música, que básicamente era jazz recitado (una derivación que mezclaba lectura dramatizada y scat) y elegíacas melodías al piano, estaba teñida de nocturnidad, e inundada, más que bañada, en alcohol, tabaco y otras substancias. Escribió temas que son clásicos, sobre todo los contenidos en esa banda sonora de la soledad en Los Angeles que es Small Change. Fueron noches interminables que tenían al piano como compañero de bebida: The piano has been drinking… not me.

Fotografía de Tom Waits para su cuarto álbum "Small Change" (1976). Foto: Joel Brodsky

Fotografía de Tom Waits para su cuarto álbum “Small Change” (1976). Foto: Joel Brodsky

Small Change (1976), banda sonora de la soledad en una ciudad como Los Ángeles. Producto absolutamente atípico en su época, hecho de historias de perdedores y jazz humeante que contiene clásicos como The piano has been drinking

Su paso a Elektra, aún inmerso en esta etapa de ambientes nocturnos, barras humantes y tufillo a bourbon, tiene en Blue Valentine (1978) una de sus mejores entregas. TW empieza a salir con la atractiva cantante Ricky Lee Johns, con la que aparece en comprometido gesto en la contraportada de este disco. Una producción más ambiciosa da como resultado una lista de canciones variada en la plantilla instrumental en temas como Romeo is bleeding, Kentucky Avenue, Wrong side of the road o la versión (fórmula atípica) con orquesta de cuerdas de Somewhere (West side Story). Planteamiento en suite que fue introducido  por el de poema sinfónico del anterior disco, Foreign Affair (1977), donde había temas que unían la narración descriptiva con arreglos inspirados en Duke Ellington (Potter`s field), descendían al lirismo nocturno de Small Change(Burma-save) o juntaban en dueto seducción femenina y donjuanismo (I never talk with strangers). Melancolía de callejón mojado, hogar de los sin hogar, jazz de taberna, blues de escupitajo etílico, poesía vagabunda, así era la música de Tom Waits en los setenta.

Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones - Mac Montandon

Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones – Mac Montandon

De la noche al día y de la ciudad al campo, cualquier acercamiento a Tom Waits debe hacerse por su recorrido creativo. En ausencia de música, entre palabras y entrevistas, lo que queda es divagación y apenas un hilo de verdad: vano intento el de penetrar en la personalidad del autor a través del periodismo. Para estos encuentros, Waits, que por algo también es actor, por distintas sinrazones dependiendo del momento, se enmascara en un personaje escurridizo y excéntrico cuya actitud hace inútil cualquier esfuerzo clarificador. Oculta en el amasijo de frases inconexas, en el localismo suburbial y el gesto torcido, los juegos de palabras o las curiosidades estadísticas, en el humor esquivo, está la verdad.

Cualquier acercamiento a Tom Waits debe hacerse siguiendo sus pasos creativos, evitando el más mínimo interés por las intimidades o por cierta compostura trascendente en las preguntas

Este libro recopila testimonios desde sus inicios para Asylum Records (cuando el jazz recitado describía una vida anclada en la noche y los moteles baratos) hasta llegar al 2004 (como respetable padre de familia) en una entrevista para Vanity Fair. Tan sólo cuando el interlocutor es un creador-amigo, los casos de Jim Jarmush y Elvis Costello, o en el prólogo de Frank Black, la coherencia toma forma de respuesta. Entre tanta paja mental, los entrevistadores se las apañan como pueden para definir la voz irrepetible de Tom Waits.

El siguiente y último trabajo en Elektra se titula Heart attack and vine (1980), disco orientado decididamente hacia el blues, vertebrado en torno al contrabajo (el gran Greg Cohen) y apoyado en órgano Hammond. Con él se concluye una etapa (su lema hasta entonces era “licor, chicas y licor, y más licor”) y empieza otra, quizá la más relevante en la consecución de un estilo y un cambio personal. El punto de inflexión clave en su vida llega en 1980 cuando conoce a su mujer,  Kathleen Brennan. Que no sólo le enseña el buen camino abandonando los malos hábitos sino que ejercerá como productora de sus discos. Justo en esa época, de la mano de Francis Ford Coppola, le llega a la oportunidad de entrar en el mundo del  cine con One From the heart (Corazonada), para la que Waits hizo la banda sonora y en la que, por cierto, Coppola se arruinó. Se conocieron en los estudios donde se grababa la película. Ella era una guionista de Coppola, y él actor. Ese año participa en el prestigioso Montreal Jazz Festival.

La llamada trilogía swordfish de los ochenta comienza en 1983 con uno de los discos más determinantes de su carrera. En él, da un giro a su música hacia una estética de cabaret abrupto, carnal y disonante. La metamorfosis de su persona se refleja en unas letras más profundas y surrealistas y en unos sonidos intrigantes y experimentales. Un mayor énfasis en el sentido de la teatralidad (inherente al discurso narrativo de los setenta) y la presencia rítmica y descriptiva de la percusión (marimbas, sierras con arco, timbres metálicos),  se combinan con el jazz, el blues y el folk para dar lugar a un género nuevo. Es el momento en el que ficha para el sello Island Records y el debut con Swordfishtrombones. El teatro musical será el terreno en el que asentará sus cada vez más amplios apetitos escénicos y musicales.

Tom Waits fotografiado por Anton Corbijn. Imagen incluida en el libro de fotos Waits/Corbijn ‘77-‘11 que plasma la colaboración de ambos durante más de 30 años.

Tom Waits fotografiado por Anton Corbijn. Imagen incluida en el libro de fotos Waits/Corbijn ‘77-‘11 que plasma la colaboración de ambos durante más de 30 años.

Blues, jazz, folk-rock, cabaret, disonancias, nanas irlandesas, bocetos circenses, todo cabe en  Frank`s wild years. Con él y el directo Big Time se pone fin a una trilogía referencial para forjar una etapa y alumbrar entregas posteriores

En 1985 realiza uno de los discos de mayor éxito comercial (si exceptuamos Mule Variations). Rain dogreafirma la fructífera colaboración con brillantes músicos de jazz de la escena neoyorquina (ciudad en la que se desarrolló parte de esta trilogía), como el contrabajista Greg Cohen (compañero desde finales de los 70) y el guitarrista Marc Ribot. En Rain dogs contiene  títulos como Down Train (casi un himno), Jockey full of bourbon (rock californiano), Time(remanso de  naturaleza folk que nos lleva a Bob Dylan) o ese engranaje misterioso y sincopado que define a Clap Hands. Destaca la colaboración de Keith Richards y del saxofonista John Lurie, quien por aquella época lo acompañaba junto al italiano Roberto Benigni en los papeles protagonistas de la película de Jim Jarmush Bajo el peso de la ley.




El siguiente disco tras Rain Dogs es Frank`s Wild years (1987), teatro musical hecho a medias con su mujer (como todo lo producido desde entonces) en el que comienza su colaboración con el célebre escenógrafo y dramaturgo Robert Wilson. Dentro de él encontramos un pecaminoso y sensual bocado llamado Temptation (atención  a los metales), tema que se podía  escuchar  y ver a través de una cerradura en la película canadiense Leólo. Aparecen metales amenazadores o de extraña timidez, percusiones carnosas y metálicas, bajos obsesivos, guitarras poseídas, pianos distraídos, órganos fantasmales y los primeros fragmentos de paisajes sonoros (campanas), que volveremos a encontrar en posteriores producciones. Charles Bukowsky se abraza a Kurt Weill, Frank Sinatra es un crooner fantasma, el singular compositor Harry Partch le presta uno de sus instrumentos inventados (Orphans sería luego un laboratorio de estos sonidos) a Jack Kerouac y éste le pasa la botella a Tom. Blues, jazz, folk-rock, cabaret, disonancias, nanas irlandesas, bocetos instrumentales circenses, todo está en el de Frank`s wild years. Con el se pone fin a una trilogía que forma en sí misma un corpus sonoro referencial para las entregas posteriores.

Conjunto de portadas de los discos de Tom Waits que recoge todas sus etapas creativas, desde el primero, Closing Time, salido en 1973, inaugurando la etapa "Bukowski", a las tres obras mayores de los 80 que conforman la trilogía Swordfish, o el teatro musical The Black Rider ya en los 90, la triple antología de los 2000 Orphans o su última publicación del 2011 Bad as me 

Conjunto de portadas de los discos de Tom Waits que recoge todas sus etapas creativas, desde el primero, Closing Time, salido en 1973, inaugurando la etapa “Bukowski”, a las tres obras mayores de los 80 que conforman la trilogía Swordfish, o el teatro musical The Black Rider ya en los 90, la triple antología de los 2000 Orphans o su última publicación del 2011 Bad as me

Tras Bone machine, Waits vuelve al teatro musical con The Black Rider (1993), confeccionado con la colaboración del escritor beat Willian Burroughs, el escenógrafo Robert Wilson y músicos de la calle de Berlín.  “El jinete negro” se abre con Lucky day overture y The black rider, desplegando desde el inicio un ambiente de cabaret fantasmal que tiene momentos de poesía surrealista para “danzar alrededor de tus huesos” (William Burroughs en T`Ain`t no sin), romanticismo (I`ll shoot the moon) e intensidad percusiva alucinada (Russian dance). En esta época vuelve al cine con el Drácula de Coppola (hizo de Rendfield, el esbirro del conde) y participa en uno de los personajes (hecho a su medida: un excéntrico y alcohólico chófer, pareja de una camarera) de las historias cruzadas (Raymond Carver) que protagonizan Short Cuts, de Robert Altman.

Portada de Mule Variations (1999) decimotercer álbum de Tom Waits

Portada de Mule Variations (1999) decimotercer álbum de Tom Waits

Publicado en 1999, este esperado trabajo supone un antes y un después en su carrera. Por un lado participa de las experiencias pasadas pero por otro se distancia de ellas, abriéndose camino hacia un sofisticado e inquietante sonido de blues que atrapa a nuevas audiencias sin desmentirse a sí mismo

Después de seis años de silencio discográfico, el 27 de Abril de 1999 aparece Mule Variations en un sello independiente especializado en grupos de punk y rock, Epitaph. Un año antes, a modo de despedida comercial, su antigua discográfica, Island, publicó el recopilatorio definitivo Beautiful Maladies. Este esperado trabajo supone un antes y un después en su carrera. Por un lado participa de las experiencias pasadas pero por otro incorpora un sonido de blues que atrapa a nuevas audiencias sin desmentirse así mismo.  Mule Variations(título inspirado en la supuesta terquedad de “mula” que Brennan asocia a su marido) vuelve a colaborar con los músicos que le acompañaron en la trilogía Swordfish (Greg Cohen, contrabajo, Marc Ribot, guitarra, Ralph Carney, metales), amplía la plantilla instrumental e introduce un elemento que llega hasta el recienteBastards: la armónica incisiva y distorsionada de Charlie Musselwhite.

…Para llegar hasta Tom Waits hay que ir más allá de San Francisco, hasta una anodina encrucijada donde norte y sur se confunden. Allí, uno de los artistas más influyentes de los últimos tiempos construye un mundo propio. Su vasta personalidad creativa y su intuición, asentada en unos recursos estéticos sobre los que siempre vuelve, le han permitido edificar un discurso, como su voz, personal e intransferible, ajeno a cualquier clasificación.

Jesús Gonzalo.

 

Artículo inicialmente publicado en NOISELF.


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