Lito Vitale Cuarteto: “Ese amigo del alma”

Lito Vitale Cuarteto - Ese amigo del alma (1991)

Los que hayan disfrutado de la música de Lito Vitale en directo dificilmente podrán olvidar el sentimiento que queda atrapado en sus interpretaciones, especialmente en dos grandes canciones, la esperadísima improvisación titulada “La excusa” -un espectacular delirio de ritmo y emoción con la guinda final del gran Marcelo Torres mordiendo las cuerdas de su bajo- y esa canción dedicada a Lyle Mays (pianista más conocido por sus colaboraciones con Pat Metheny que por sus obras en solitario) que lleva por excelso título “Ese amigo del alma“. Hay algo encantador, notablemente costumbrista, en los títulos de las composiciones de Lito Vitale, lanzando al aire una maravillosa familiaridad (“Alumbrando a las ánimas”, “La arremetida de los Buenos Aires”, “La vida es un tango”, “El discreto encanto de ser porteño”, “Basta De fingir”, “El día más largo del siglo” o “Recuerdos en mi bemol”, por ejemplo). Eso forma parte, posiblemente, de una concepción poética, si bien en 1991 confesaba que, en su proceso creativo, los títulos van después de la música, no compone pensando en un título, y a veces incluso desearía dejarlos en blanco. Entre todos ellos, “Ese amigo del alma” es de los que saben conectar con la audiencia, a lo que une su excelsa calidad musical, extensible a todo el trabajo en el que venía contenido, que en su segunda edición poseía ese mismo amigable título.

Nacido en 1961 en Villa Adelina, cerca de Buenos Aires, Héctor Facundo Vitale se nutrió a lo largo de su trayectoria de influencias folclóricas (no sólo el inevitable tango) que, unidas al rock que tanto impera en Argentina, a las composiciones que le encargaban para ballet, teatro, cine y televisión, y a un delicado jazz, conformaron una música deliciosa que, tanto en solitario como en dúo, trío, cuarteto o quinteto, publicó con bastante éxito Ciclo 3, sello independiente que fundaron en 1975 los padres de Lito, Esther Soto y Donvi (Rubens Vitale). La época más popular -y posiblemente la más inspirada- de Lito Vitale fue la del cuarteto que juntó a nuestro protagonista (que se encargaba de los teclados y dirección musical) con Marcelo Torres (bajo), Manuel Miranda (vientos) y Cristian Judurcha (batería). Esto sucedió en 1987 con la publicación de “Lito Vitale cuarteto”, álbum descatalogado que convenientemente reformado supuso en 1988 “Ese amigo del alma”, el primer disco de Vitale que pudimos adquirir en España a través de GASA, en una edición de cinco temas que llegó realmente en 1989 y en la que, una vez más, Lara López y Ramón Trecet se ganaron los agradecimientos (Lito visitó su conocido programa de radio y afirmó que sólo el hecho de que la gente de todo el mundo pudiera conocer su música era ya un auténtico sueño, a lo que Ramón y Lara pusieron su granito de arena). Tan suculento título llegó a vender en nuestros país tantos discos como en Argentina y abrió las puertas del mercado europeo al cuarteto, que no tardaría en presentarse en directo en España con extraordinaria expectación y merecido éxito. Seguramente este gran momento fue el cúmulo de todas las vivencias de Vitale, que detonaron en una música agradable para todos los oídos, la sonoridad de su piano es esencialmente clara y melodiosa, lo cual se puede evidenciar desde la tenue entrada de piano de uno de sus temas estrella, esa emotiva maravilla titulada “Recuerdos en mi bemol”. Es esta una de esas canciones especiales, que pueden despertar una veneración profunda en quien la escucha, y que marcaron el camino del cuarteto, puesto que nació como una improvisación (que afortunadamente fue tenida en cuenta) compuesta cuando la banda se estaba conociendo, así que Lito aseguraba que nació para ellos. Vitale improvisa constantemente y graba esas sesiones, en muchas de las ocasiones no hay una ‘inspiración’ concreta sino una extraordinaria capacidad para dejarse llevar y atrapar la magia de su piano. Sin embargo no hay que despreciar a los demás componentes, a los que Lito propone una cierta libertad para desarrollarse y que siempre participan creativamente en el proceso de composición. Por ejemplo en “Estar entre nosotros” destacan los instrumentos de viento en una onda folclórica argentina, origen claramente evidenciado también en “La vida es un tango”, mientras que en “Estar vivo hoy” hay un gran trabajo de batería por debajo de la melodía. “Ese amigo del alma” es otro cantar, es la gran canción de Lito Vitale, intimista, tierna, emotiva, trece minutos gloriosos que hay que seguir segundo a segundo dejándose literalmente acariciar por los instrumentos y por la cohesión del cuarteto como si fuera un solo intérprete. En su construcción, “Ese amigo del alma” le salió de muy dentro, casi sin darse cuenta, y Lito se empezó a entusiasmar con lo que empezaba a surgir del piano mientras improvisaba, algo que se acabó uniendo a una soberbia interpretación y unos arreglos estupendos influenciados por un Lyle Mays al que Vitale aún no conocía, y donde lo único malo es que llega ese momento no deseado en el que todo se acaba. Decía Lito que la edición española de “Ese amigo del alma” era un refrito entre “Lito Vitale Cuarteto” (1987) y “Ese amigo del alma (1988), que se editaron separados en Argentina. El primero contenía, entre otras, “Estar entre nosotros” y “Ese amigo del alma”, mientras que en el segundo se podía disfrutar de todas ellas, además de otras dos composiciones, “Subito pianissimo” y “La luz sagrada” (esta última se podía escuchar en España, junto a los demás éxitos del cuarteto, en el doble CD recopilatorio de 1993 “La historia reciente”, que contaba con un curioso CDmaxi con una versión single de “Ese amigo del alma” y otra recortada de “Recuerdos en mi bemol”). Retornando a “Ese amigo del alma”, en España se cambió el orden de las canciones, colocando en los extremos las dos más emblemáticas, “Recuerdos en mi bemol” al comienzo y “Ese amigo del alma” como colofón.




Los padres de Vitale hablaban así de cómo empezó la relación de su hijo con la música: “Nosotros siempre hacíamos peñas con los amigos, y Lito empezó a interesarse por la música cuando tenía tres años, jugando con un piano viejo. Un día, llegó a casa un amigo español, que tocaba el piano y el violín, y Lito lo miraba tocar, petrificado. Después de haberlo escuchado, nos dijo: ‘yo quiero ser músico y español'”. Quién le iba a decir a ese pequeño que años después iba a ser venerado en España. Aunque Lito Vitale fuera el alma del conjunto, el que tenía en la cabeza el boceto de las canciones, las componía y las firmaba, los cuatro miembros del mismo actuaban como una sola mente (“cuando un músico no aporta su propia música al grupo, es difícil que siga en él, porque la propuesta no es acompañar a un solista; tienen que tocar lo que a ellos les parece, porque sé que lo que ellos tocan puede funcionar en mi música”, decía Lito). Como anécdota mencionar que a la hora de la grabación de “Ese amigo del alma”, Marcelo Torres fue a tocar sobre la base y no contó los compases, pero aun así lo clavó, dándose cuenta de que podía encajar naturalmente en el grupo, un conjunto que se mantuvo durante cuatro plásticos más (“La senda infinita”, “Viento sur”, La excusa” y “La cruz del sur”) únicamente con cambios en la batería. Sólo se puede acabar agradeciendo la existencia de este trabajo, que vendió más de 200.000 copias tanto en España como en Argentina. Qué lindo disco hiciste, Lito!!!

Pepe Cantos.

 

Artículo inicialmente publicado en SOLSTICIO DE INVIERNO.


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