La princesa Mononoke. 20 años de un clásico

Herido por un jabalí, el joven Ashitaka sale en busca del dios Ciervo, para que lo libere del sortilegio. Durante su viaje descubre cómo los animales del bosque luchan contra hombres

San, la princesa Mononoke, y la diosa Moro

San, la princesa Mononoke, y la diosa Moro

Ficha

Título: La princesa Mononoke
Título original: Mononoke Hime (もののけ姫)
Año: 1997
Director: Hayao Miyazaki
Guión: Hayao Miyazaki
Fotografía: Animación (Studio Ghibli)
Reparto: Animación
Valoración: Un precioso grito de socorro / 10
Sinopsis: Herido por un jabalí, el joven Ashitaka sale en busca del dios Ciervo, para que lo libere del sortilegio. Durante su viaje descubre
cómo los animales del bosque luchan contra hombres que están dispuestos a destruir la Naturaleza.

En el mundo en el que vivimos y con la dirección que está tomando la sociedad en los últimos tiempos, vemos como los valores medioambientales, de respeto o solidaridad que podían existir antaño, parecen desvanecerse entre nubes de gases contaminantes y actuaciones que distan mucho de la ética de la naturaleza. Pese a que ahora estemos sufriendo los efectos más cruentos y extremos, éste es un largo proceso que ha ido sucediendo a lo largo de la historia y de la mano del supuesto desarrollo humano. Es un tanto irónico que uno de los avisos más directos a través del arte provenga de un país conocido como la meca tecnológica: Japón. Y es que Japón no es sólo las empresas tecnológicas, los rascacielos que abundan los barrios de negocios tokiotas o los más modernos robots. Japón es la tradición, el culto a los bosques y sus guardianes, el folclore en torno a las maravillas de la naturaleza y el respeto a todo ente fantástico, o relativamente verídico, que pueda coexistir con nuestro mundo. Ésta última faceta es el lienzo sobre el que Hayao Miyazaki construye este maravilloso retrato histórico, fantástico y de acción llamado La princesa Mononoke, también traducible como La princesa de los espíritus vengadores.

La historia nos lleva a una aldea japonesa que es atacada por un demonio proveniente del gran bosque. El príncipe de esta aldea, Ashitaka, defiende a su gente, quedando marcado con una maldición en su brazo derecho. Este es el punto de partida de su aventura, en la que tendrá que adentrarse en el bosque y recorrer una gran cantidad de tierras y aldeas en busca de una cura para su fatal destino. Ashitaka es un príncipe emishi, una tribu japonesa descendiente de los ainu que fue aislada de la capital, Kyoto. Está tribu mantiene gran parte de su cultura, lenguaje y costumbres separados de la corriente que está sufriendo el resto del país, comportándose como unos forasteros en sus propias tierras,por lo que Ashitaka no será recompensado ni ayudado en demasía a lo largo de su camino. Pero esto no hará más que tornarlo más capacitado y consciente para resolver su maldición y a la vez comprender el ambiente podrido que asola a todo su entorno.

Kodamas o espíritus del bosque en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Kodamas o espíritus del bosque en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Miyazaki nos traslada a la época feudal japonesa, alrededor de los siglos XIV-XVI. Para comprender la obra y el rol de todos y cada uno de los personajes, es necesario tener el contexto muy en cuenta, ya que muchos actos, críticas o comportamientos no pueden comprenderse si no es a través del prisma de la sociedad de la época. En estos tiempos, Japón era un país dividido por tribus o clanes, teniendo guerras constantes en su territorio en busca de conseguir el poder divino, el puesto de emperador. En el sistema feudal japonés, al igual que el sistema feudal europeo del que somos más conocedores, era un sistema piramidal en el que la población estaba separada por oficios y cada uno de estos estamentos tenía asociado ciertos privilegios, reputación y deberes.

La economía principal, como en cualquier sistema de economía de subsistencia, era la agricultura, pero durante esos siglos empezó la reconversión del país hacía una industria minera y del metal. La mayor diferencia, que puede resultar incluso irónica pero que se utiliza como una gran referencia en la película, es que el estamento más bajo de la sociedad no era el perteneciente a los agricultores o mineros, sino que era el perteneciente a los mercaderes, ya que, para la cultura nipona, aquellos que se ganaban la vida en base al trabajo de los demás y con la única ayuda de su fanfarronería y prepotencia no tenían el derecho a pertenecer a ningún estrato superior a nadie. Bonito, ¿eh?




Pese a todo esto, el célebre director nipón no podía dejar pasar todo esto sin poner su propia huella. Como en la mayoría de obras de Studio Ghibli dirigidas por Miyazaki, las mujeres toman el rol dominante, impulsor y de responsabilidad. Podremos apreciar en infinidad de escenas en el largometraje esta superioridad moral, de fuerza, de inteligencia y de convicción que se atribuyen los personajes femeninos en contraposición a los casi caricaturescos personajes masculinos del film.

Sin más contextos y centrándonos únicamente en la película, el gran debate plasmado es la lucha entre dos mundos, el antiguo y el nuevo, el mágico y el práctico, el natural y el humano. La contraposición en todos estos aspectos se presenta acentuada relatando los hechos desde diferentes puntos de vista, ya que contaremos con la presencia de seres cuasi mitológicos muy instaurados en la cultura y el folclore japonés y, a la vez, veremos como una aldea prominente y con intención de progresar económicamente necesita de los recursos guardados por los seres fantásticos para ello. Aunque, en medio de esta vorágine, surgirán las figuras de Ashitaka y, sobre todo, de la princesa Mononoke San, la gran protagonista femenina de la obra. Criada por lobos y con sentimientos de odio hacia los humanos, esta chica defenderá con todas sus fuerzas y posibilidades a todos esos espíritus del bosque frente a la codicia de los humanos hambrientos de poder.

Ashitaka sobre Yakul y San sobre la diosa Moro en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Ashitaka sobre Yakul y San sobre la diosa Moro en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Bajo la lupa de la ideología o la filosofía, la película es un auténtico canto al entendimiento de ambos mundos, el clásico y el tecnológico. La idea detrás de toda esta historia es reflexionar sobre, no sólo los beneficios propios que nos puede reportar el uso de un cierto recurso, sino también sobre el impacto que pueden tener nuestros actos sobre el equilibrio medioambiental, tratado a través de una preciosa historia de superación, acción y con elementos mágicos y fantásticos sacados de las mejores leyendas de la cultura ancestral japonesa.

Pese a ser una película de la que se cumplen 20 años de su estreno, la calidad de la animación es majestuosa, con unos fondos y escenarios coloridos y lineales remarcados con elementos voluminosos, que emiten un brillo propio de las producciones más actuales y preciosas. Algo que cabe destacar y que realmente transmite una potencia narrativa impresionante es la diferencia de estilos entre los personajes del mundo humano y los personajes del mundo fantástico. Mientras que los humanos son seres mundanos, con infinidad de carencias y muy lejos de cualquier parecido a algo atractivo, los seres fantásticos se representan potentes, ávidos, solemnes… En definitiva, como auténticos semidioses con ningún tipo de asemejo a las figuras humanas.

En lo que para mí es una de las películas más críticas, de acción y aventuras del Studio Ghibli, Hayao Miyazaki logra plantar una semilla de debate, reflexión e incluso consciencia sobre una realidad estremecedora y sin descentrarte en ningún momento de la maravillosa historia, extrapolable a casi cualquier época, incluyendo muy enérgicamente la nuestra. Más allá de la belleza de la narrativa o de la profundidad del tema, es una auténtica película de acción con toques realistas y duros, pero que en ningún momento tapan el estilo propio del peculiar y gran estudio de animación japonesa. Realmente, un verdadero placer para la vista, los oídos y la materia gris, que a muchos les hace falta entrenar.

¡Nos vemos en la Zona!

Yondeim.

 

Artículo inicialmente publicado en ZONA ZHERO.


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