La llegada (Arrival)

Lo desconocido siempre ha impulsado nuestra fantasía. Lo desconocido provocaesa mezcla de esperanza y terror que tan bien capta La llegada. El más reciente largometraje de Denis Villeneuve es una estimulante fábula de ciencia ficción

Amy Adams y Jeremy Renner frente a un logograma en La llegada (Arrival) (Denis Villeneuve, 2016)

Amy Adams y Jeremy Renner frente a un logograma en La llegada (Arrival) (Denis Villeneuve, 2016)

“En el cine -como en la vida- el texto, las palabras, se refractan en todo menos en las palabras. Las palabras no significan nada -las palabras son agua-.”

-Andrei Tarkovski *

Lo desconocido siempre ha impulsado nuestra fantasía. Lo desconocido provoca esa mezcla de esperanza y terror que tan bien capta La llegada. El más reciente largometraje de Denis Villeneuve es una estimulante fábula de ciencia ficción, a pesar de que termine con resoluciones simplistas para lo que en un principio plantea. La llegada es un ambicioso filme que sigue la línea de trabajo del director canadiense: una mezcla del cine de género con distorsiones de las convenciones que llevan las historias a un terreno más personal. Más que una aventura fantástica, el interés de los realizadores radica en fundir un drama sentimental con meditaciones vagamente filosóficas sobre el lenguaje y el sentido de la existencia. En la película se conjugan con naturalidad ambas facetas y, en tanto, es cierto que sus reflexiones no llegan a resultar verdaderamente iluminadoras, el espectáculo consigue dar pie a un ágil y versátil relato capaz de usar de forma creativa los tópicos de la ciencia ficción. La llegada puede no ser el largometraje de honduras filosóficas que algunos alegan, ni concluir de modo afortunado al recurrir en exceso a un sentimentalismo efectista; sin embargo, se trata de una película que refresca el panorama del cine comercial al poner en primer plano interrogantes, una cuestión que suele ausentarse de casi todo el cine mainstream.

La aparición de 12 naves extraterrestres en distintos puntos del globo causa estupor y zozobra. La doctora Louise Banks (Amy Adams), una reconocida lingüista, es contactada por el Coronel Weber (Forest Whitaker) para que descifre el lenguaje de los alienígenas. Junto con el científico Ian Donnelly (Jeremy Renner) se les traslada para que interactúen directamente con los visitantes y así determinen el motivo de la llegada: una invasión beligerante o un amistoso acercamiento. Las dificultades no tardan en aparecer y el tiempo comienza a apremiar. Mientras los científicos procuran encontrar el modo de comunicarse con los alienígenas, algunas voces comienzan a exigir que se ataque a los extraterrestres para prevenir toda posible amenaza que ellos conlleven. La llegada no es únicamente una imaginación de lo que sería un primer encuentro con vida inteligente extraterrestre, sin embargo. De modo transversal el drama personal de la Dra. Banks se conecta con el arribo de los alienígenas. De hecho, su drama cobra perfecto sentido con este contacto. No es descabellado afirmar entonces que La llegada es un drama de ciencia ficción religiosa.

Nave extraterrestre en La llegada (Arrival) (Denis Villeneuve, 2016)

Nave extraterrestre en La llegada (Arrival) (Denis Villeneuve, 2016)

Vale destacar la manera en que Villeneuve sabe hilar su narración y darle unidad a su relato. Aun cuando altere las convenciones, el director no se aleja de los esquemas narrativos clásicos. Así, la Dra. Banks cuenta su historia en off con el tono evocatorio de quien comenta lo que ocurre en pantalla, así, cada pieza va a encajarse en un todo para concluir con una explicación de todo lo que se ha visto. La llegada no se sale del esquema del cine de género del que parte, e incluso llega a abusar de este para aclarar motivaciones y para exponer el drama de la protagonista. No obstante, la habilidad con que se funde dicho esquematismo con una estructura no lineal permite que se vayan alterando tropos recurrentes en las películas de ciencia ficción. El resultado intriga y emociona mientras se atiene a una representación realista del primer contacto, al abrazar abiertamente el drama y las revelaciones de su desenlace, en cambio, se devalúa y vuelve al tópico. El largometraje busca empujar al límite los convencionalismos con el fin de afirmar algo distinto, pero, en últimas, esos convencionalismos lo devoran. En buena medida la película se sostiene por las colaboraciones de Bradford Young en fotografía, Jóhann Jóhannson en música y Joe Walker en edición, como por la interpretación de Amy Adams. En cualquier caso, La llegada no termina de ser satisfactoria al no poderse despegar del género que quiere subvertir.

Reiteradamente se ha señalado a la comunicación y al lenguaje como temas de la película, por lo que no sobra comentar un poco sobre ellos antes de terminar. El lenguaje y el que pueda traducirse son dos ejes del relato. Con base en dichas ideas avanza la historia como si se tratara de una certeza absoluta: el lenguaje permite comprender al otro, el lenguaje permite darle sentido a la existencia. Casi que es un dogma de fe, una fe, por lo demás, inocente que traduce de modo muy libre la hipótesis Sapir-Whorf (una teoría devaluada que postulaba un relativismo lingüístico). La llegada parte de especulaciones científicas para concluir con un mensaje rimbombante que afirma una esperanza por hallar un sentido pleno a la existencia gracias al lenguaje y a nuestra capacidad de comunicación. Los realizadores confían en que todo es plenamente comprensible (decible, filmable). Villeneuve narra con la idea de que el lenguaje es transparente y asimilable por entero. Pero, como nota Tarkovski, las palabras no son sino unos elementos más dentro de una película, no son sino otros objetos más. Las especulaciones en La llegada son más verbales que audiovisuales y de ahí que su mensaje sea relativamente simple. El largometraje del canadiense logra su mejor expresión cuando genera una tensión entre convención y un significado extraño a ella, cuando usa el lugar común para subvertir las expectativas. No obstante, la película termina por sucumbir a un drama que reencauza el relato a fórmulas consabidas. El desenlace da la sensación de quedar corto frente a las posibilidades que plantea el nudo de la trama. La fantasía en su conclusión es más acartonada y no guarda ya relación con la historia asordinadamente espeluznante que promete el principio. Creativa y limitada, La llegada plantea una redención a través de un lenguaje extraterrestre que no se aleja de una concepción de este como medio sagrado. A pesar de su vestido de avanzada, esta estimable fábula vuelve su cara a un relato donde su guía se encuentra en las seguras convicciones de la antigüedad.

* Tarkovsky, Andrey Time Within Time: The Diaries 1970-1986  Traducido por Kitty Hunter-Blair. Londres. Faber & Faber. 1994 p.92:“In cinema -as in life- the text, the words, are refracted in everything apart from the words. The words mean nothing -words are water”. 
La traducción es mía.

Felipe González.

 

Artículo inicialmente publicado en DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE CINE.


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