Historia de las tarjetas de Navidad

Las tarjetas, tal como las conocemos hoy, fueron posibles a partir de la imprenta. Al comienzo eran estampas, religiosas o no. Curiosamente, el origen de las tarjetas navideñas está en las denominadas “valentines”

Tarjeta de Navidad con ilustración de Salvador Dalí (1960)

Tarjeta de Navidad con ilustración de Salvador Dalí (1960)

¿Cuántas tarjetas de felicitación recibiste ya? En mi casa, hasta ahora 7. (1)  Cada año llegan menos. Ya no vale la pena. Hoy tenemos medios mejores, más rápidos y cercanos. Pero todavía hay quien sigue enviándolas.

Me dio un poco de nostalgia y, hurgueteando por aquí y por allá, me metí a ver qué había detrás de estas pequeñas obras de arte.

Muchas son reproducciones de obras de grandes maestros de la pintura: Rafael, Leonardo, Murillo… repetidos hasta el cansancio. Sin embargo, las hay para todos los gustos y creencias.

¿Cómo surgió esta costumbre? ¿Cuándo?

Las tarjetas, tal como las conocemos hoy, sólo fueron posibles a partir de la imprenta, claro. Al comienzo eran estampas, religiosas o no. Curiosamente, el origen de las tarjetas navideñas está en las denominadas “valentines”: tarjetas para San Valentín, para los enamorados, para los amantes furtivos, con mensajes ocultos (la primera de la que se tiene noticia es de 1400). ¿Quién lo hubiera dicho, no? En el siglo XIX esto se convirtió en una verdadera industria, especialmente en Inglaterra y USA, favorecido por los adelantos en las técnicas de impresión.

Horsley. Primera tarjeta de Navidad (1843)

Horsley. Primera tarjeta de Navidad (1843)

A fin de año la costumbre era visitar a los amigos para presentar los saludos o escribir cartas a aquellos que estaban lejos, contando con detalle las últimas novedades de la familia. Pero no todos tenían el dinero para pagarlas: había que mandarlas con un mensajero a caballo y se cobraba por la distancia recorrida, demasiado caro. Además, el envío era pagado por el destinatario, con lo cual podías recibir varias cartas juntas, con la correspondiente sorpresa de la cuenta que había que pagar. Con la llegada del ferrocarril y la aparición del sello postal (1840, en Inglaterra) enviar una carta se hizo accesible para todos.

La primera tarjeta de Navidad fue ideada por Sir Henry Cole y diseñada por Horsley en 1843 con una tirada de 1000 ejemplares a 1 chelín, un poco cara para la época. Actualmente quedan 12 ejemplares de ella y valen miles de dólares. Tiene 3 paneles: en el centro una familia brindando (no cayó nada bien que un niño apareciera tomando vino) y a los lados, figuras que aluden al espíritu de solidaridad y caridad que deberíamos tener en estas fechas.

Al poco tiempo se inventó la máquina para hacer los sobres y en 1870 ya estaba disponible en el correo la postal con el sello ya impreso. Enseguida, comenzaron a venderse en librerías, jugueterías, tabaquerías… Se convirtió en un gran negocio: una verdadera moda que se instaló para siempre y se extendió a todos los países.

Tarjeta de Navidad. Greenaway. Danza alegre cuando terminó la cena (1881)

Tarjeta de Navidad. Greenaway. Danza alegre cuando terminó la cena (1881)

La más pequeña: un saludo escrito en un grano de arroz para la duquesa de Windsor (1929). La más grande: la que recibió el presidente de USA, Coolidge, de 83 x 53 cm (1924). La colección más grande es la de la Reina Madre María de Teck, que conserva todas las que recibió en su vida e incluso las que hizo ella de niña; hoy, en el British Museum.

Parte de los preparativos navideños era hacer las tarjetas a mano con todo tipo de materiales: satín, terciopelo, aluminio, borlas, espejos, bordados, flores secas, encaje… ¡Hasta perfumadas! Era no sólo una manera de ofrecer un pequeño regalo hecho por uno mismo sino también de resistir a la creciente industrialización. Era un verdadero arte popular.

Casi todos los artistas son anónimos, ilustradores que trabajaban para las imprentas por unas pocas monedas. Sin embargo, hubo algunos muy famosos, como Kate Greenaway. Era ilustradora de cuentos para niños y fue tan popular que sus dibujos eran inspiración para la moda infantil.

Beardsley. Tarjeta grande de Navidad (1895)

Beardsley. Tarjeta grande de Navidad (1895)

En otros casos se contrataban a pintores de primera línea, como Beardsley, Leslie, Rowlandson, Leighton, Burne-Jones, Menzel… Tenemos ejemplos más actuales con Picasso, Calder, Rivera o Dalí (¡que pidió a Hallmark en 1960 15000 dólares de adelanto por una serie de 10 tarjetas!).

En 1884 Raphael Tuck comienza a reproducir cuadros de Rafael o Fra Angélico; su imprenta será luego la proveedora oficial de la Reina Victoria. El MoMA y el British Museum fueron los primeros museos que reprodujeron cuadros de su colección en sus tarjetas.

Los temas son variadísimos: las hay satíricas, de flores o las que comentan sucesos políticos del momento (p.ej.: las de las 2 Guerras Mundiales, que se mandaban a las trincheras). Aparecen los nuevos inventos (el automóvil, los aviones, la bicicleta) y, naturalmente, las costumbres alusivas a la Navidad: enseguida, hacia 1840, aparece el árbol de Navidad, Santa Claus, el muérdago…

Como ocurre hoy, también en esa época se destinaba un porcentaje del precio a obras de caridad. Eyre & Spottiswood, otra imprenta inglesa (1877-87), donaba ejemplares a los pacientes de los hospitales para que pudieran mandar las suyas.

De todas, la que más me gusta es ésta y la he elegido para darte mis saludos. No en papel como la original: los tiempos han cambiado un poco.

¿Y cuántas has recibido tú?

¡Te deseamos una muy feliz Navidad y un 2017 cargado de paz, salud, prosperidad y mucho arte para tu vida!

 

(1) Lo voy a ir actualizando a medida de que lleguen…

Fuentes: Buday, G. The history of Christmas Card. London, Spring Books, 1965

Ettlinger, L. D.-Holloway, R. G.Compliments of the Season. London, Penguin Books, 1947

Cristina del Rosso.

 

Artículo inicialmente publicado en DEL ROSSO.


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