La Casa Ártica https://lacasaartica.com Los mejores artículos de los mejores blogs sobre cine, música, literatura y otras artes Sun, 25 Feb 2018 08:43:10 +0000 es-ES hourly 1 https://wordpress.org/?v=4.9.5 https://i2.wp.com/lacasaartica.com/wp-content/uploads/2017/07/cropped-favicon-de-la-casa-artica.jpg?fit=32%2C32&ssl=1 La Casa Ártica https://lacasaartica.com 32 32 103939277 El amante doble, de François Ozon: doble o nada https://lacasaartica.com/el-amante-doble-francois-ozon-doble-o-nada/ Sat, 16 Sep 2017 11:30:45 +0000 https://lacasaartica.com/?p=7032 Cierto es que François Ozon no está considerado como un director de thrillers aunque sí que hemos visto en su carrera cintas que sin estar enmarcadas claramente en este género ...]]> Cierto es que François Ozon no está considerado como un director de thrillers aunque sí que hemos visto en su carrera cintas que sin estar enmarcadas claramente en este género gozaban…

Jérémie Renier y Marine Vacth en «El amante doble» (François Ozon, 2017)

Jérémie Renier y Marine Vacth interpretan a Paul Meyer y Chloé Fortin en «El amante doble» (François Ozon, 2017)

El amante doble (L’amant doublé, 2017) **** FRANCIA. 107 min.

Cierto es que François Ozon no está considerado como un director de thrillers aunque sí que hemos visto en su carrera cintas que sin estar enmarcadas claramente en este género gozaban de
elementos de crimen y suspense. Tampoco nos es ajeno el gusto del realizador francés por Brian de Palma –y por ende también por Alfred Hitchcock-, de hecho en Una nueva amiga (2014) a veces nos parecía estar viendo Vestida para matar (1980), del director americano.

El amante doble es claramente un filme de género por temática y estética. El glamour y la elegancia del thriller erótico se unen a las intrigas provocadas por la propia mente, donde se introduce de manera dual el tema del doppelganger que tanto le gusta a David Lynch.

Si ya es retorcida la novela negra en que se basa (Vidas gemelas de Joyce Carol Oates), Ozon añade un tercer acto, como ha explicado en sus intervenciones de la presentación de la película en Madrid, al igual que hiciera en su anterior cinta Frantz, demostrando que no solo es un buen adaptador sino también un prolífico creador de sus argumentos.

Y es precisamente en la parte final donde la película se pone más oscura, llegando casi al puro terror, género donde resultan más creíbles sus tramas que si nos ceñimos a ver la película como un drama psicológico realista, aunque no hay que descartar nada en esta intriga.

En cualquier caso es una muy destacable cinta hitchcockiana aunque a pesar de ello carece de mcguffin, ya que el espectador está completamente perdido hasta ese gran final que nos lo deja todo claro, encajando las piezas de este estilizado puzle.

ESCENA CINEFILIA

El beso entre los gemelos (protagonizados por Jérémie Renier) o la doble presencia de Jacqueline Bisset junto a la trastornada protagonista Marine Vacth, paseando entre espectaculares obras de arte crean momentos dignos de pasar a la historia del cine francés.

Jérémie Renier y Natacha Régnier en «Los amantes criminales» (François Ozon, 1998)

Jérémie Renier y Natacha Régnier en «Los amantes criminales» (1998)

FRANÇOIS OZON

Tras diez años haciendo cortometrajes, en 1998 se lanzó al largo con una comedia negra, Sitcom y un thriller, Amantes criminales, protagonizado precisamente por Jérémie Renier. Saltó al gran público en 2002 con el cluedo a ritmo de musical, 8 mujeres, reuniendo a grandes damas del cine francés como Catherine Deneuve, Isabelle Huppert, Fanny Ardant, Emmanuelle Béart y Danielle Darrieux.

Casi a película por año, este autor galo que ha sido comparado con Pedro Almodóvar, ha llegado a adaptar al dramaturgo español Juan Mayorga (En la casa, 2012) consiguiendo la Concha de oro en San Sebastián y además ha trabajado con nuestro Sergi López en Ricky (2009) y Potiche, mujeres al poder (2010).

En cuanto a las actrices, ha declarado que es gustoso del acento francés con toque anglosajón. De hecho ha trabajado en más de una ocasión con Charlotte Rampling, en La piscina (2003), Angel (2007) y Joven y bonita (2013). Y también con Kristin Scott Thomas (En la casa) y Jacqueline Bisset, así como con el actor irlandés Michael Fassbender (Angel).

Miguel Albertos.

 

Artículo inicialmente publicado en CINEFILIA.

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Peregrinos de la belleza, de María Belmonte https://lacasaartica.com/peregrinos-de-la-belleza-maria-belmonte/ Thu, 14 Sep 2017 11:00:34 +0000 https://lacasaartica.com/?p=7028

La primera vez que vi este libro no supe si comprármelo porque hablaba de autores de los que sabía poco o o no había leído o ni siquiera conocía (Johan ...]]>

Portada de Peregrinos de la belleza: viajeros por Italia y Grecia - María Belmonte

La primera vez que vi este libro no supe si comprármelo porque hablaba de autores de los que sabía poco o o no había leído o ni siquiera conocía (Johan Winckelmann, Wilhelm von Gloeden, Axel Munthe, Norman Lewis, Kevin Andrews) o de los que he leído poco aunque conozco varias de sus andanzas (D. H. Lawrence, Henry Miller, Patrick Leigh Fermor, Lawrence Durrell). Un tiempo después supe que tenía que comprarlo por eso mismo: para conocer a esas personas, qué hicieron, qué escribieron o qué fotografiaron y cuál fue su relación con Italia y Grecia, según el caso.

Subtitulado precisamente “Viajeros por Italia y Grecia“, en sus páginas María Belmonte, que además de escritora es viajera y traductora (y una grandísima lectora, como revela este libro), se adentra en la relación de cada una de esas personas con aquellas regiones. Cómo amaron los paisajes griegos e italianos, cómo se las arreglaron para vivir allí (fuera para siempre o durante algunos años), cómo las ciudades y las islas y las ruinas y los monumentos y el mar les sirvieron de inspiración o de escenario para sus fotografías, sus novelas, sus memorias, sus ensayos…

El conjunto es un libro espléndido, mediante el que María Belmonte logra que sintamos pasión incluso por los personajes que no conocíamos, y que apuntemos títulos para leerlos próximamente, y que la literatura y el Mediterráneo nos deslumbren aún más (si cabe). Cada capítulo está centrado en una de esas personalidades, y de vez en cuando, a veces como con timidez, aparece la propia autora, que ha viajado a esos rincones y ha hablado con la gente y lo cuenta, y, aunque sean breves, a mí esas apariciones tímidas me gustan mucho, me gusta saber que el escritor (en este caso la escritora) ha viajado y que no hizo todo el trabajo desde la silla.

Ya me he comprado su siguiente libro, Los senderos del mar, que espero leer pronto, y en el que cuenta su viaje a pie por territorios vascos. Aquí os dejo con un fragmento del inicio:

A lo largo de los años, fruto de lecturas y búsquedas incesantes, fui conociendo a los personajes que aparecen en este libro a los que he llamado “peregrinos de la belleza“. Ellos han sido mis sagaces e ilustrados mentores, quienes han agudizado mi mirada, ensanchado mi percepción y guiado mis pasos por el Mediterráneo. He visitado las islas griegas de la mano de Larry Durrell, subido al monte Olimpo siguiendo a Kevin Andrews, que lo hizo cuando los alemanes no habían quitado todavía las alambradas en la Segunda Guerra Mundial, recorrido la misteriosa región de Mani con Paddy Leigh Fermor, conocido los rincones más secretos de Capri gracias a Axel Munthe… y tantas cosas más.

Extracto del libro
Datos del libro

Título: Peregrinos de la belleza: viajeros por Italia y Grecia
Autora: María Belmonte
Editorial: El Acantilado
Año de edición: 2015
Páginas: 320
ISBN: 9788416011513
Precio en papel: 20,00 €
Precio en eBook:

José Ángel Barrueco.

 

Artículo inicialmente publicado en ESCRITO EN EL VIENTO.

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Lorde – Melodrama https://lacasaartica.com/lorde-melodrama/ Mon, 11 Sep 2017 11:00:08 +0000 https://lacasaartica.com/?p=7025

Mucha gente creyó hace cuatro años que cuando Lorde despuntó siendo una adolescente con su duro “Pure Heroine” (Universal) estábamos ante el enésimo hype. Yo disfruté mucho del disco de la ...]]> Portada de Melodrama - Lorde

Mucha gente creyó hace cuatro años que cuando Lorde despuntó siendo una adolescente con su duro “Pure Heroine” (Universal) estábamos ante el enésimo hype. Yo disfruté mucho del disco de la neozelandesa de 16 años Ella Yelich O’Connor. Tenía mucho más que unos cuantos singles realmente destacados y sonaba mucho más madura y personal de lo que su edad indicaba. Vendió más de 4 millones de copias y se hizo con dos Grammy y un Brit Award. Singles como “Royals” te mecían y te hacían tararearlo. Otro tanto sucedía con “Tema”. Es normal que se hablara de The XX, Depeche Mode, James Blake o hasta de los primeros Portishead. Y es que David Bowie no podía estar equivocado cuando la definió como “El futuro de la música”.

Ahora es ya una mujer y se ha tomado este segundo disco con la calma y la paciencia que ya parecían fluir en sus primeras canciones. ¡Y ha vuelto a hacer con “Melodrama” (Universal) uno de los discos del año! Volverá a vender a mansalva y estará en las listas con lo mejor del año sin duda. Ayudará mucho su aparición en todos los festivales más importantes del mundo y el arranque con un fascinante single como “Green light”, en el que suena eufórica y bailable. Los coros te atrapan una y otra vez.

En “Sober” tenemos unas fascinantes percusiones que te pueden recordar hasta a los Japan del “Tin Drum”. Son una gozada los ambientes oscuros y hermosos de “Homemade dynamite” que hacen que algunos citen incluso a los Joy Division. En el precioso lento “Liability” encontramos un mágico piano y su voz de inicio que nos hace pensar en el mejor John Cale. Resuena oscura y con un punto a lo Kate Bush en “Writer in the dark”, en la que vuelve a lograr mucho con muy pocos ingredientes. Emocionará de nuevo con “Liability (Reprise)” antes de volver a hacernos bailar con el nuevo single “Perfect places”, con un pegadizo ritmo y su perfecta declamación vocal y otro de sus clásicos estribillos. La gira mundial en la que se acaba de embarcar será su definitiva consagración. También trae un precioso libreto y un gran acabado en todos los sentidos.

 

Artículo inicialmente publicado en EL GIRADISCOS.

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Malaparte o la mentira como arte https://lacasaartica.com/malaparte-o-la-mentira-como-arte/ Sun, 20 Aug 2017 14:30:33 +0000 https://lacasaartica.com/?p=6907 Oscar Wilde se quejaba de que durante la era victoriana se había perdido la buena costumbre de decir mentiras. Tal vez si hubiera tenido la decencia de no morirse antes ...]]> Oscar Wilde se quejaba de que durante la era victoriana se había perdido la buena costumbre de decir mentiras. Tal vez si hubiera tenido la decencia de no morirse antes de atravesar…

Curzio Malaparte

Curzio Malaparte. Foto: Hollandse Hoogte.

Oscar Wilde se quejaba de que durante la era victoriana se había perdido la buena costumbre de decir mentiras. Tal vez si hubiera tenido la decencia de no morirse antes de atravesar las puertas del siglo veinte, habría pensado de manera distinta.

Así como el siglo veintiuno será el de los indiferentes, el veinte fue el de los mentirosos.

Los hubo de toda especie – demagogos, tiranos, artistas, ladrones – y de todo color – comunistas, fascistas

Kurt Erich Suckert fue uno de ellos. Escritor y artista de la propia vida, capaz de convertir la cotidianidad en una pintura a veces goyesca, a veces renacentista.

Muy pronto se percató de que su nombre, demasiado alemán para Italia, debía sacrificarse, optando por uno que satirizaba al más famoso de los corsos: Bonaparte. Así, en 1925, a sus veintisiete años, dio a luz a su primera gran mentira: Curzio Malaparte.

Sin embargo, un nombre no era suficiente. El siglo veinte estaba ávido de artistas que no solo escribieran o pintaran, sino de aquellos que fuesen capaces de hacer de su vida una leyenda. Héroes o villanos que bailaran alocados al ritmo del jazz.

Malaparte fue un bailarín de la política.

Amaba el poder y cuando en Italia fue necesario ser fascista, sin titubeos le ofreció su pluma a Mussolini, lo alabó y se entregó a él.

Luego, cuando el imperio de “Il Duce” naufragó, no tuvo reparo en convertirse en oficial de enlace con el ejército estadounidense y, más tarde, en comunista. Fue a la Unión Soviética y a la China maoísta, sin embargo, el secreto de su verdadero credo se fue con él a la tumba.

También bailó al ritmo del arte. Era principalmente escritor. No dudó en pasar del ensayo al periodismo, de este a la novela y al cuento, pero también se atrevió a diseñar junto con Adalberto Libera, arquitecto del movimiento moderno italiano, su casa. Una edificación que plasmaba su alma en piedra.

Kaputt” y “La piel” son acaso las obras más brillantes del italiano, pero son también mentiras contadas con lirismo.

Portada de Kaputt, Curzio Malaparte

“Kaputt” – que recoge capítulos de sus viajes a través de los diferentes escenarios del Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial – es una novela que se cruza con la crónica y el relato de viaje.

Malaparte, corresponsal italiano del Corriere della Sera, nos habla con una mezcla de estupor, cinismo y tristeza de las atrocidades del frente, al tiempo que despliega una galería de personajes reales, aunque mejorados o empeorados con su cincel.

Algunos, como Agustín de Foxá, no le perdonaron la veracidad de su mentira. Otros, como Max Schmeling, admitieron que su mentira era una verdad.

Lo cierto es que Malaparte nunca se propuso hacer una crónica impoluta. Comprendió que la literatura es más apropiada para mostrar el color del alma que la estampa costumbrista.

Igual que en “Kaputt”, en “La piel”, Malparte aumenta, disminuye, se burla de los humanos y los convierte en sus marionetas. Novela la realidad, la poetiza. Hace del horror una broma macabra. Se ríe, mas no como un cínico o un cretino, sino como un desencantado.

El italiano prefiere la mentira al absurdo del mundo. Se crea una identidad que termina siendo más humana que él mismo y la historia no lo recordará a él, sino a Malaparte porque la “Verdad” prefiere travestirse de novela.

Wilde despreciaba a la realidad por su mal gusto, pero Malaparte lo hacía por ser enemiga de la grandeza, de cualquier clase de grandeza: de la que Napoleón o Bolívar llamaban “gloria” o de aquella que él llamaba “piedad”.

Escribir para ser fidedigno no necesariamente obtiene los resultados esperados, usualmente la mentira del literato encierra más verdad porque él no ve con los ojos de la cara, sino con los del alma. Ese es el logro de este y otros grandes mentirosos.

José Luis Barrera.

 

Artículo inicialmente publicado en LA RUE MORGUE.

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Dunkerque https://lacasaartica.com/dunkerque/ Fri, 11 Aug 2017 14:30:02 +0000 https://lacasaartica.com/?p=6816

Los relatos de supervivencia suelen producir fascinación. En el estilo que hoy se prefieren son “inmersiones” que pretenden que nos ubiquemos en los zapatos de los sobrevivientes. Dunkerque es un ambicioso, diestro ...]]> Póster de Dunkerque (Christopher Nolan, 2017)

Los relatos de supervivencia suelen producir fascinación. En el estilo que hoy se prefieren son “inmersiones” que pretenden que nos ubiquemos en los zapatos de los sobrevivientes. Dunkerque es un ambicioso, diestro y extenuante largometraje que pertenece a este grupo. Antes que una película de guerra, el filme narra el modo en que sus personajes buscan salvar sus vidas frente a una inminente aniquilación, lo que por supuesto permite mostrar el heroísmo y la mezquindad con que las personas reaccionan ante dicha situación. Christopher Nolan quiere presentar la experiencia cruda, quiere involucrarnos en la acción. Dunkerque a veces es más una simulación de realidad virtual, que no tanto un relato. Vívido, que no visceral, verosímil, que no veraz. Los realizadores se esfuerzan por mostrar la crudeza de la guerra en términos aceptables para que la película pueda ser vista por mayores de 7 años. Se trata de un soberbio espectáculo, chato y limitado también. No deja de ser admirable el modo en que lograr recrear el rescate de las tropas británicas, aun a riesgo de contar una historia más convencional de lo que a primera vista aparenta. Dunkerque es una película que amplifica lo que narra, una que agiganta todo, desde los héroes anónimos hasta la vibración de un avión. Incluso el más mínimo ruido es parte de un espectáculo que aturde. El filme es un éxito al sumergir al espectador en medio de la acción. Sin embargo, con ese estruendo se narra una épica tan reconocible que no es descabellado afirmar que con el paso de los días pase a ser otro espectacular relato de supervivencia más.

Tom Hardy interpreta a Farrier, piloto británico de Spitfire, en Dunkerque (Christopher Nolan, 2017)

Tom Hardy interpreta a Farrier, piloto británico de Spitfire, en Dunkerque (Christopher Nolan, 2017)

La película conjuga tres historias y tres líneas de tiempo distintas. En primer lugar, Tommy (Fionn Whitehead) intenta escapar tras una batalla perdida junto a otros soldados en el curso de una semana. En segundo, el Sr. Dawson (Mark Rylance), George (Barry Keoghan) y Peter (Tom Glynn-Carney) cruzan el canal en un bote con la misión de rescatar a los soldados que puedan durante un solo día. Por último, Farrier (Tom Hardy) busca auxiliar dicho rescate con su avión de combate en una pelea desigual con combustible suficiente para volar por una hora. Las tres historias se funden en un solo presente. A diferencia de otras películas de Nolan, el uso simultáneo de estas distintas líneas temporales tiene un transparente objetivo dramático: dosificar la tensión para que vaya creciendo hasta llegar a un clímax. En principio este ingenioso mecanismo da frutos, mas se reitera como un efecto monocorde hasta hacerse una pesada carga. Más si se tiene en cuenta que el final es previsible y no guarda sorpresa alguna. Ahora bien, al escoger el punto de vista de sus personajes, Nolan achata cualquier amago de perspectiva distinta a la que tiene un testigo preso de la acción e ignorante de sus causas. Por otra parte, los personajes no son sino la encarnación de un arquetipo, cuando no de un estereotipo. De esta manera, el largometraje hipnotiza por su sensorialidad, por la suma de efectos con que intenta imitar la realidad, y no por las tramas genéricas en la que personajes unidimensionales se limitan a cumplir con su papel. Dunkerque es la milagrosa recreación de un evento histórica pintado con una sola dimensión. De ahí que, aunque sea admirable como espectáculo, el filme tienda a agotar a medida que avanza. Sin duda es elogiable el deseo del director por llevar los formatos al límite, como su capacidad para conjugarlos para crear lo que es prácticamente la simulación de una experiencia. Dunkerque fascina inicialmente como diorama, así termine por convertirse en una experiencia monótona.

Soldados británicos en Dunkerque (Christopher Nolan, 2017)

Soldados británicos en Dunkerque (Christopher Nolan, 2017)

Con más frecuencia de lo que se supone, en el cine se reciclan los recursos que una vez se usaron. La mezcla de tres líneas temporales tiene como precursor el Griffith de Intolerancia (quien no unía 3 sino 4 líneas argumentales, distanciadas enormemente en el tiempo). La simultaneidad en Dunkerque tiene como objeto único crear una tensión que se va elevando hasta que llegue el desenlace. Nolan adapta el recurso para que se convierta en un modo de narración dramático y deja de lado las aspiraciones que procuraban enlazarlo con una visión total como ocurría en la película de Griffith. El director inglés no es ni tan audaz ni tan romántico como lo fuera el norteamericano. Su deseo, en contraste, pareciera ser capturar un momento histórico con tal vividez que nos diera la ilusión de estar resucitando un pasado ya inexistente. Y debe reconocerse que por momentos lo consigue. Pero los propios excesos limitan la película y la transforman en una sobresaliente recreación que va cansando por ese repetitivo uso de su montaje paralelo triple. Por lo demás, esta recreación da pocas luces sobre el mismo evento, pues su narrativa sirve al modelo de heroísmo de verano, uno que se satisface con narrar una Historia en que supuestamente se excluye lo político para celebrar la valentía y la perseverancia de unos buenos hombres. Una decisión política, evidentemente. En realidad, Dunkerque repite la versión oficial británica de la batalla en términos atractivos para las audiencias contemporáneas. El filme vuelve, entonces, a la Historia un espectáculo sorprendente hasta cansarnos.

Felipe González.

 

Artículo inicialmente publicado en DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE CINE.

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La Nouvelle Vague y la renovación del lenguaje cinematográfico https://lacasaartica.com/la-nouvelle-vague-y-la-renovacion-del-lenguaje-cinematografico/ Mon, 31 Jul 2017 10:30:43 +0000 https://lacasaartica.com/?p=6654 A finales de los años 50 del siglo XX se produjo un recambio generacional que dio lugar a una nueva tendencia de la estética cinematográfica. Era un momento difícil para

A finales de los años 50 del siglo XX se produjo un recambio generacional que dio lugar a una nueva tendencia de la estética cinematográfica. Era un momento difícil para

Jean-Pierre Léaud da vida a Antoine Doinel en Los 400 golpes (François Truffaut, 1959)

Jean-Pierre Léaud da vida a Antoine Doinel en Los 400 golpes (François Truffaut, 1959)

A finales de los años 50 del siglo XX se produjo un recambio generacional que dio lugar a una nueva tendencia de la estética cinematográfica. Era un momento difícil para el mercado del cine que padecía un catastrófico descenso de espectadores, parcialmente motivado por el auge de la televisión. El llamado Nuevo Cine de los años 60 actuó como revulsivo de la situación.

La modernidad que aportó el cine francés comenzó a manifestarse por medio de un trabajo crítico y teórico preliminar a través de las columnas de los Cahiers du Cinéma, desembocando a partir del Festival de Cannes de 1959. En ese año, considerado como el punto de partida de la Nouvelle Vague, François Truffaut estrenó Los cuatrocientos golpes (Les quatre cents coups) obteniendo el premio a la dirección y gozando de gran éxito entre la crítica y el público.

Jacques Doniol-Valcroze y André Bazin fueron los fundadores de Cahiers du Cinéma. La revista contenía artículos y noticias sobre la industria cinematográfica, reseñas sobre festivales y críticas de películas. El primer número apareció en el mes de abril de 1951 y en su portada mostraba un fotograma de Sunset Boulevard (El crepúsculo de los dioses, 1950), de Billy Wilder.

La Nouvelle Vague germinó en torno a esta revista. Su núcleo fundamental lo formaron Jean-Luc Godard, François Truffaut, Claude Chabrol, Eric Rohmer y Jaques Rivette. Cahiers se convirtió en el epicentro de una acción teórica que luego fue trasladada por los directores a la práctica.

Portada del número 1 de la revista de cine francesa Cahiers du Cinéma (Abril de 1951)

Portada del número 1 de la revista de cine francesa Cahiers du Cinéma (Abril de 1951)

Como profesionales autodidactas, los directores de la Nouvelle Vague se formaron al margen de escuelas regladas, pero asistiendo a la Cinemateca Francesa fundada por Henri Langlois y a los cineclubs. En definitiva, viendo mucho cine y teniendo una gran vocación. La crítica a través de Cahiers du Cinéma fue el paso previo como apunta Godard: “Todos nos considerábamos en Cahiers como futuros directores. Frecuentar los cineclubs y la cinemateca era ya pensar cine y pensar en el cine. Escribir era ya hacer cine, pues entre escribir y rodar hay una diferencia cuantitativa y no cualitativa”.

No mostraron un estilo cinematográfico homogéneo, pero todos ellos fueron cinéfilos eruditos que admiraron el cine norteamericano y a directores como Howard Hawks, Alfred Hitchcock, Samuel Fuller o Nicholas Ray. Aunque también orientaron su mirada hacia la propia tradición del cine francés en busca de maestros como Jean Renoir, Jean-Pierre Melville, Jaques Tati y Robert Bresson.

En el número 144 de la revista L` Ècran Français (marzo de 1948), el realizador, crítico de cine y novelista Alexandre Astruc publicó un extenso artículo titulado “Naissance d` une Nouvelle Avant-Garde: La Caméra-Stylo”, que contenía los preceptos teóricos que forjaron el punto de partida de la Nouvelle Vague. Astruc equiparó el cine con la escritura, siendo el realizador el equivalente del novelista y correspondiendo la cámara con la pluma estilográfica del escritor. Además, la defensa que realizó de la figura del “autor cinematográfico”, del director como autor absoluto del film, fue fundamental para los nuevos cineastas.

Jean-Luc Godard durante el rodaje de Sympathy For the Devil (One Plus One). Foto: Larry Ellis/Getty Images

Jean-Luc Godard durante el rodaje de Sympathy For the Devil (One Plus One). Foto: Larry Ellis/Getty Images

Unos años más tarde, en el número 31 de Cahiers du Cinéma (enero de 1954), Truffaut publicó el artículo “Une certaine tendance du cinéma français”, que se convirtió en una especie de manifiesto que marcó la pauta a seguir por los cahieristas. Desde determinados sectores se había negado al cineasta la posibilidad de ser considerado autor de sus obras, al tratarse el cine de un trabajo en equipo y, contra esto, se rebeló la política de los autores previamente esbozada en el artículo de Astruc y continuada por Truffaut. François sostuvo que el verdadero autor de un film es el director cinematográfico porque le aporta una visión personal y le imprime una huella que la convierte en criterio de  calidad. Igualmente, Eric Rohmer sentó las bases de esta teoría en una serie de artículos titulada El celuloide y el mármol.

Los realizadores de la Nueva Ola introdujeron una política de producción que impulsó un abaratamiento general de los costes: filmación en exteriores, primeros filmes en blanco y negro (el color aún suponía un gasto elevado) y trabajo con actores no profesionales, rechazando a las grandes figuras del cine clásico francés y apostando por caras nuevas como Jean-Paul Belmondo o Jeanne Moreau.

Crearon un cine de temáticas cotidianas con una nueva estética cinematográfica basada en la espontaneidad y la agilidad, rompiendo con los postulados académicos de la puesta en escena y del guión literario, que dejó de ser elemento fundamental de la constitución del filme para convertirse en simple material utilizado como punto de partida.

Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960)

Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960)

Dentro de sus características formales emplearon la ruptura del raccord con el objetivo romper con la linealidad lógica de la narración y con la estética academicista. Además, tanto la composición de la imagen como los movimientos de cámara, incorporaron disonancias de encuadre y desplazamientos bruscos.

A todas estas novedades contribuyó la evolución del factor tecnológico. Las cámaras pasaron a ser tan ligeras que podían llevarse al hombro y el sonido se tomaba de manera directa mediante micrófonos de corbata y magnetófonos Nagra. La lentes se perfeccionaron (grandes angulares, teleobjetivos, zoom) y las emulsiones más rápidas permitieron rodar en cualquier lugar y tiempo.

A partir de 1962, el grupo entró en una fase de desgaste. Diferentes personalidades, variados intereses, el éxito de algunos como Truffaut y Godard frente al fracaso de otros, entre distintos factores, contribuyeron a su progresiva desintegración a lo largo de la década.

Pese a su corta duración temporal, la Nouvelle Vague ocupa un lugar destacado en la Historia del Cine, pues abrió nuevas vías de creación contribuyendo a la modernidad y a la renovación del lenguaje cinematográfico.

Natalia Alonso. 

 

Artículo inicialmente publicado en CON EL ARTE EN LOS TALONES.

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La confesión de la leona, de Mia Couto https://lacasaartica.com/la-confesion-la-leona-mia-couto/ Sat, 29 Jul 2017 14:30:50 +0000 https://lacasaartica.com/?p=6648

Llegan pocos libros escritos desde África a las librerías españolas, así que creo que es buena idea conseguirlos y leerlos todos por principio, primero porque han pasado muchos filtros y ...]]> Portada de La confesión de la leona - Mia Couto

Llegan pocos libros escritos desde África a las librerías españolas, así que creo que es buena idea conseguirlos y leerlos todos por principio, primero porque han pasado muchos filtros y segundo, porque es una oportunidad para conocer otra cultura y otra manera de ver el mundo.

Eso pasa con esta excelente novela que, aunque escrita por hijo de portugueses, es negra hasta la médula y parece escrita por un indígena empapado de su cultura ancestral. Porque este texto singular está escrito en el tono y con el estilo de las antiguas leyendas africanas, extrañas para los europeos y cargadas de tradición. Es un trozo de África que ha llegado hasta nosotros.

El argumento está basado en un caso real de dos leonas comedoras de hombres que están aterrorizando a una pequeña población y el libro arranca cuando llega un cazador con el encargo de abatir a las dos fieras. Sin embargo, la historia da más de un giro completo y el tema real de fondo es el del hombre, un animal mucho más peligroso que el león, que devora simbólicamente todos los días el alma de las mujeres, a las que domina y somete de un modo terrible. Es un esclavismo moderno y a la vez muy antiguo, especialmente arraigado en el continente negro.

El estilo es arrebatadamente poético, de alto voltaje literario, instalado en el pensamiento mágico, lleno de hallazgos expresivos y frases para recordar: «Sacudíos los pies,  al polvo le gusta viajar», «Una bala mata en ambas direcciones», «Soy el último cazador; los demás son asesinos de animales», «Tu padre me enterró», «Ustedes quieren saber cómo morimos, pero nunca quisieron saber cómo vivimos», «Un ejército de ovejas liderado por un león es capaz de derrotar a un ejército de leones liderado por una oveja», «…la trágica e invisible guerra entre los hombres, que abusan de su poder, y las mujeres, que han sido educadas para renunciar a él».

En la narración se alternan dos voces, la del cazador, que está escribiendo un diario que probablemente sea el propio libro, y la de la hermana de una chica que ha sido devorada por las leonas, en un interesante juego de espejos y contrastes.

Una novela espléndida que empieza con una frase rotunda, «Dios fue mujer», y que a partir de ahí no deja de sorprender al lector hasta el final, completamente inesperado y apoteósico. Un texto magnífico con el aplomo de los dramas clásicos, que trae el olor africano entre sus páginas y que no debes dejar de leer si quieres conocer algo diferente y tremendamente bueno.

Mia Couto (Beira, 1955) es un escritor mozambiqueño. Hijo de emigrantes portugueses, en 1972 se instaló en la capital, Maputo, empezó a estudiar Medicina y a ejercer el periodismo, pero al poco tiempo abandonó los estudios para dedicarse a escribir a tiempo completo.

Años después se hizo biólogo. Ha sido director de la Agencia de Información de Mozambique, de la revista «Tempo» y del diario «Notícias de Maputo». En 1983 publicó su primer libro, un poemario, y ha escrito trece novelas y varios libros de cuentos.

Es uno de los escritores en lengua portuguesa mejor valorados por la crítica y en el 2013 obtuvo el Premio Camões, el equivalente al Premio Cervantes en lengua portuguesa por su «vasta obra de ficción caracterizada por su innovación estilística y su profunda humanidad».

Datos del libro

Título: La confesión de la leona
Autor: Mia Couto
Traductora: Rosa Martínez Alfaro
Idioma: Español
Editorial: Alfaguara
Año de edición: 2016
Páginas: 2016
ISBN: 9788420419411
Precio en papel: 17,90 €
Precio en eBook: 8,99 €

Antonio F. Rodríguez.

 

Artículo inicialmente publicado en LA ANTIGUA BIBLOS.

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Selfie: una gran comedia con retrato social https://lacasaartica.com/selfie-gran-comedia-con-retrato-social/ Tue, 25 Jul 2017 14:30:04 +0000 https://lacasaartica.com/?p=5651 En formato de falso documental, Selfie, podría ser la España actual, rodeados de idiotas de izquierdas y de derechas e incluso como la disputa de ellos por una chica ciega.

En formato de falso documental, Selfie, podría ser la España actual, rodeados de idiotas de izquierdas y de derechas e incluso como la disputa de ellos por una chica ciega.

Santiago Alverú es Bosco en Selfie (Víctor García León, 2017)

Santiago Alverú es Bosco en Selfie (Víctor García León, 2017)

Selfie (2017) **** ESPAÑA. 85 min.

Rodada bajo el formato de falso documental, Selfie se puede considerar un reflejo de la España en que vivimos, rodeados de idiotas de izquierdas y de derechas e incluso, como su autor la ha definido, la disputa de estos idiotas por una chica ciega, siendo esta una alegoría de España.

Sin embargo, por encima de todo se trata de una magnífica comedia. Una comedia social donde está dentro todo lo dicho, de hecho sale hasta Esperanza Aguirre e Iñigo Errejón, y que debe gran parte de su hilaridad a la vis cómica del protagonista, Santiago Alverú.

Este joven de Oviedo es el creador de los Premios Yago del cine español, alternativos a los Goya y esta supone su primera película en la que interpreta a una especie de Pequeño Nicolás al que su vida se le desmorona cuando su padre, un ministro del PP, es encarcelado por corrupto.

A partir de aquí, acabará viviendo en Lavapiés con seguidores de Podemos, que también se llevan un varapalo que otro en este retrato de un pijo idiota pero simpático por el que acabamos sintiendo lástima. De hecho aunque se trate de una divertida comedia la cinta nos deja un cierto sabor amargo de tristeza.

Su realizador, Víctor García León, rodó su anterior largometraje hace once años, “Vete de mí”, protagonizado por Juan Diego Botto y Juan Diego, actor que ganó el Goya y la Concha de Plata por este filme. Y debutó con la prometedora “Más pena que gloria”, primera cinta también de su protagonista Bárbara Lennie.

Con su tercera película, García León ha convencido tanto a la crítica como al jurado en el pasado festival de Málaga donde consiguió una mención especial por parte de este último por “sacar el mayor partido de una obligada economía de medios, y acercarse a la realidad inmediata con una mayor verosimilitud” y la Biznaga de Plata, premio especial Jurado de la crítica “por su frescura y riesgo”.

ESCENA CINEFILIA

La escena del escrache delante de la casa de los padres de este carismático pijo, por parte de un grupo de manifestantes a los que acaba uniéndose, define desde un principio a este personaje y a su clase social.

Miguel Albertos.

 

Artículo inicialmente publicado en CINEFILIA.

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William Butler Yeats: crepúsculo https://lacasaartica.com/william-butler-yeats-crepusculo/ Sun, 23 Jul 2017 14:30:55 +0000 https://lacasaartica.com/?p=5646 Turbamulta. Antigua. Estados del ánimo. Nacida del fuego. Volver a narrar. De un modo distinto. Decirle a un niño que las cigüeñas traen a los recién nacidos, es también decirle ...]]> Turbamulta. Antigua. Estados del ánimo. Nacida del fuego. Volver a narrar. De un modo distinto. Decirle a un niño que las cigüeñas traen a los recién nacidos, es también decirle la verdad

El poeta irlandés William Butler Yeats (1865 - 1939), circa 1910. Foto: Hulton Archive/Getty Images

El poeta irlandés William Butler Yeats (1865 – 1939), circa 1910. Foto: Hulton Archive/Getty Images

Turbamulta. Antigua. Estados del ánimo. Nacida del fuego. Volver a narrar. De un modo distinto.

Decirle a un niño que las cigüeñas traen a los recién nacidos, es también decirle la verdad, escribía Freud, en 1927, en El porvenir de una ilusión.

Título que resulta revelador por sí mismo.

Es la ilusión que se le dice una verdad, la verdad del tipo de verdades que el infante espera, lo que hace que éste, y Freud con él, construyan la idea de que el cuento de las cigüeñas es un modo, extraño, pero un modo, al fin, de narrar un origen, general y propio.

Contar y cantar. Crepúsculo y alba. Pasado y porvenir. Narrativas. Formas del relato, la relatio, relación, entre lo eminentemente personal y lo inocultablemente comunitario.

Mitologías, como esas narraciones que tornan en formas colectivas que moldean y dan forma a lo común. Configurando, así, una gran historia de la humanidad, habría señalado Campbell.

Si en la ilusión estuviere el porvenir, parafraseando a Freud, cada época no ha de tener sino las mitologías que se merece. Las que se gana.

Aquellas que la dimensión de su espíritu y arrojo le granjea, habría de con toda razón reclamar W.B. Yeats.

Para la suya, el entresiglo del XIX al XX, el gran poeta irlandés, trajo a los de su tiempo hadas, demonios, elfos y más. Un mundo distinto, arguye, del malogrado mundo nuestro.

Porque “las cosas que un hombre ha oído son hilos de vida”, y la “esperanza y la memoria tienen una hija, cuyo nombre es arte”, escribe el poeta.

Lo que sin haber sucedido jamás, ocurre (aún), es siempre, si hemos de parafrasear la definición atemporal que de lo mítico se atribuye a Salustio.

Esas narraciones, para seguir a Yeats, que hacen ver que, de pronto, ha habido en el ayer común, hay en el ahora propio, seres “que tienen un espíritu dentro”.

Así sea que, en el lugar de los bosques, lagos y montañas, se hallen también esos hombres “que no quieren sino ver maldad”.

De los celtas, Yeats trae al presente, su presente, el nuestro, la certeza de que hay “estados incorpóreos del ánimo”, espíritus que al envejecer conservan la ligereza de los sueños.

Renovadas narrativas, de lo nuevo en lo vetusto, de lo añejo en el porvenir, que merecen, por toda verdad, una ilusión y la de miles.

Un porvenir.

Antonio Tenorio.

 

Artículo inicialmente publicado en IMAGEN Y SEMEJANZA.

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Los Straitjackets – What’s So Funny About Peace, Love, And… https://lacasaartica.com/los-straitjackets-whats-so-funny-about-peace-love-and/ Sat, 15 Jul 2017 14:30:11 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5472

Nadie debe tener duda alguna ya de que Los Straitjackets son una de las mejores bandas de rock’n’roll instrumental de la historia. Además son también una de las más divertidas de ...]]> Portada del álbum What's so funny about peace, love and... - Los Straitjackets

Nadie debe tener duda alguna ya de que Los Straitjackets son una de las mejores bandas de rock’n’roll instrumental de la historia. Además son también una de las más divertidas de presenciar en directo y de las más agradables y menos monótonas para escuchar en casa. Esto nos lo corroboran una vez más con el fabuloso, logrado y muy divertido “What’s So Funny About Peace, Love And…Los Straitjackets” (Yep Roc Records / Popstock!). Si no lo has adivinado por el título lo harás al ver la portada. Sí, esto es una fantástica revisión del cancionero de Nick Lowe, sobre todo de sus inicios en solitario, pero también con los Rockpile Brinsley Schwarz. Y es que hasta Nick Lowe aparece en esta portada que emula a su propio debut.

Llevaban ya tres años tocando juntos por diciembre en su espectáculo navideño Quality Holiday Revue y se les ocurrió que sería divertido afrontar en instrumental el cancionero del británico. Así los de Nashville, con más de 20 años tras sus máscaras de lucha libre y más de una docena de flamantes discos llegan a esta joyita. Recientemente nos habían entregado también en Yep Roc Records el estupendo “Deke Dickerson Sings The Great Instrumental Hits!!!” con el que giraron por aquí. Pero es que también han hecho discos o colaboraciones con monstruos como Tom Petty, Eddy Clearwater, Big Sandy, Raul Malo (The Mavericks), Kaiser George, Exene Cervenka (X) o The Reverend Horton Heat. ¡Muchos de ellos estaban ya hace más de 15 años en el destacado “Sing Along With Los Straitjackets”.

Comienzan el fiestón con el puro surf, pero con vientos de “Shake & Pop” y meten mogollón de twang en “All men are liars”. El eco playero de las guitarras de “Lately I’ve let things slide” es magistral. En el puro pop de “Rollers show” suenan sexys como el “Wonderful world” de Sam Cooke. Cuando se acercan a las canciones más populares de Nick la cosa también funciona a tope. Es el caso de una entrañable “(What’s so funny ‘about) Peace, love and understanding”. También con la paradisíaca y hermosa “I read a lot”, a la que le dan hasta un toque de bolero.

El final es demoledor con una joya como “Cruel to be kind”, facturada de manera mucho más lenta pero manteniendo su mágica melodía con las guitarras. Y para acabar otra gloria bendita como es “Heart of the city”. Habrá que estar atentos en www.promola.es por si vienen pronto otra vez de gira. Sería una gozada que lo hicieran para presentar este genial y jovial disco, y si ya lo hicieran junto a Nick Lowe ¡sería la hostia!

 

Txema Mañeru.

 

Artículo inicialmente publicado en EL GIRADISCOS.

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La princesa Mononoke. 20 años de un clásico https://lacasaartica.com/la-princesa-mononoke-20-anos-de-un-clasico/ Sun, 09 Jul 2017 16:05:33 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5354 Herido por un jabalí, el joven Ashitaka sale en busca del dios Ciervo, para que lo libere del sortilegio. Durante su viaje descubre cómo los animales del bosque luchan contra ...]]> Herido por un jabalí, el joven Ashitaka sale en busca del dios Ciervo, para que lo libere del sortilegio. Durante su viaje descubre cómo los animales del bosque luchan contra hombres

San, la princesa Mononoke, y la diosa Moro

San, la princesa Mononoke, y la diosa Moro

Ficha

Título: La princesa Mononoke
Título original: Mononoke Hime (もののけ姫)
Año: 1997
Director: Hayao Miyazaki
Guión: Hayao Miyazaki
Fotografía: Animación (Studio Ghibli)
Reparto: Animación
Valoración: Un precioso grito de socorro / 10
Sinopsis: Herido por un jabalí, el joven Ashitaka sale en busca del dios Ciervo, para que lo libere del sortilegio. Durante su viaje descubre
cómo los animales del bosque luchan contra hombres que están dispuestos a destruir la Naturaleza.

En el mundo en el que vivimos y con la dirección que está tomando la sociedad en los últimos tiempos, vemos como los valores medioambientales, de respeto o solidaridad que podían existir antaño, parecen desvanecerse entre nubes de gases contaminantes y actuaciones que distan mucho de la ética de la naturaleza. Pese a que ahora estemos sufriendo los efectos más cruentos y extremos, éste es un largo proceso que ha ido sucediendo a lo largo de la historia y de la mano del supuesto desarrollo humano. Es un tanto irónico que uno de los avisos más directos a través del arte provenga de un país conocido como la meca tecnológica: Japón. Y es que Japón no es sólo las empresas tecnológicas, los rascacielos que abundan los barrios de negocios tokiotas o los más modernos robots. Japón es la tradición, el culto a los bosques y sus guardianes, el folclore en torno a las maravillas de la naturaleza y el respeto a todo ente fantástico, o relativamente verídico, que pueda coexistir con nuestro mundo. Ésta última faceta es el lienzo sobre el que Hayao Miyazaki construye este maravilloso retrato histórico, fantástico y de acción llamado La princesa Mononoke, también traducible como La princesa de los espíritus vengadores.

La historia nos lleva a una aldea japonesa que es atacada por un demonio proveniente del gran bosque. El príncipe de esta aldea, Ashitaka, defiende a su gente, quedando marcado con una maldición en su brazo derecho. Este es el punto de partida de su aventura, en la que tendrá que adentrarse en el bosque y recorrer una gran cantidad de tierras y aldeas en busca de una cura para su fatal destino. Ashitaka es un príncipe emishi, una tribu japonesa descendiente de los ainu que fue aislada de la capital, Kyoto. Está tribu mantiene gran parte de su cultura, lenguaje y costumbres separados de la corriente que está sufriendo el resto del país, comportándose como unos forasteros en sus propias tierras,por lo que Ashitaka no será recompensado ni ayudado en demasía a lo largo de su camino. Pero esto no hará más que tornarlo más capacitado y consciente para resolver su maldición y a la vez comprender el ambiente podrido que asola a todo su entorno.

Kodamas o espíritus del bosque en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Kodamas o espíritus del bosque en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Miyazaki nos traslada a la época feudal japonesa, alrededor de los siglos XIV-XVI. Para comprender la obra y el rol de todos y cada uno de los personajes, es necesario tener el contexto muy en cuenta, ya que muchos actos, críticas o comportamientos no pueden comprenderse si no es a través del prisma de la sociedad de la época. En estos tiempos, Japón era un país dividido por tribus o clanes, teniendo guerras constantes en su territorio en busca de conseguir el poder divino, el puesto de emperador. En el sistema feudal japonés, al igual que el sistema feudal europeo del que somos más conocedores, era un sistema piramidal en el que la población estaba separada por oficios y cada uno de estos estamentos tenía asociado ciertos privilegios, reputación y deberes.

La economía principal, como en cualquier sistema de economía de subsistencia, era la agricultura, pero durante esos siglos empezó la reconversión del país hacía una industria minera y del metal. La mayor diferencia, que puede resultar incluso irónica pero que se utiliza como una gran referencia en la película, es que el estamento más bajo de la sociedad no era el perteneciente a los agricultores o mineros, sino que era el perteneciente a los mercaderes, ya que, para la cultura nipona, aquellos que se ganaban la vida en base al trabajo de los demás y con la única ayuda de su fanfarronería y prepotencia no tenían el derecho a pertenecer a ningún estrato superior a nadie. Bonito, ¿eh?




Pese a todo esto, el célebre director nipón no podía dejar pasar todo esto sin poner su propia huella. Como en la mayoría de obras de Studio Ghibli dirigidas por Miyazaki, las mujeres toman el rol dominante, impulsor y de responsabilidad. Podremos apreciar en infinidad de escenas en el largometraje esta superioridad moral, de fuerza, de inteligencia y de convicción que se atribuyen los personajes femeninos en contraposición a los casi caricaturescos personajes masculinos del film.

Sin más contextos y centrándonos únicamente en la película, el gran debate plasmado es la lucha entre dos mundos, el antiguo y el nuevo, el mágico y el práctico, el natural y el humano. La contraposición en todos estos aspectos se presenta acentuada relatando los hechos desde diferentes puntos de vista, ya que contaremos con la presencia de seres cuasi mitológicos muy instaurados en la cultura y el folclore japonés y, a la vez, veremos como una aldea prominente y con intención de progresar económicamente necesita de los recursos guardados por los seres fantásticos para ello. Aunque, en medio de esta vorágine, surgirán las figuras de Ashitaka y, sobre todo, de la princesa Mononoke San, la gran protagonista femenina de la obra. Criada por lobos y con sentimientos de odio hacia los humanos, esta chica defenderá con todas sus fuerzas y posibilidades a todos esos espíritus del bosque frente a la codicia de los humanos hambrientos de poder.

Ashitaka sobre Yakul y San sobre la diosa Moro en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Ashitaka sobre Yakul y San sobre la diosa Moro en La princesa Mononoke (Hayao Miyazaki, 1997)

Bajo la lupa de la ideología o la filosofía, la película es un auténtico canto al entendimiento de ambos mundos, el clásico y el tecnológico. La idea detrás de toda esta historia es reflexionar sobre, no sólo los beneficios propios que nos puede reportar el uso de un cierto recurso, sino también sobre el impacto que pueden tener nuestros actos sobre el equilibrio medioambiental, tratado a través de una preciosa historia de superación, acción y con elementos mágicos y fantásticos sacados de las mejores leyendas de la cultura ancestral japonesa.

Pese a ser una película de la que se cumplen 20 años de su estreno, la calidad de la animación es majestuosa, con unos fondos y escenarios coloridos y lineales remarcados con elementos voluminosos, que emiten un brillo propio de las producciones más actuales y preciosas. Algo que cabe destacar y que realmente transmite una potencia narrativa impresionante es la diferencia de estilos entre los personajes del mundo humano y los personajes del mundo fantástico. Mientras que los humanos son seres mundanos, con infinidad de carencias y muy lejos de cualquier parecido a algo atractivo, los seres fantásticos se representan potentes, ávidos, solemnes… En definitiva, como auténticos semidioses con ningún tipo de asemejo a las figuras humanas.

En lo que para mí es una de las películas más críticas, de acción y aventuras del Studio Ghibli, Hayao Miyazaki logra plantar una semilla de debate, reflexión e incluso consciencia sobre una realidad estremecedora y sin descentrarte en ningún momento de la maravillosa historia, extrapolable a casi cualquier época, incluyendo muy enérgicamente la nuestra. Más allá de la belleza de la narrativa o de la profundidad del tema, es una auténtica película de acción con toques realistas y duros, pero que en ningún momento tapan el estilo propio del peculiar y gran estudio de animación japonesa. Realmente, un verdadero placer para la vista, los oídos y la materia gris, que a muchos les hace falta entrenar.

¡Nos vemos en la Zona!

Yondeim.

 

Artículo inicialmente publicado en ZONA ZHERO.

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Tom Waits. Gruñidos desde el callejón del ayer https://lacasaartica.com/tom-waits-grunidos-desde-el-callejon-del-ayer/ Wed, 05 Jul 2017 14:30:43 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5228 No es fácil llegar hasta él. O no lo era… El público suele alimentar el mito, independientemente de que la vida del artista ya no tenga que ver con lo que ...]]> No es fácil llegar hasta él. O no lo era… El público suele alimentar el mito, independientemente de que la vida del artista ya no tenga que ver con lo que dicen sus letras.

Tom Waits en Coffee and Cigarettes (Jim Jarmush, 2003)

Tom Waits en Coffee and Cigarettes (Jim Jarmush, 2003)

No es fácil llegar hasta él. O no lo era… El público suele alimentar el mito, independientemente de que la vida del artista ya no tenga que ver con lo que dicen sus letras. Hace tiempo que dejó atrás su etapa Bukowski y ser la reencarnación en los 70 del espíritu beatnik, una época en la que la prosodia jazzística le servía para narrar el vodevil sincopado en el que su vida y sus letras coincidían en el mismo punto de la barra de un bar. Completamos el artículo dedicado a su etapa más reciente repasando sus tres primeras décadas, de 1970 al 2000.

Su refugio, bien resguardado de las miradas de los curiosos, es el campo, donde vive con su familia. En su casa, Waits colecciona cachivaches y objetos aparentemente inservibles. El color sepia envejecido que ha hecho suyo se extiende por la madera de un establo convertido en estudio. Dentro de él, amontonada una encima de otra, esa especie de chatarra silenciosa crea figuras deformes, dibujando el perfil de una extraña escultura que parece querer decir algo. Afuera, a lo lejos, se escucha el silbido de un tren. Por aquí pasaba el ferrocarril. Es su mundo. Fotografías de fantasmas y blues. Turbio lirismo entre jadeos y gruñidos. Sonidos de metal y madera…

Thomas Alan Waits nace en Pomona, California, el 7 de Diciembre de 1949. Único varón de tres hermanos, sus padres se divorciaron cuando el tenía 10 años. A partir de entonces, el pequeño Tom recorre toda California, de ciudad en ciudad, de colegio en colegio. Por su sangre corría Escocia e Irlanda, por parte de padre (profesor de español) y Noruega por parte de madre. Su afición por la música le viene a una temprana edad. Tomó clases de trompeta en el colegio Robert E. Lee del sur de Los Angeles. “Era una trompeta plateada Cleveland Greyground. La tocaba para anunciar el final de la jornada escolar, y llegaba pronto por la mañana para cuando izaban la bandera”. Fue el primer y último instrumento del que tomaría lecciones. Luego llegaron las guitarras mexicanas baratas y más tarde empezó a tocar de forma autodidacta el piano en casa de un vecino.

De interpretar a Jerome Kern y George Gershwin pasó a tocar sus propias canciones. En su etapa escolar destacó en las asignaturas relativas al arte. En cuanto le empezó a crecer la barba se dejó una perilla bajo el labio inferior, pequeña sombra peluda que le ha caracterizado hasta hace bien poco. También era famoso entre sus compañeros por sus peinados: tenía un pelo rebelde que impedía ser domesticado. En los recreos se le podía escuchar tocando la armónica a alguna chica o hablando de carreras de coches, otra de sus aficiones favoritas (su primer coche fue un Buick del 54).

Fotografía de Tom Waits

Fotografía de Tom Waits

Reencarnación del espíritu beat de la década de 1950 en plena era del jazz fusión, el rock sinfónico y el glam, Tom Waits y su lirismo nocturno y de perdedores en los 70.

Trabajó como lavaplatos, cocinero, camarero, conserje, de todo. Con 17 años, Waits tenía ya una serie de “incongruentes” influencias musicales para su edad: los desfasados Gershwin, Porter, Kern, Arlen, Carmichael, Mercer, Louis Armstrong, Stravinsky, El Reverendo Gary Davis, Mississippi John Hurt… La primera relación que el joven Tom tuvo con el negocio de la música fue como portero de un pub en San Diego. En los entreactos se subía a un pequeño escenario donde un día fue visto por el manager de The Mothers of the invention Herb Cohen, de la discográfica Asylum.

A los 22 años de edad, en 1972, Tom Waits graba su primer disco. Su estilo y sobre todo esa voz espesa y cavernaria (“un gruñido encerrado en un callejón sin salida”) no eran los prototipos de la joven y complaciente promesa que encandila a los adolescentes, o los de estrella de la era del rock con purpurina (glam rock) y ni mucho menos los de un mensajero de la soleada California. Era un estilo adulto que trataba temáticas sobre perdedores, borrachos y corazones magullados, envuelto en un jazz-blues descriptivo, austero y melancólico. En Asylum, en la primera mitad de los setenta, Waits publica, por orden cronológico, Closing Time, The Heart of Saturday night, Nighthawks of the diner (en directo) y uno de los títulos esenciales de dicha década, Small Change (1976).

Melancolía de callejón mojado, hogar de los sin hogar, jazz de taberna, blues de escupitajo etílico, poesía vagabunda, así era su música en los años setenta.

Fueron años en los que Tom Waits llevaba la misma vida disoluta y marginal de las que hablaban sus letras. Fue  su etapa Bukowski, la de las crónicas viajeras a ritmo de bebop del On the road de Kerouac, en las que como primerizo en el negocio de la música tuvo que someterse a continuas y poco estimulantes giras con un trío de jazz (luego cuarteto con saxo tenor) por todo EEUU como telonero, entre otros, de Frank Zappa (la austeridad narrativa, jazz y blues frente al barroquismo: los fans de éste lo despreciaban). Jamás dijo nada negativo de Zappa.

La música, que básicamente era jazz recitado (una derivación que mezclaba lectura dramatizada y scat) y elegíacas melodías al piano, estaba teñida de nocturnidad, e inundada, más que bañada, en alcohol, tabaco y otras substancias. Escribió temas que son clásicos, sobre todo los contenidos en esa banda sonora de la soledad en Los Angeles que es Small Change. Fueron noches interminables que tenían al piano como compañero de bebida: The piano has been drinking… not me.

Fotografía de Tom Waits para su cuarto álbum "Small Change" (1976). Foto: Joel Brodsky

Fotografía de Tom Waits para su cuarto álbum “Small Change” (1976). Foto: Joel Brodsky

Small Change (1976), banda sonora de la soledad en una ciudad como Los Ángeles. Producto absolutamente atípico en su época, hecho de historias de perdedores y jazz humeante que contiene clásicos como The piano has been drinking

Su paso a Elektra, aún inmerso en esta etapa de ambientes nocturnos, barras humantes y tufillo a bourbon, tiene en Blue Valentine (1978) una de sus mejores entregas. TW empieza a salir con la atractiva cantante Ricky Lee Johns, con la que aparece en comprometido gesto en la contraportada de este disco. Una producción más ambiciosa da como resultado una lista de canciones variada en la plantilla instrumental en temas como Romeo is bleeding, Kentucky Avenue, Wrong side of the road o la versión (fórmula atípica) con orquesta de cuerdas de Somewhere (West side Story). Planteamiento en suite que fue introducido  por el de poema sinfónico del anterior disco, Foreign Affair (1977), donde había temas que unían la narración descriptiva con arreglos inspirados en Duke Ellington (Potter`s field), descendían al lirismo nocturno de Small Change(Burma-save) o juntaban en dueto seducción femenina y donjuanismo (I never talk with strangers). Melancolía de callejón mojado, hogar de los sin hogar, jazz de taberna, blues de escupitajo etílico, poesía vagabunda, así era la música de Tom Waits en los setenta.

Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones - Mac Montandon

Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones – Mac Montandon

De la noche al día y de la ciudad al campo, cualquier acercamiento a Tom Waits debe hacerse por su recorrido creativo. En ausencia de música, entre palabras y entrevistas, lo que queda es divagación y apenas un hilo de verdad: vano intento el de penetrar en la personalidad del autor a través del periodismo. Para estos encuentros, Waits, que por algo también es actor, por distintas sinrazones dependiendo del momento, se enmascara en un personaje escurridizo y excéntrico cuya actitud hace inútil cualquier esfuerzo clarificador. Oculta en el amasijo de frases inconexas, en el localismo suburbial y el gesto torcido, los juegos de palabras o las curiosidades estadísticas, en el humor esquivo, está la verdad.

Cualquier acercamiento a Tom Waits debe hacerse siguiendo sus pasos creativos, evitando el más mínimo interés por las intimidades o por cierta compostura trascendente en las preguntas

Este libro recopila testimonios desde sus inicios para Asylum Records (cuando el jazz recitado describía una vida anclada en la noche y los moteles baratos) hasta llegar al 2004 (como respetable padre de familia) en una entrevista para Vanity Fair. Tan sólo cuando el interlocutor es un creador-amigo, los casos de Jim Jarmush y Elvis Costello, o en el prólogo de Frank Black, la coherencia toma forma de respuesta. Entre tanta paja mental, los entrevistadores se las apañan como pueden para definir la voz irrepetible de Tom Waits.

El siguiente y último trabajo en Elektra se titula Heart attack and vine (1980), disco orientado decididamente hacia el blues, vertebrado en torno al contrabajo (el gran Greg Cohen) y apoyado en órgano Hammond. Con él se concluye una etapa (su lema hasta entonces era “licor, chicas y licor, y más licor”) y empieza otra, quizá la más relevante en la consecución de un estilo y un cambio personal. El punto de inflexión clave en su vida llega en 1980 cuando conoce a su mujer,  Kathleen Brennan. Que no sólo le enseña el buen camino abandonando los malos hábitos sino que ejercerá como productora de sus discos. Justo en esa época, de la mano de Francis Ford Coppola, le llega a la oportunidad de entrar en el mundo del  cine con One From the heart (Corazonada), para la que Waits hizo la banda sonora y en la que, por cierto, Coppola se arruinó. Se conocieron en los estudios donde se grababa la película. Ella era una guionista de Coppola, y él actor. Ese año participa en el prestigioso Montreal Jazz Festival.

La llamada trilogía swordfish de los ochenta comienza en 1983 con uno de los discos más determinantes de su carrera. En él, da un giro a su música hacia una estética de cabaret abrupto, carnal y disonante. La metamorfosis de su persona se refleja en unas letras más profundas y surrealistas y en unos sonidos intrigantes y experimentales. Un mayor énfasis en el sentido de la teatralidad (inherente al discurso narrativo de los setenta) y la presencia rítmica y descriptiva de la percusión (marimbas, sierras con arco, timbres metálicos),  se combinan con el jazz, el blues y el folk para dar lugar a un género nuevo. Es el momento en el que ficha para el sello Island Records y el debut con Swordfishtrombones. El teatro musical será el terreno en el que asentará sus cada vez más amplios apetitos escénicos y musicales.

Tom Waits fotografiado por Anton Corbijn. Imagen incluida en el libro de fotos Waits/Corbijn ‘77-‘11 que plasma la colaboración de ambos durante más de 30 años.

Tom Waits fotografiado por Anton Corbijn. Imagen incluida en el libro de fotos Waits/Corbijn ‘77-‘11 que plasma la colaboración de ambos durante más de 30 años.

Blues, jazz, folk-rock, cabaret, disonancias, nanas irlandesas, bocetos circenses, todo cabe en  Frank`s wild years. Con él y el directo Big Time se pone fin a una trilogía referencial para forjar una etapa y alumbrar entregas posteriores

En 1985 realiza uno de los discos de mayor éxito comercial (si exceptuamos Mule Variations). Rain dogreafirma la fructífera colaboración con brillantes músicos de jazz de la escena neoyorquina (ciudad en la que se desarrolló parte de esta trilogía), como el contrabajista Greg Cohen (compañero desde finales de los 70) y el guitarrista Marc Ribot. En Rain dogs contiene  títulos como Down Train (casi un himno), Jockey full of bourbon (rock californiano), Time(remanso de  naturaleza folk que nos lleva a Bob Dylan) o ese engranaje misterioso y sincopado que define a Clap Hands. Destaca la colaboración de Keith Richards y del saxofonista John Lurie, quien por aquella época lo acompañaba junto al italiano Roberto Benigni en los papeles protagonistas de la película de Jim Jarmush Bajo el peso de la ley.




El siguiente disco tras Rain Dogs es Frank`s Wild years (1987), teatro musical hecho a medias con su mujer (como todo lo producido desde entonces) en el que comienza su colaboración con el célebre escenógrafo y dramaturgo Robert Wilson. Dentro de él encontramos un pecaminoso y sensual bocado llamado Temptation (atención  a los metales), tema que se podía  escuchar  y ver a través de una cerradura en la película canadiense Leólo. Aparecen metales amenazadores o de extraña timidez, percusiones carnosas y metálicas, bajos obsesivos, guitarras poseídas, pianos distraídos, órganos fantasmales y los primeros fragmentos de paisajes sonoros (campanas), que volveremos a encontrar en posteriores producciones. Charles Bukowsky se abraza a Kurt Weill, Frank Sinatra es un crooner fantasma, el singular compositor Harry Partch le presta uno de sus instrumentos inventados (Orphans sería luego un laboratorio de estos sonidos) a Jack Kerouac y éste le pasa la botella a Tom. Blues, jazz, folk-rock, cabaret, disonancias, nanas irlandesas, bocetos instrumentales circenses, todo está en el de Frank`s wild years. Con el se pone fin a una trilogía que forma en sí misma un corpus sonoro referencial para las entregas posteriores.

Conjunto de portadas de los discos de Tom Waits que recoge todas sus etapas creativas, desde el primero, Closing Time, salido en 1973, inaugurando la etapa "Bukowski", a las tres obras mayores de los 80 que conforman la trilogía Swordfish, o el teatro musical The Black Rider ya en los 90, la triple antología de los 2000 Orphans o su última publicación del 2011 Bad as me 

Conjunto de portadas de los discos de Tom Waits que recoge todas sus etapas creativas, desde el primero, Closing Time, salido en 1973, inaugurando la etapa “Bukowski”, a las tres obras mayores de los 80 que conforman la trilogía Swordfish, o el teatro musical The Black Rider ya en los 90, la triple antología de los 2000 Orphans o su última publicación del 2011 Bad as me

Tras Bone machine, Waits vuelve al teatro musical con The Black Rider (1993), confeccionado con la colaboración del escritor beat Willian Burroughs, el escenógrafo Robert Wilson y músicos de la calle de Berlín.  “El jinete negro” se abre con Lucky day overture y The black rider, desplegando desde el inicio un ambiente de cabaret fantasmal que tiene momentos de poesía surrealista para “danzar alrededor de tus huesos” (William Burroughs en T`Ain`t no sin), romanticismo (I`ll shoot the moon) e intensidad percusiva alucinada (Russian dance). En esta época vuelve al cine con el Drácula de Coppola (hizo de Rendfield, el esbirro del conde) y participa en uno de los personajes (hecho a su medida: un excéntrico y alcohólico chófer, pareja de una camarera) de las historias cruzadas (Raymond Carver) que protagonizan Short Cuts, de Robert Altman.

Portada de Mule Variations (1999) decimotercer álbum de Tom Waits

Portada de Mule Variations (1999) decimotercer álbum de Tom Waits

Publicado en 1999, este esperado trabajo supone un antes y un después en su carrera. Por un lado participa de las experiencias pasadas pero por otro se distancia de ellas, abriéndose camino hacia un sofisticado e inquietante sonido de blues que atrapa a nuevas audiencias sin desmentirse a sí mismo

Después de seis años de silencio discográfico, el 27 de Abril de 1999 aparece Mule Variations en un sello independiente especializado en grupos de punk y rock, Epitaph. Un año antes, a modo de despedida comercial, su antigua discográfica, Island, publicó el recopilatorio definitivo Beautiful Maladies. Este esperado trabajo supone un antes y un después en su carrera. Por un lado participa de las experiencias pasadas pero por otro incorpora un sonido de blues que atrapa a nuevas audiencias sin desmentirse así mismo.  Mule Variations(título inspirado en la supuesta terquedad de “mula” que Brennan asocia a su marido) vuelve a colaborar con los músicos que le acompañaron en la trilogía Swordfish (Greg Cohen, contrabajo, Marc Ribot, guitarra, Ralph Carney, metales), amplía la plantilla instrumental e introduce un elemento que llega hasta el recienteBastards: la armónica incisiva y distorsionada de Charlie Musselwhite.

…Para llegar hasta Tom Waits hay que ir más allá de San Francisco, hasta una anodina encrucijada donde norte y sur se confunden. Allí, uno de los artistas más influyentes de los últimos tiempos construye un mundo propio. Su vasta personalidad creativa y su intuición, asentada en unos recursos estéticos sobre los que siempre vuelve, le han permitido edificar un discurso, como su voz, personal e intransferible, ajeno a cualquier clasificación.

Jesús Gonzalo.

 

Artículo inicialmente publicado en NOISELF.

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La doncella (The Handmaiden) https://lacasaartica.com/la-doncella-the-handmaiden/ Mon, 03 Jul 2017 14:30:03 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5223

“When one is in love, one always begins by deceiving one’s self, and one always ends by deceiving others. That is what the world calls a romance.”

―Oscar Wilde*

Todos ...]]>

La doncella (The Handmaiden) (Park Chan Wook, 2017)

“When one is in love, one always begins by deceiving one’s self, and one always ends by deceiving others. That is what the world calls a romance.”

―Oscar Wilde*

Todos lo sabemos, las apariencias engañan. De Chan-wook Park no se esperaría una emotiva y, aunque suene extraño, sencilla historia de amor. Y eso es esencialmente La doncella. Por supuesto, el largometraje es mucho más que una sencilla historia de amor, únicamente los más aburridos y convencionales melodramas son simples historias de amor. La doncella es a un tiempo un relato de traiciones como la historia en que se afirma una identidad. Es un perverso teatro del deseo como un cándido recuento de un enamoramiento. El más reciente filme del director coreano consigue hilar todas estas historias en un delicioso y caprichoso rompecabezas. Sugerente y levemente fantástica, la película se va revelando como un irresistible y tramposo ensueño. Chan-wook Park no se ha caracterizado por ceñirse a los patrones realistas, La doncella no es, por tanto, una recreación fiel a los cánones históricos, ni una película en que sus imprevisibles peripecias se desenreden completamente en su desenlace. El atractivo del filme tiene poco que ver con la tan cacareada habilidad de saber contar historias, sino que se relaciona más bien con la destreza en crear un mundo sensorial en el que vivir un encierro, o en el que sentir fascinación por otra persona son realidades palpables. La doncella es un soberbio simulacro en que los disfraces y los engaños revelan un verdadero deseo.

Con base en una novela de la escritora Sarah Waters, Chan-wook Park traslada la acción de la Inglaterra victoriana a la Corea de los años 30. En el principio vemos a Sook-hee (Tae-ri Kim) despedirse de lo que parece ser su familia. Se dirige a la casa de Lady Hideko (Min-hee Kim), una rica japonesa que vive en una gigantesca mansión con su tío Kouzuki (Jin-woong Jo). Pronto conocemos que Sook-hee es una ladrona que se encuentra en dicha mansión para engatusar a Lady Hideko y convencerla de que se case con el conde Fujiwara (Jung-woo Ha), un estafador que le promete parte del botín. Ahora, recuerden, las apariencias engañan, nada es lo que parece. La doncella depara giros y sorpresas a lo largo de su metraje en cantidades abundantes, que no excesivas. Aquello no importa mucho. El placer de la película reside en habitar el mundo fantástico que todo el equipo de producción ha contribuido a crear, sin importar su enrevesamiento. La divertida imprevisibilidad le suma un factor de entretenimiento, las expectativas se alteran constantemente, lo que le añade un interés al relato. De hecho, esa imprevisibilidad da pie para notar que cada relato no es sino un borrador de otro, cada historia no es sino la prefiguración de otra más. El final de la película es un relato amoroso que, con el paso del tiempo, ha de mutar en otro. La doncella se constituye en un filme destacable al poder usar los tópicos del género en un rompecabezas cuyas piezas arman de manera sensible una historia que contiene las posibles historias que envuelven a un único enamoramiento.

Tres veces vemos la entrada del dormitorio de Lady Hideko, tres veces significa distinto. El paisaje lunar del biombo puede sugerirnos la presencia de un misterioso y delicado inquilino, la ilusoria imagen de una criatura que ha estado injustamente encerrada, o el cuadro con que se recuerda la primera pasión. Todos estos sentidos surgen de una narración que varía con frecuencia. La doncella gira en torno al modo en que los personajes reaccionan a las apariencias. El teatro de la ambición y el del deseo por pura casualidad van a presentar la representación de un deseo auténtico. El largometraje se dedica a despojarnos de nuestros supuestos. Es una suerte de ejercicio de seducción que se contenta desafiando nuestra credulidad. Cada revelación desnuda una impostura, devela la naturaleza y las pasiones de los cuatro personajes principales. La efectista trama sirve para mostrar los deseos más profundos de cada uno de ellos. Chan-wook tiende a abusar de algunos recursos (el uso de la música, omnipresente como para darle sentido a la palabra melodrama, sobre enfatiza las secuencias dramáticas e idílicas), del mismo modo el director termina por volver más truculenta una historia de por sí artificiosa. Estos excesos no opacan los méritos de La doncella. Una película que desenmascara los engaños y tribulaciones de un inesperado romance.

Felipe González.

 

Artículo inicialmente publicado en DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE CINE.

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La hermana pequeña, de Raymond Chandler https://lacasaartica.com/la-hermana-pequena-raymond-chandler/ Sun, 02 Jul 2017 14:30:21 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5219

En lo que va de año mis socios capitalistas y yo hemos hecho muchas cosas. Para empezar, hemos dejado atrás viejos vicios y más viejos aún malos hábitos tipo leer ...]]> Portada de La hermana pequeña - Raymon Chandler

En lo que va de año mis socios capitalistas y yo hemos hecho muchas cosas. Para empezar, hemos dejado atrás viejos vicios y más viejos aún malos hábitos tipo leer literatura española, a excepción de la decepcionante colección de relatos de Sergi Puertas, de la que ya hemos hablado; de la también más que floja antología de Daniel Díez Carpintero editada por Sloper y de la correcta —esta vez simplemente correcta pero que igualmente se sitúa por encima de la media— novela de celso castro. Y la hemos dejado, a nuestra amada literatura patria, por puro hartazgo. Hartos hemos acabado de búsquedas infructuosas de buenas novelas; hartos de clamorosos éxitos de novelas mediocres (léase Aramburu, si les place) pero hartos, sobre todo, de las mentiras de unos y las mentiras de otros y de soplapolleces varias tipo recomendar entusiastamente, —perjurar , incluso, que se ha gozado— la novela de un manifiestamente mal escritor por la única y despreciable razón de que ese manifiestamente mal escritor va a sacar al nuevo y ahora manifiestamente mal crítico literario de la red (clientelar, parece) en un documental que rinde «homenaje a todas aquellas personas que han puesto en marcha actividades fuera de los circuitos más tradicionales». Me estoy refiriendo, por si no se habían enterado, a Sergio del Molino y su gozo indescriptible a la hora de leer a su nuevo mejor amigo el documentalista David Trueba aprovechando que también él será, en breve, [in]digno de elogio. Queda inaugurado el hashtag #chupchupchup.

Pero dejemos a un lado estas maldades que desmerecen mi nueva y mejorada imagen de estar por encima de todo.

Decía al comienzo del post que hemos hecho, mis socios capitalistas y yo, muchas y muy buenas cosas. La primera, ya lo he dicho, ha sido dejarnos de mierdas, lo que nos lleva directamente a la segunda, que no ha sido otra quevolver. Volver, sí, tan sencillo como eso: hemos vuelto a Faulkner, hemos vuelto a McCarthy, hemos vuelto Conrad, hemos vuelto a Twain, hemos vuelto a Atwood, hemos vuelto a Connolly y ahora, superando lo insuperable, hemos vuelto (muchos, tanto años después) a Chandler, Raymond Chandler, y más concretamente a Marlowe, Philip Marlowe, «terminado en e, para que quede más fino».

Y somos muy felices, sobre todo por esto último. No, no es verdad: sobre todo no, pero casi.

La elegida fue La hermana pequeña. Las razones por las que uno decide leer un libro y no otro son siempre muy aburridas de modo que las voy a ahorrar. Baste decir que, además de habérmelo recomendado vivamente, era, de las siete u ocho novelas dedicadas al personaje, la única que sabía con absoluta certeza que no había caído nunca en mis manos.

El resto del post, esto es, lo que debería ser la reseña y no este eterno divagar, podría ahorrármelo perfectamente. Si han leído ustedes a Chandler sabrán a qué me refiero. Si no ha sido así, tal vez deberían dejar de perder el tiempo con este post y con la chorrada en la que estén inmersos ahora (a excepción, claro, de David Trueba), irse a la librería, a la biblioteca o, en el mejor de los casos, a la estantería del fondo, y sumergirse en la lectura de cualquier otra novela de Chandler, preferiblemente un Marlowe y preferiblemente este, qué coño, ya que estamos.

En La hermana pequeña está todo lo mejor que uno puede esperar de Chandler. Y cuando digo todo, quiero decir TODO, incluyendo los mil y un tópicos del género negro, especialmente los mil y un tópicos del género negro: desde la mujer fatal número uno a la mujer fatal número dos, a la tres, pasando por tiroteos, desaparecidos, reaparecidos, un rastro de cadáveres, de pistas, de policías sin sentido del humor, de toneladas de diálogos rápidos,chispeantes, ingeniosos, hilarantes. De misoginia.

«—Ah, señor Marlowe. Llevo horas intentando localizarle. Estoy tan nerviosa. Yo…
—Mañana por la mañana —contesté—. La oficina está cerrada.
—Por favor, señor Marlowe… sólo porque perdí los papeles un momento…
—Mañana por la mañana.
—Pero es que tengo que verle. —La voz no llegaba a ser un chillido, pero por poco—. Es importantísimo.
—Ajá.
La voz hizo un pucherito.
—Usted… me besó.
—Desde entonces he dado besos mejores —dije.
A la mierda con ella. A la mierda con todas ellas».

Me pillan de subidón por lo que ahora mismo pienso, estoy convencido, de que en toda la historia de la literatura (llamémosle) negra no hay mejor escritor que Chandler; ni mejores historias ni mejores personajes que las suyos. No hay mujeres más duras, ni más dulces, ni más hermosas ni más fatales. No hay enredos mayores, ni detectives mejores, ni más duros, ni más feos que Marlowe; a ninguno como él al que le sienten mejor los besos, las bofetadas, los primeros planos o los terceros grados; a ninguno, como a él, se le desmaya una mujer entre los brazos. Ninguno enciende mejor un cigarrillo.

O bien pueden leer a Trueba o ver su documental y alcanzar, como le ha ocurrido al de la España hueca, una especie de gozo que, al menos en su caso, parece nacer más del interés que de las entrañas. Pueden ustedes probar, si quieren, o bien pueden fiarse de su instinto y gozar de verdad, con literatura de verdad y no con subproductos típicos de la zona.

Porque, reconozcámoslo: la literatura, la buena literatura, la mejor literatura, ha muerto y ya sólo nos queda, si no queremos renunciar a ella, mirar al pasado. A Raymond Chandler, por ejemplo. A Philip Marlowe. A La hermana pequeña.

Me puedo equivocar, pero sería la primera vez.

Datos del libro

Título: La hermana pequeña
Autor: Raymond Chandler
Traductor: José Luis López Muñoz
Idioma: Español
Editorial: Alianza Editorial
Año de edición: 2001
Páginas: 280
ISBN: 9788420672328
Precio en papel: 11,50 €
Precio en eBook: –

Carlos Tongoy.

 

Artículo inicialmente publicado en LA MEDICINA DE TONGOY.

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El cuento de la criada. Nolite te bastardes carborundorum https://lacasaartica.com/el-cuento-de-la-criada-nolite-te-bastardes-carborundorum/ Tue, 27 Jun 2017 14:00:02 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5184

A mediados de los años 80, la canadiense Margaret Atwood estaba preocupada por la nueva ola de conservadurismo que parecía avanzar por el mundo: eran los años de Reagan y ...]]> Póster El cuento de la criada (the handmaid's tale) (Serie de TV) (2017)

A mediados de los años 80, la canadiense Margaret Atwood estaba preocupada por la nueva ola de conservadurismo que parecía avanzar por el mundo: eran los años de Reagan y de Thatcher y de otros gobiernos conservadores, y no sólo en el ámbito económico: también resurgían movimientos fundamentalistas religiosos.

Así que decidió escribir una especie de fábula, una distopía, en la que, en un futuro relativamente cercano (con respecto a su presente, pues la novela se ambientaría a principio de los años 2000), los Estados Unidos han sido sustituidos por un estado absolutista, una dictadura militar de corte teocrático llamado la República de Gilead.

Y decidió contarlo desde el punto de vista de una criada, una sirvienta llamada Offred, que se ha visto obligada a vivir en este nuevo mundo.

En el mundo imaginado por Atwood, años continuados de contaminación ambiental, las enfermedades y los malos hábitos de vida y alimentación (industrializada pero poco sana), han provocado serios problemas de fertilidad: pocas parejas pueden tener hijos, y menos aún son los que nacen vivos. Además, las enfermedades de transmisión sexual (téngase en cuenta que eran los años en los que la gente empezaba concienciarse de lo que era el SIDA), la liberación de la mujer (tanto sexual como su incorporación al mundo laboral), los derechos logrados por los homosexuales, etc. son vistos también como amenazas por un grupito de fundamentalistas religiosos cristianos que se autodenominan los hijos de Jacob).

Aunque esto es anterior a los acontecimientos de la novela (no se nos narra, sólo se nos cuenta como pasó), los hijos de Jacob logran orquestar una serie de ataques (por ejemplo al Capitolio) y culpar de ello a supuestos terroristas, lo que aprovechan para declarar el estado de excepción y finalmente hacerse con el poder y fundar la república de Gilead.

Un régimen militar en el que los jerarcas (los llamados Comandantes de la Fe) detentan un poder absoluto y teocrático sostenido por los llamados Ángeles (los soldados), y por los Ojos de Dios (o simplemente los Ojos, una especie de policía del pensamiento o policía secreta que espía y vigila a los posibles disidentes). En este mundo con problemas de natalidad son crímenes muy graves la homosexualidad, el aborto y el sexo que no tenga como fin la reproducción: garantizar que haya más niños.

Grupo de criadas en El cuento de la criada (The handmaid's Tale) (2017)

Grupo de criadas en El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale) (2017)

Y sin ser mala, y tener cierto éxito y obtener cierto reconocimiento, lo cierto es que la novela tampoco logró pasar a los anales de la ciencia ficción como uno de los libros más recordados. Hasta cierto punto es lógico, en esto de las distopías “Un mundo feliz” y “1984” dejaron el listón muy alto, y The Handmaid’s Tale es un libro mucho más adulto que las historias distópicas de adolescentes que vendrían después (series como las de Los juegos del hambre, Divergente, El corredor del laberinto,…) y que si tendrían mucho éxito de público.

Algunos años después, en 1990, se hizo una adaptación al cine, una película alemana dirigida por Volker Schlöndorff, con Natasha Richardson, Faye Dunaway y Robert Duvall, que en España se tituló El cuento de la doncella, que no es que estuviera mal, pero que no tuvo ningún éxito y es bastante poco conocida. Por eso me sorprendió cuando este año 2017 se estrenó El cuento de la criada, la serie de TV, y comprobé que era la misma historia: otra adaptación  de la novela de Atwood.

Como conozco las tres (novela, serie y película) se me hace difícil no establecer comparaciones, así que aunque me centraré en la serie, gran parte de lo que digo es válido también para las otras dos. Muchas veces es sorprendente cómo se asemejan visualmente la versión cinematográfica y la versión televisiva (pongo algunas imágenes juntas, por parejas, para que comparéis).

Esta es la típica anti-utopía en la que se retrata como un régimen absolutista oprime a los disidentes; de hecho en este mundo los que logran escapar de Gilead son acogidos como refugiados en Canadá (el país más cercano pues la historia se desarrolla en la zona de Nueva Inglaterra, en el noreste). Por cierto, y como curiosidad, en la serie creo que sólo se menciona esta denominación: Gilead, un par de veces en un episodio.

Lo que diferencia a la historia de otras distopías es que aunque retrata la opresión de todos (como todas las distopías) hace especial referencia a las formas de opresión de las mujeres.

En el mundo imaginado por Margaret Atwood, las mujeres tienen asignados unos papeles muy concretos y son divididas en clases (casi como castas) y obligadas a seguir un estricto código de conducta y de vestimenta.

Están las esposas, la cúspide de la pirámide aunque para ellas también rigen prohibiciones como las de leer o escribir libros, que visten siempre de azul (aunque en la serie de TV a mi casi me parece más bien verde, pero bueno).

Elisabeth Moss interpreta a Defred (Offred en el original) en El cuento de la criada

Elisabeth Moss interpreta a Defred (Offred en el original) en El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale)

Por supuesto están las viudas, las esposas cuyos maridos han fallecido (vestidas de riguroso negro, sobran las explicaciones) y las hijas, tanto naturales como “adoptadas” (ya os explicaré lo de las comillas), obligadas a vestir de rosa (los hijos no, esos siguen otro camino).

También están las Martas, mujeres que no pueden tener hijos, bien por su edad, bien por ser estériles (recordad que la esterilidad es un serio problema en este mundo), que están destinadas a ser sirvientas dedicadas a las tareas del hogar: cocinar, limpiar…

Las Martas visten de un verde apagado y su la denominación viene del pasaje bíblico en el que Jesús va a visitar a Lázaro y a sus hermanas María y Marta, y mientras María escucha a Jesús, Marta prepara la comida y los atiende.

Y también están las criadas (que dan título a la serie) que también son sirvientas asignadas a las familias de los comandantes, vestidas de rojo, pero estas –a diferencia de las Martas- si son mujeres probadamente fértiles, que pueden tener hijos.

Por último están las tías, mujeres no fértiles, no casadas y normalmente de cierta edad que visten de color marrón, las únicas a las que se permite leer, y cuya función es adiestrar a las criadas.

Por supuesto no toda la población vive así: esto está reservado para los jerarcas del régimen, los Comandantes y sus familias.

El resto (los hombres de clase social más baja, tienen esposas que deben cumplir todos los papeles (esposa, Marta, criada) a la vez, a las que se denomina “econowives” en el original.

Y estas son las mujeres “legítimas”, las clases socialmente aceptadas. Además están las no-mujeres (las solteras por decisión propia, las lesbianas, las monjas, algunas viudas, las criadas que no han logrado concebir hijos, y en general las mujeres “disidentes”) que son ejecutadas o exiliadas para trabajar en las llamadas colonias (áreas rurales, agrícolas, con fuerte polución).

Y por último las Jezabels, las prostitutas, bien las que ya eran profesionales antes, bien las que se han visto forzadas a ello para eludir ser declaradas no-mujeres. No tienen que seguir ese código de color en la vestimenta, y su función es alternar con los comandantes y los dignatarios extranjeros. Porque –aunque oficialmente no existen- en este mundo diatópico si que hay burdeles más o menos institucionalizados (desconocidos por la mayoría de la población) y reservados para los jerarcas del régimen).

Dos criadas caminan por la calle en El cuento de la criada (The Handmaid's Tale)

Dos criadas caminan por la calle en El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale)

Pero el meollo de la historia (y la razón del título: El cuento de la criada) viene del papel de las criadas (o las doncellas, según la versión). Su “trabajo” es tener hijos, y se considera casi sagrado, una bendición. El problema es que no es voluntario, claro, es obligado: la historia cuenta las vivencias de una de ellas, que es capturada cuando intentaba escapar con su familia a Canadá.

Una vez “entrenadas” por las tías en los llamados Centros Rojos, cada criada una es asignada a un comandante durante un periodo de servicio de unos meses: vivirá en su casa hasta quedarse embarazada, tener un hijo y entregarlo a la familia (aunque siempre permanecen bajo la autoridad de las tías). Y luego (o si no logra tener un hijo) será a signada a otro comandante. A partir de aquí pierden su nombre, pasan a denominarse con el nombre del comandante que tengan asignado en cada momento. La protagonista se llama Defred (Offred en el original) porque ahora está asignada al comandante Fred Waterstone. Literalmente se “de Fred” (“of Fred”) en el original. De la misma forma que otras criadas son Degeln/Ofglen (“de Glen”), Dewarren/Ofwarren (“de Warren”), etc. Y como una propiedad que son, cambian de nombre cada vez que cambian de comandante.

Aunque rodeada de una parafernalia y una liturgia místico-religiosa, su papel no es otro que el de ser úteros andantes: son reproductoras, están ahí para tener hijos. Cada mes, en sus días fértiles, tiene lugar “la ceremonia” en la que se tienden de espalda sobre el regazo de la esposa que la sujeta, mientras el comandante intenta hacer lo suyo.




Todo muy aséptico y muy ceremonial: Nadie se desnuda, ni la criada ni la esposa ni el comandante, por supuesto el comandante no toca ni acaricia a la criada (aparte de penetrarla, claro). De hecho es todavía más ceremonial en el caso de la película, donde la criada (aquí es la doncella) debe vestir un velo rojo que le oculta la cara.

Esto también está justificado bíblicamente por el pasaje en que Raquel, que no podía darle hijos a Jacob, le ofrece a sus dos criadas para que le den un hijo. Pero por mucha justificación bíblica que tenga, no es de extrañar que no sea muy agradable para la esposa, no digamos ya para la criada, claro.

El problema es que en Gilead las estériles son sólo las mujeres, se presupone que los comandantes no tienen problemas de esterilidad, por lo que si una criada no puede quedarse embarazada después de varios periodos de servicio (a pesar de ser probadamente fértiles, bien por las pruebas que les han realizado, bien porque ya han tenido hijos antes) tienen “un pequeño problemilla”.

Esta simulación de que la esposa y la criada son realmente una, se lleva también al extremo en el momento del nacimiento: cuando un hijo de una criada va a nacer ello se considera una fiesta, un regalo divino: todas las demás criadas y esposas de la zona se reúnen, y el parto es dirigido por una tía. La esposa se sienta en la cama detrás de la criada, mientras esta –apoyada en su regazo- da a luz a su hijo. Al hijo de la esposa, claro, porque los hijos son entregados a los comandantes y a sus familias.

Aunque según sus propias declaraciones, Atwood no quería escribir un libro expresamente feminista, (ella quería poner de manifiesto como los fundamentalismos religiosos y el conservadurismo de los 80 podía llevar a una sociedad en la que se retrocediera en las libertades, para todos, no específicamente para las mujeres) lo cierto es que le salió un historia que rápidamente se consideró un libro feminista.

Elisabeth Moss, Alexis Bledel, Jenessa Grant y Bahia Watson en El cuento de la criada

Elisabeth Moss, Alexis Bledel, Jenessa Grant y Bahia Watson en El cuento de la criada (The Handsmaid’s Tale)

De hecho, también las mujeres de la elite (las esposas) están oprimidas y subordinadas a los hombres, pese a haber apoyado la situación, pese a haber ayudado en algunos casos a redactar las mismas leyes que las oprimen. Por ejemplo, Serena, la esposa del comandante Fred, en el pasado era una telepredicadora fundamentalista cristiana (en el libro y en la película) y una escritora y activista (en la serie) mientras que ahora no es más que “la esposa”.

Y esto en la serie también está muy presente y ha sido tomado por bandera de los derechos de la mujer en temas como la libertad sexual, los vientres de alquiler, etc.

Realmente la adaptación del libro, tanto al cine como a la televisión, es muy fiel en ambos casos: serie y película cuentan básicamente lo mismo. Pero mientras notas que a la película “le falta algo”, el hecho de que la serie pueda disponer de 10 horas para contar la misma historia (en vez de las 2 horas de la película) le ha sentado bien, muy bien de hecho. Y no es que cuente muchas más cosas que la película. Sí, es cierto que gracias a flashbacks abunda más en ciertos aspectos de “cómo se llegó” a esa situación, pero de hecho también se deja otras cosas en el tintero: por ejemplo la película es más explícita contando el proceso de entrenamiento de las criadas (allí denominadas doncellas) y el anterior: como son capturadas, como son sometidas a pruebas de fertilidad y como son cargadas en vagones –como si fueran ganado vivo- para llevarlas a los Centros Rojos y someterlas al entrenamiento.

En general os puedo decir que la serie es mejor que la película. No os puedo decir por qué pero es así. Y eso que la película tenía buenos actores (por ejemplo Rober Duvall interpretaba al comandante Fred Waterstone). En la serie, la protagonista es Elizabeth Moss (la secretaria de Mad Men), y también aparecen gente como Joseph Fiennes o Samira Wiley (de Orange is the New Black). Una cosa que me gustó mucho es cómo utiliza la música: mezcladas con la banda sonora más sinfónica, hay canciones pop o rock para realzar ciertos momentos, como Don’t You (Forget About Me) de los Simple Minds, o White Rabbit de Jefferson Airplane (en el episodio en que una alucinada Defred es llevada a uno de los prostíbulos donde conoce la existencia de las Jezabels).

En cualquier caso, recomendable, así que os la recomiendo.

Ah, por cierto, no se si habrá segunda temporada, pero si la hay, se tendrá que basar en “material nuevo”, en guión original, no adaptado, porque básicamente la serie cuenta todo lo que se cuenta en la novela.

<<<<<<<<<<<<< ATENCIÓN SPOILERS >>>>>>>>>>>>>

Como curiosidad: la principal diferencia entre serie, película y libro es el final, no porque sean distintos, sino porque unos cuentan más y otros menos. La serie acaba cuando Defred es llevada por los Ojos. La película acaba un poco después, cuando Defred ha logrado (con ayuda, claro) escapar de ese mundo, y además deja entrever como los movimientos de resistencia formados por insurgentes están iniciando la batalla por derrocar al gobierno de Gilead. Y en cuando al libro, abarca lo que cuenta la película, pero además tiene un capítulo final, una especie de epílogo en el que (más de un siglo después) en un congreso de historiadores, un par de profesores presentan unas antiguas cintas grabadas por la criada como ilustración  de lo que fue el “breve periodo de Gilead”, antes de que el régimen cayera. Por tanto, en el libro, todo está narrado como si fuera como un gigantesco flashback en el que la criada (mediante las cintas) cuenta su historia.

Seldon.

 

Artículo inicialmente publicado en EL POBRE(CITO) HABLADOR.

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Peter Gabriel – 3 (“Melt”) https://lacasaartica.com/peter-gabriel-3-melt/ Sat, 24 Jun 2017 14:30:07 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5130

El álbum del que vamos a hablar no tiene título, al igual que tampoco lo tienen los dos anteriores trabajos en solitario de Peter Gabriel y tampoco lo tendría el ...]]> Peter Gabriel- 3 ("Melt") (1980)

El álbum del que vamos a hablar no tiene título, al igual que tampoco lo tienen los dos anteriores trabajos en solitario de Peter Gabriel y tampoco lo tendría el cuarto. Hoy en día se los distingue por un simple número y por algún término en inglés que haga referencia a su portada. El primero se conoce como “Car” (1977) porque Gabriel va dentro de un coche, el segundo es “Scratch” (1978) porque el músico parece estar rasgando su propia imagen, y este es “Melt” (1980) porque Gabriel parece derretirse como una figura de cera.

Este hombre ha encarnado durante muchos años el arquetipo del músico raro pero genial, desde su legendaria participación en Genesis, donde era mitad cantante mitad performer, disfrazándose de diversos personajes estrambóticos en las actuaciones. El público enloquecía con su gestualidad y con las historias surrealistas que contaba entre canción y canción, y no es de extrañar que en un momento dado quisiera trabajar en solitario.

Tras seis álbumes de estudio en Genesis, Gabriel comenzó su andadura como solista con un primer álbum (el del coche) del que después renegó por su excesiva producción. Su segundo trabajo le dejó más satisfecho pero tuvo menos impacto comercial. Cuando llegó el tercero, el que nos ocupa, nos íbamos a encontrar con el eslabón perfecto entre el fabulador surrealista de sus primeros tiempos y el extravagante showman de la generación MTV en que se convertiría tras el multimillonario So(1986).

No es “Melt” un disco accesible a la primera. Gabriel antepone su afán experimental a su interés popular, y de hecho no es hasta la segunda mitad del disco cuando éste estalla en una supernova de colorido e imaginación. Los primeros temas nos bombardean con percusiones estruendosas y una guitarra agresiva que vienen a acentuar las estructuras casi nunca predecibles de las canciones. Aquí están Intruder (en la que colaboran Phil Collins y el “synthesizer hero” Larry Fast) y No Self Control (con apoyo vocal de Kate Bush e instrumental de Collins, Fast y Robert Fripp). Start es un diminuto instrumental con protagonismo del saxo de Dick Morrissey (el de Blade Runner), y I Don’t Remember, que tuvo videoclip, ya suena como sus futuros temas ochenteros.

Con saxo y sobre todo piano llegamos a la más o menos intimista Family Snapshot y a la rockera And Through the Wire, ésta con Paul Weller a la guitarra. Damos la vuelta al vinilo para darnos de bruces con el himno Games Without Frontiers, un tema un tanto sarcástico sobre aquel concurso tipo gimkana Juegos sin fronteras que se disputaba entre distintos países europeos y emitían aquí mismo en televisión. El vídeo tiene un toque “creepy” importante.

Muy ochentera es también Not One of Us, y pura delicadeza es Lead a Normal Life, instrumental salvo por un breve pasaje central, en la que apreciamos el gusto creciente de Gabriel por la instrumentación y los ambientes étnicos. El álbum concluye con un segundo himno, éste de mucho mayor calado. Se trata de Biko, inspirada por el activista anti-apartheid Steve Biko, que fue torturado brutalmente hasta la muerte por la policía sudafricana. El tema, que pone la piel de gallina, combina cánticos sudafricanos y gaitas. Fue recuperado años más tarde para promocionar la película Grita libertad (Richard Attenborough, 1987) con un interesante videoclip.

Aunque hemos mencionado varias colaboraciones, son muchas más las que figuran en Melt, un álbum que en su momento debió ser acogido por los mejor informados como un verdadero acontecimiento, si bien es cierto que algunos historiadores de la música mencionan los cuatro primeros trabajos de Peter Gabriel (incluyendo “Security”, de 1982) más como obras de culto que como éxitos en sentido pleno. No lo sé, pero está claro que el álbum, pese a que no todos sus elementos han envejecido igual de bien, hace que te preguntes de dónde podía salir tanta creatividad. Un imprescindible en cualquier colección que se precie.

El Conde.

 

Artículo inicialmente publicado en OTRAS MÚSICAS. OTROS MUNDOS.

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Fotografía del movimiento: De Muybridge y Marey al Fotodinamismo futurista https://lacasaartica.com/fotografia-del-movimiento-de-muybridge-y-marey-al-fotodinamismo-futurista/ Thu, 22 Jun 2017 14:30:11 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5062 El carácter beligerante, revolucionario y altamente polémico de la vanguardia futurista se dejó sentir en un amplio abanico de manifestaciones culturales: literatura, artes plásticas, teatro, música… y también, aunque en ...]]> El carácter beligerante, revolucionario y altamente polémico de la vanguardia futurista se dejó sentir en un amplio abanico de manifestaciones culturales: literatura, artes plásticas, teatro, música… y también, aunque en menor medida…

Comba moviéndose (1952, Harold Edgerton)

Comba moviéndose (1952, Harold Edgerton)

El carácter beligerante, revolucionario y altamente polémico de la vanguardia futurista se dejó sentir en un amplio abanico de manifestaciones culturales: literatura, artes plásticas, teatro, música… y también, aunque en menor medida, en la fotografía.

El Futurismo desarrolló una ingente labor propagandística a través de innumerables manifiestos. En ellos abogaron por un cambio en la estética y por un nuevo ideal de belleza acorde a una sociedad moderna profundamente modificada por la industrialización.

En el Manifiesto de los Pintores Futuristas firmado por Boccioni, Carrá, Russolo, Balla y Severini, los artistas proclamaron “representar y magnificar la vida actual, incesante y tumultuosamente transformada por la ciencia victoriosa”.

Su fe en el progreso y en la técnica se tradujo en el elogio de la urbe, de la industria, de la máquina y, en definitiva, de la exaltación de la velocidad y el dinamismo. Por ello, Marinetti afirmó en el Manifiesto futurista publicado en Le Figaro en 1909, que “un automóvil de carreras es más bello que la Victoria de Samotracia”. Por medio de este axioma quedó clara también la insatisfacción que a esta vanguardia le provocaba la cultura oficial y su defensa a ultranza de la modernidad.

Dinamismo de un automóvil (1912-1913, Luigi Russolo)

Dinamismo de un automóvil (1912-1913, Luigi Russolo)

Las manifestaciones artísticas del Futurismo tuvieron como objetivo primordial el estudio y la traducción de la descomposición del movimiento recogiéndolo en sus fases consecutivas. Para ello recurrieron a un eclecticismo formal que aglutinó elementos de diversas tendencias artísticas: impresionismo, divisionismo, cubismo, orfismo y expresionismo. Así, por ejemplo, tomaron la disociación del color de los puntillistas y la disgregación y articulación de planos del cubismo para proporcionar una determinada sensación dinámica. A estas influencias, hay que sumar la contribución fundamental que realizaron a dicha vanguardia y, especialmente al Fotodinamismo Futurista, los estudios fotográficos sobre el movimiento que a finales del siglo anterior habían llevado a cabo Muybridge y Marey.

Las secuencias de fotografías temporalmente inmediatas que estudiaban el movimiento de animales y personas, prefiguraron el cinematógrafo presentado por los hermanos Lumière en 1895. Muybridge y Marey fueron los primeros en preocuparse por la descomposición de un movimiento en sus diversas fases. Muybridge lo registró mediante varias cámaras, mientras que Marey utilizó un solo aparato fotográfico.

Eadweard Muybridge fue el pionero de estos estudios colocando una serie de veinticuatro cámaras, cada una dotada de un obturador, para captar el galope de un caballo que, al pasar, rompía los cables que disparaban las máquinas. El resultado descartó la idea que se tenía sobre el movimiento del caballo, pues demostró que las patas del animal al galope despegan del suelo a la vez y se aproximaban bajo el vientre del equino, suplantando la teoría de la llamada “posición del caballito de madera”, es decir, las patas delanteras estiradas hacia adelante y las traseras hacia atrás, que había sido habitual en la pintura, sólo basta recordar la obra Derby en Epson (1821) de Géricault.

Caballo al galope (1878, Eadweard Muybridge)

Caballo al galope (1878, Eadweard Muybridge)

Estimulado por estos experimentos, Étienne-Jules Marey continuó con la investigación, pero en lugar de trabajar con fotogramas consecutivos como hizo Muybridge, estudió el movimiento a través de un solo cliché. Para ello, en 1882, inventó el fusil fotográfico con cliché circular. Marey disparaba esta máquina a intervalos regulares (doce instantáneas por segundo) de forma que el desarrollo del movimiento de la figura se grababa en una sola placa.




Los descubrimientos de Muybridge y la cronofotografía de Marey tuvieron una marcada repercusión en el mundo del arte. Algunas de las escenas hípicas del impresionista Edgar Degas se basaron en los estudios sobre el movimiento equino que realizó Muybridge y que fueron publicados en 1878.

Pero fue la vanguardia del siglo XX la que, partiendo de esas lecciones, aportó obras trascendentales al arte contemporáneo. Un ejemplo imprescindible es Desnudo bajando una escalera (1912) de Marcel Duchamp, una auténtica pintura cinética caracterizada por la representación simultánea de los distintos movimientos de una mecanizada figura. Como homenaje a este artista y a esta obra, en 1952, Eliot Elisofon retrató a Duchamp bajando por una escalera empleando la técnica de la cronofotografía.

Cronofotografía de Duchamp bajando por una escalera (1952, Eliot Elisofon)

Cronofotografía de Duchamp bajando por una escalera (1952, Eliot Elisofon)

El Futurismo y las obras de sus artistas, tuvieron como eje central esta preocupación por el dinamismo, dejándolo patente en el Manifiesto técnico de la Pintura Futurista: “Todo se mueve, todo corre, todo transcurre con rapidez. Una figura nunca es estable ante nosotros, sino que aparece y desaparece incesantemente. Por la persistencia de la imagen en la retina las cosas en movimiento se multiplican, se deforman, sucediéndose como vibraciones en el espacio que recorren”.

Giacomo Balla había visto en la Exposición Universal de París del año 1900, trabajos de Muybridge y Marey. Este influjo es claramente localizable en conocidos lienzos de Balla del año 1912, como Dinamismo de un perro con correa, La mano del violinista o Muchacha que corre en el balcón.

En el terreno de la fotografía, en 1911, los hermanos Anton Giulio y Arturo Bragaglia fusionaron la máxima futurista del movimiento en el arte con su conocimiento de los estudios fisiológicos de múltiple exposición de Marey. El resultado fue una fotografía dinámica que fijaba los ademanes corporales, registrando el movimiento de los mismos durante su desplazamiento.

El pintor Giacomo Balla (1912, Fotodinamismo de Bragaglia)

El pintor Giacomo Balla (1912, Fotodinamismo de Bragaglia)

Anton Giulio Bragaglia fue realizador cinematográfico además de fotógrafo. En este último campo artístico, pese a partir de la influencia de las cronofotografías, refutó los trabajos de Marey puesto que las exposiciones del francés eran realizadas de forma intermitente, de manera que la continuación del movimiento no era tal en sentido estricto. Por ello, Bragaglia experimentó con fotos en las que prolongaba el tiempo de exposición de las personas en movimiento con el fin de registrar la dinámica de la trayectoria de la acción. El resultado dio lugar a gestos humanos que casi llegaban a la disolución evocando la energía de la maniobra realizada.

El fotógrafo llamó a este tipo de obras “fotodinamismos”, publicando sus teorías y ejemplos de estos trabajos en el manifiesto Fotodinamismo Futurista (1913).

Bragaglia concibió y defendió la fotografía como medio artístico autónomo. Aunque sus experimentos en este terreno contaron con la aprobación y el respaldo de Marinetti, no ocurrió así con Boccioni, que no admitió la fotografía, ni el cine tampoco, como formas de expresión artística y rechazó todo método técnico de reproducción pues, al considerarlo un procedimiento puramente mecánico, no le otorgaba valía artística. Así, podría decirse que la fotografía se mantuvo bastante marginada, con respecto al resto de manifestaciones artísticas, dentro del movimiento futurista.

Bailarina (1936, Gjon Mili)

Bailarina (1936, Gjon Mili)

Todas estas indagaciones sobre dinamismo y fotografía siguieron dando sus frutos a lo largo del siglo XX. Después del Futurismo, Harold Edgerton y Gjon Mili realizaron fotografías a partir de la exposición múltiple de una figura empleando para ello el flash estroboscópico, un tipo de flash electrónico caracterizado por despedir flujos intermitentes de luz.

Mediante las fotografías tomadas con iluminación estroboscópica fue posible examinar cada fase del movimiento, visibilizar su trayectoria y así poder observar detalles sometidos a una velocidad tan rápida que, de otra forma, se escaparían a la mirada humana.

Bibliografía:

MARTIN, Silvia: Futurismo. Taschen, Köln, 2005.
MARTÍNEZ MUÑOZ, Amalia: Arte y Arquitectura del Siglo XX. Vanguardia y utopía social (Vol. I). Montesinos, 2001.
DE MICHELI, Mario: Las vanguardias artísticas del Siglo XX. Alianza Editorial, Madrid, 2000.
NEWHALL, Beaumont: Historia de la Fotografía. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 2002.
SCHNELLE-SCHENEYDER, Marlene: Étienne-Jules Marey. Elementos 37, 2000, pp. 33-35.
SOUGEZ, Marie-Loup: Historia de la Fotografía. Madrid, Ediciones Cátedra, 2004.

Artículo publicado para CRAC # 13 FUTURISMO

Natalia Alonso.

 

Artículo inicialmente publicado en CON EL ARTE EN LOS TALONES.

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El libro de Gloria Fuertes – La conocida desconocida https://lacasaartica.com/el-libro-de-gloria-fuertes-la-conocida-desconocida/ Wed, 21 Jun 2017 14:30:15 +0000 http://lacasaartica.com/?p=5009 El centenario del nacimiento de Gloria Fuertes ha sido aprovechado por algunas editoriales para rendir un merecido homenaje, por la vía de las reediciones, las recopilaciones, las antologías o los ...]]> Portada El libro de Gloria Fuertes: Antología de poemas y vida - Gloria FuertesEl centenario del nacimiento de Gloria Fuertes ha sido aprovechado por algunas editoriales para rendir un merecido homenaje, por la vía de las reediciones, las recopilaciones, las antologías o los ensayos, a esta singular figura de la literatura española. De entre los títulos publicados este año, llama especialmente la atención El libro de Gloria Fuertes. Antología de poemas y vida, cuyo responsable es Jorge de Cascante. Y no solamente porque en él aparezcan diez poemas inéditos de la poeta madrileña, sino sobre todo por su original formato y porque el editor, antólogo y recolector de noticias y anécdotas sobre Gloria Fuertes ha conseguido, entendemos que con notable éxito, conciliar a la conocida poeta de los niños con la casi desconocida autora de poesía para los no tan niños.

Resulta algo fatigoso repetir los lugares comunes –de sobra conocidos– sobre Gloria Fuertes, de modo que no insistiremos en ellos y nos centraremos en reivindicar junto con Jorge de Cascante a la poeta sin más, a la más desconocida, a la incansable trabajadora en verso que hay que desligar definitivamente del exclusivismo de unos calificativos –infantil, para niños, de los niños,…–, que en cierto modo tienden a rebajar su talla lírica. Ese reconocimiento, que en estos días hay que trabajarse a pico y pala desde libros como el que aquí reseñamos, ya le llegó a Gloria Fuertes en 1962 con la antología que Jaime Gil de Biedma preparó para la colección “Collioure” de Seix Barral y con el entusiasmo que derrochaba el poeta catalán cuando de la lírica de Gloria Fuertes se trataba. Pues bien, con el mismo entusiasmo apelamos desde aquí a que quien aún conserve la imagen televisiva de la poeta de Lavapiés se adentre en el libro de Jorge de Cascante para situar a Gloria Fuertes en el lugar destacado que le corresponde en la historia de la poesía contemporánea.

En El libro de Gloria Fuertes se aprecia, entre otros méritos poéticos, la huella que le dejó a su obra el paso por el Postismo –rastreable incluso en su faceta como poeta para niños–; la agilidad para manejar el ritmo y la rima –aun cuando toca ponerse más ripiosa–; su compromiso con causas como el pacifismo o la justicia social –para algunos algo naif, tanto en su tratamiento como en su a prioriconsustancial ingenuidad–; o su estrategia humorística, de la que se sirve la poeta para quitar hierro a asuntos centrales y descarnados de su poesía como la soledad o el desamor –si es que en su caso no son las dos caras de una misma moneda–. El universo poético de Gloria Fuertes se encuentra bien representado en este volumen editado por de Cascante e, insistimos, el libro contribuye a hacerle justicia –poética, se entiende– a la autora madrileña.

Por otra parte, El libro de Gloria Fuertes, de naturaleza miscelánea, se compone de otros elementos que, como objeto, lo convierten en un auténtico disfrute. Las fotos que se incluyen en él, tanto de la autora en sus diferentes etapas vitales como de sus pertenencias, revelan una imagen poco divulgada y en ocasiones sorprendente de Gloria Fuertes; las reproducciones de sus dibujos aportan una mirada entre naif –y perdón por la reiteración– y surrealista de la autora madrileña; y, por no extendernos más, el cómic de Carmen Segovia que cierra el tomo es una delicia en su sencillez.

No obstante, de entre estos materiales extra que ahora nos ocupan, merecen especial atención los aportados por el trabajo y la pluma del autor de esta peculiar antología. El texto titulado “Vida de Gloria. De cómo viajó Gloria de Lavapiés a la eternidad pasando por Pennsylvania”, así como cada una de las anécdotas y curiosidades destacadas en tinta azul proyectan una mirada diferente sobre la poeta, no solo interesante para espíritus cotillas, sino sobre todo para quienes aspiran a conocer de forma orgánica una figura literaria y humana compleja que rompe todos los moldes de las diferentes épocas por las que transitó y de sus literaturas.

Este trabajo de Jorge de Cascante posee muchos más méritos que serían prolijos de enumerar y que, por tanto, dejamos en manos de la curiosidad del lector que se anime a adentrarse en El libro de Gloria Fuertes. Pero antes de cerrar esta reseña, sí nos gustaría volver a destacar que se trata de un volumen sabrosísimo, por su riqueza y diversidad formal, y de un altísimo valor literario, ya que va a contribuir sin duda a convertir de una vez por todas a la Gloria Fuertes más desconocida en la figura reconocible y reconocida poéticamente hablando que nunca debería haber dejado de ser.

Datos del libro

Título: El libro de Gloria Fuertes: Antología de poemas y vida
Autora: Gloria Fuertes
Editorial: Blackie Books
Año de edición: 2017
Páginas: 448
ISBN: 9788416290734
Precio en papel: 24,90 €
Precio en eBook:

Juan Carlos Sierra.

 

Artículo inicialmente publicado en ESTADO CRÍTICO.

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Querida Ijeawele o cómo educar en el feminismo, de Chimamanda Ngozi Adichie https://lacasaartica.com/querida-ijeawele-o-como-educar-en-el-feminismo-chimamanda-ngozi-adichie/ Mon, 19 Jun 2017 14:30:56 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4966 Este ensayo, que no llega a las cien páginas, es oro puro; noventa páginas llenas de sinceridad escritas por quien tiene las ideas pero que muy claras.

Parece que el origen ...]]> Portada de Querida Ijeawele o cómo educar en el feminismo - Chimamanda Ngozi AdichieEste ensayo, que no llega a las cien páginas, es oro puro; noventa páginas llenas de sinceridad escritas por quien tiene las ideas pero que muy claras.

Parece que el origen del texto es que Ijeawele, una amiga de la autora, le pidió consejo sobre cómo educar a su niñita recién nacida en el feminismo. El resultado son estas páginas escritas con un tono cercano y cálido, llenas de compasión, redactadas con humildad, franqueza y mucha autenticidad. En ellas Chimamanda se muestra tal y como es, una mujer fuerte que se ha propuesto encontrar su lugar en un mundo pensado y dominado por los hombres, porque como ella suele decir «El problema del género es que prescribe cómo deberíamos ser, en lugar de reconocer cómo somos».

La autora va desgranando quince consejos, quince lecciones de vida, utilizando lo que llama sus dos herramientas feministas: la primera, piensa que en toda situación y circunstancia y ante todo, tú importas, que tú importas siempre; y ante cualquier situación, pregúntate a ti mima ¿qué ocurre si invierto los papeles hombre-mujer?

El resultado son estos quince excelentes minicapítulos, escritos desde el sentido común, la mesura, el equilibrio y con las ideas muy claras .Un libro muy recomendable, que todos deberían leer, que para mi gusto supera con mucho «Todos deberíamos ser feministas», de la misma autora y que bien puede servir como guía de viaje para navegar por esta sociedad tan exageradamente masculina que nos hemos construido. Una maravilla.

Chimamanda Ngozi Adichie (Enugu, 1977) es una escritora nigeriana de etnia igbo. Hija de un profesor universitario de Estadística, fue con 19 años a estudiar comunicación y Ciencias Políticas a la Universidad de Drexel, en Filadelfia (Estados Unidos) con una beca de dos años. Luego se graduó en la Universidad Estatal de Coneccticut y realizó cursos de escritura creativa en Baltimore y un máster de estudios africanos en Yale.

Sus tres primeras novelas obtuvieron  un premio a cual más importante cada una. Actualmente vive a caballo entre Estados Unidos y Nigeria e imparte talleres de escritura creativa.

Datos del libro

Título: Querida Ijeawele o cómo educar en el feminismo
Autor: Chimamanda Ngozi Adichie
Traductor: Cruz Rodríguez Juiz
Idioma: Español
Editorial: Literatura Random House
Año de edición: 2017
Páginas: 96
ISBN: 9788439732709
Precio en papel: 5,61 €
Precio en eBook: 2,99 €

Antonio F. Rodríguez.

 

Artículo publicado inicialmente en LA ANTIGUA BIBLOS.

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American Pastoral (Pastoral americana) https://lacasaartica.com/american-pastoral-pastoral-americana/ Sat, 17 Jun 2017 14:35:52 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4925 Para su primera película como director, Ewan McGregor ha escogido la adaptación de la novela por la quea Philip Roth se le concedió el Premio Pulitzer en 1998. Perteneciente a su ...]]> Para su primera película como director, Ewan McGregor ha escogido la adaptación de la novela por la quea Philip Roth se le concedió el Premio Pulitzer en 1998. Perteneciente a su trilogía

Poster de American Pastoral (Ewan McGregor, 2016)

Poster de American Pastoral (Pastoral americana) (Ewan McGregor, 2016)

Pastoral americana (American Pastoral, 2016) *** EEUU. 126 min.

Para su primera película como director, Ewan McGregor ha escogido la adaptación de la novela por la quePhilip Roth se le concedió el Premio Pulitzer en 1998. Perteneciente a su trilogía estadounidense que continuó con Me casé con un comunista y posteriormente con La mancha humana.

En realidad a Ewan se le ofreció la posibilidad de dirigirla cuando estaba en el proyecto para interpretar el papel protagonista de “el Sueco”, que representa el ideal americano del héroe deportista y trabajador que se casa con la chica perfecta que ganó un concurso de belleza.

Pero el ideal del sueño americano se torna en pesadilla cuando su hija se convierte en terrorista de la lucha armada durante la turbulenta situación política de los años 60. La icónica perfección de sus padres intimida a su hija, que los ve como a los propios enemigos.

Un potente argumento cuyo guión ha desarrollado John Romano, escritor de films menores y capítulos de series como Canción triste de Hill Street o Cinco en familia, que pierde fuelle frente a la obra literaria. Tampoco brilla la dirección ni la interpretación de Ewan McGregor ni la de Jennifer Connelly, como su esposa.

El personaje de la hija es lo que más sobresale de la película tanto en su adolescencia interpretada por la niña Hannah Nordberg como en su edad adulta en la piel de Dakota Fanning, hermana de Elle Fanning y niña prodigio de Hollywood.

ESCENA CINEFILIA

La proposición de la niña adolescente pidiéndole a su padre que le dé “un beso de verdad, como a mamá” nos deja helados y desde luego es un punto de ruptura en la trama sobre el deterioro de esta familia que simboliza el sueño americano.

Nicole Kidman y Anthony Hopkins en La mancha humana (Robert Benton, 2003)

Nicole Kidman y Anthony Hopkins en La mancha humana (Robert Benton, 2003)

ADAPTACIONES CINEMATOGRÁFICAS DE PHILIP ROTH

Battle of Blood Island (1960) Una película menor adaptaba una historia de Roth sobre dos soldados americanos muy distintos, únicos supervivientes de su batallón frente a las tropas japonesas.

Complicidad sexual (1969) Ali MacGraw, antes de Love Story, vivía una historia de amor con un judío y los problemas que eso planteaba la novela Goodbye, Columbus.

Portnoy´s Complaint (1972) Tampoco es muy reconocida esta cinta sobre la sarcástica novela sobre la vida judía, El lamento de Portnoy.

La mancha humana (2003) Un escándalo universitario causado por la acusación sobre Bill Clinton fue llevado a la pantalla por Robert Benton con Nicole Kidman y Anthony Hopkins.

Elegy (2008) La española Isabel Coixet adaptaba esta novela sobre la vejez con Ben Kingsley y Penélope Cruz.

La sombra de un actor (2014) Al Pacino interpretaba a un actor en declive que tiene una aventura con una lesbiana. Barry Levinson se encargaba de dirigir la novela La humillación.

Indignation (2016) No se ha estrenado aún en España esta adaptación al cine sobre la novela homónima que trata sobre el antisemitismo y la represión sexual en un ambiente universitario de los años 50.

Miguel Albertos.

 

Artículo inicialmente publicado en CINEFILIA.

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La voz de Stanislaw Lem https://lacasaartica.com/la-voz-de-stanislaw-lem/ Fri, 16 Jun 2017 14:30:49 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4906 El escritor polaco Stanislaw Lem rodeado de libros

Oscar Wilde sostenía que la realidad imita a la ficción. Algunos dirán que aquello es exagerado, pero lo cierto es que si ...]]> Stanislaw Lem rodeado de libros

El escritor polaco Stanislaw Lem rodeado de libros

Oscar Wilde sostenía que la realidad imita a la ficción. Algunos dirán que aquello es exagerado, pero lo cierto es que si analizamos obras de anticipación científica como las de Julio Verne, encontramos que no es descabellado afirmarlo.

Durante la década de los ochenta, ciertos científicos – entre los que se puede mencionar a Carl Sagan – y pensadores se unieron para formar en California un proyecto conocido con el nombre de SETI, cuya finalidad era – y aún es – buscar evidencia de vida extraterrestre. Una de las ramas del proyecto consistía en enviar al espacio mensajes de radio, a la espera de que, en algún momento, una civilización alienígena los capte y conteste.

Sin ponernos a discutir sobre la utilidad de la iniciativa, el caso es que Stanislaw Lem en su novela “La voz de su amo” ya había sugerido en 1968 que los humanos trataríamos de descifrar posibles mensajes de civilizaciones extraterrestres, algo similar a lo que pretende SETI.

El escritor polaco nacido en 1921 es, incluso ahora, una de las figuras más importantes de la ciencia ficción principalmente porque propuso un tipo de literatura en la que se aunaba el humor, la ciencia, la imaginación y lafilosofía. Sus obras son a la vez que ensayos políticos, críticas agudas sobre aspectos que van desde el propio quehacer de los escritores del género hasta el avance del planeta.

Le tocó vivir años difíciles: la crisis económica de los veinte, el antisemitismo de HitlerLem pertenecía a una familia judía convertida al catolicismo que solo por fortuna pudo escapar del Holocausto – y el comunismo de corte estalinista. Sus libros, pese a centrarse en mundos donde imperaban la cibernética y las civilizaciones de alienígenas, se alimentaron de todos los horrores y grandezas del siglo pasado para, destilados en el matraz de su imaginación, convertirse en soterrados ataques contra el autoritarismo o incluso contra colegas que hacían de la ciencia ficción una literatura de entretenimiento barato y sin la menor profundidad.

El escritor polaco era sobre todo un pensador. La importancia de sus obras no reside meramente en la construcción de mundos futuristas y fantásticos, sino en la crítica, en la inconformidad contra el mundo que lo rodeaba.

Sus escritos, en resumen, son el resultado de un intelectual sensible que se rehusaba a guardar silencio ante lo que consideraba molesto o injusto. El comunismo, bajo el que tuvo que vivir buen porcentaje de su vida, no era afecto a la crítica y Lem supo convertir la ciencia ficción en el mecanismo adecuado para comunicar al mundo su desazón. Tuvo que enfrentar a la censura, pero casi siempre salió avante, dejándonos joyas de una profundidad tal que ni con el pasar de los años se han desactualizado.

Lem fue un psicólogo, un filósofo, un crítico y de la fusión de todas estas facetas surgió el narrador. Los ojos de su imaginación miraron al futuro de la humanidad con escepticismo y con humor negro, evidentemente porque la vida lo enfrentó a la crueldad humana. Él perdió todas las esperanzas, sin embargo – y es precisamente esto lo que fascina –, siempre está lleno de ellas, igual que usted, yo o cualquiera de nosotros, los terrícolas…

(Lea este texto también en el blog de Ciencia Ficción en el Ecuador).

José Luis Barrera.

 

Artículo inicialmente publicado en LA RUE MORGUE.

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William S. Burroughs y Kurt Cobain – The “Priest” they called him https://lacasaartica.com/william-s-burroughs-kurt-cobain-the-priest-they-called-him/ Thu, 15 Jun 2017 14:30:32 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4888

¡Ooooh! ¡Kurtie! ¡Kurtie! ¡A mí, Kurtie! ¡Fóllame, Kurtie! ¡Lánzame el sujetador, Kurtie! ¡Ups!, me temo que los hombres no suelen usar sujetador. ¡Pues que se despelote! ¡Ay, Kurtie! ¡Pagaría porque ...]]> Portada del EP The "Priest" they called him (1993) - William S. Burroughs y Kurt Cobain

¡Ooooh! ¡Kurtie! ¡Kurtie! ¡A mí, Kurtie! ¡Fóllame, Kurtie! ¡Lánzame el sujetador, Kurtie! ¡Ups!, me temo que los hombres no suelen usar sujetador. ¡Pues que se despelote! ¡Ay, Kurtie! ¡Pagaría porque me violaras, Kurtie! Bien, esto viene a ser más o menos una recreación de la catarsis grunge a la que podían llegar los y las fans de Nirvana en sus conciertos a principios de los noventa. No sé si mis queridos lectores lo habrán pensado, pero es posible que alguien se haya preguntado a sí mismo: “¿LOS y LAS fans?”. Y efectivamente. No sólo ellas son las histéricas pues, seguramente, a más de uno le molaría el rollo ése del calentón idolátrico. Por desgracia para LAS y LOS grunge-sexuales, este artículo se encamina por otras sendas y, aunque la música de Nirvana marcó un estilo y una época y, por qué negarlo, me mola, yo voy a hablar del Kurt Cobain externo a Nirvana. ¿Es que acaso ese tipo hizo algo fuera de Nirvana? Pues sí, aunque fue realmente poco, ya que el joven Kurt apenas tuvo tiempo para proyectos más ambiciosos al margen de sus camaradas de Seattle.

La historia parte de la admiración que Kurt sentía por uno de los escritores norteamericanos más innovadores del siglo XX: el señor William S. Burroughs, un grande de la literatura que se hizo tristemente famoso por matar “accidentalmente” a su esposa mientras jugaban a Guillermo Tell con un revólver. Mr. Burroughs –heroinómano, icono de la generación “beatnik” de los años cincuenta, pionero del uso de la escritura automática en sus historias y creador de un corrosivo estilo asintáctico que brotaría más tarde en escritores como Anthony Burgess (“La naranja mecánica”) y el propio Kurt en sus diarios- no se sentía especialmente atraído por la música de Nirvana ni por la proposición del ídolo grunge para colaborar. Atrás quedaban ya esos trabajos conjuntos del escritor con grandes músicos como Laurie Anderson, Tom Waits o Iggy Pop. Atrás yonquis y maricas, atrás “El almuerzo desnudo”, atrás Tánger, atrás los chutes de insecticida… A sus setenta y ocho años, Mr. Burroughs no parecía tener mucho en común con un rubio y melenudito icono de la juventud. Sin embargo, la colaboración se llevó a cabo, eso sí, sin que ninguno de los dos llegara a conocerse nunca en persona. Kurt grabó en Seattle, William en Lawrence (Kansas). Teléfono y correo. Nunca se vieron las caras.

Le llamaban “el Cura”. Así titulaba Mr. Burroughs uno de los relatos incluidos en su libro “Exterminador” de 1973. Veinte años después, sale a la luz un raro E.P. con el mismo título. Raro por lo difícil que es de encontrar y raro, también, por ser (escríbanme un comentario si me equivoco) el único trabajo experimental de Kurt Cobain. Durante los primeros segundos de reproducción, una guitarra ruidosa y sórdidamente ejecutada intenta tocar mal que bien un fragmento de “Silent Night” antes de sumirse en crudas secuencias de ruido que en algo recuerdan a los Sonic Youth en su faceta experimental. Cuando el adorable villancico intenta ser recuperado de nuevo para volver a romperse en pocos segundos, la voz de Mr. Burroughs comienza a narrar “Le llamaban el Cura”, una historia de yonquis, tuberculosis y venta clandestina de piernas humanas a las vísperas de Navidad. Al igual que “Silent Night”, un segundo cántico navideño, “To Anacreon in Heaven”, intenta hacerse sitio entre la demoledora masa sonora. ¡Kurtie! ¡Kurtie! Lo siento, baby, pero si buscas al rey del grunge, no lo encontrarás en este breve disco, que incluye un solo corte inferior a los diez minutos de duración.

Esta es la huella, ligera, pequeña, de un Kurt Cobain desconocido con unas inquietudes mucho más allá de Nirvana, del dinero y de ponerse hasta el culo de diversas sustancias mierderas. Y también la huella, también pequeña, de un literato en el ocaso de una carrera revolucionaria y de una vida extraña que, paradójicamente, se apagó años más tarde que la de Kurt, el joven Kurt.

Ken Follet everybody!*

Anexo 1. He aquí un enlacillo relacionado con el post:

Wiki-información sobre Mr. Burroughs.

Anexo 2. Mira tú por dónde, que la foto de William S. Burroughs de la tapa trasera del disco se la hizo el gran Gus Van Sant, director precisamente de los “Last Days” de Kurt Cobain.

Anexo 3. * “Ken Follet everybody” es una despedida cariñosa para los lectores. Su significado es algo así como “Que os follen a todos” y está patrocinado por la Asociación de Víctimas de los Libros de Ken Follet. La mayor parte de miembros de esta asociación presenta traumatismos craneales severos provocados por el impacto de alguno de los tomos de este escritor de best-sellers.

Héctor Perezagua.

 

Artículo inicialmente publicado en VIRGEN CIEGA.

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Richard Linklater en estado puro https://lacasaartica.com/richard-linklater-en-estado-puro/ Wed, 14 Jun 2017 14:30:31 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4845 Repaso por las obras fundamentales del realizador estadounidense Richard Linklater, desde Slacker (1991) pasando por Movida del 76 (1993) o Boyhood (2014) hasta su último trabajo Todos queremos algo (2016).

Repaso por las obras fundamentales del realizador estadounidense Richard Linklater, desde Slacker (1991) pasando por Movida del 76 (1993) o Boyhood (2014) hasta su último trabajo Todos queremos algo (2016).

Fotograma de Slacker (Richard Linklater, 1991)

Fotograma de Slacker (Richard Linklater, 1991)

Slacker (1991) por Ramón Rey

La realización personal formaba parte esencial de los baby boomers, cuya mitificación se terminó de construir en la lucha por los derechos civiles, la revolución feminista y la contracultura estadounidense de los años sesenta. La generación posterior de jóvenes no tenía nada sencillo estar a la altura de las expectativas de sus mayores y en apariencia muchos de ellos ni siquiera lo intentaron. Slacker retrata durante veinticuatro horas en Austin las peculiaridades de una generación apática, sin ideales por los que valga la pena luchar, sin objetivos vitales que se deseen cumplir, con una conciencia del mundo de una gran mentira moldeada por los medios de comunicación y las instituciones. Actuar se considera a la vez como una pérdida de tiempo y una sumisión a unos valores sociales que ellos no comparten, como una restricción de su libertad individual. Tener una carrera profesional exitosa, consumir, crear una familia, … todas esas decisiones no tomadas se ven así como un ejercicio de autoafirmación.

La ópera prima de Richard Linklater posee los que serán elementos básicos definitorios del resto de su filmografía. Largos planos secuencia, conversaciones que llevan el peso narrativo desde una aparente digresión continua que sirven para elaborar temáticamente su propuesta y la inclinación a experimentar con el tiempo como una coordenada cinematográfica fundamental. Sus escenas se suceden a la deriva, fluyendo sin un rumbo marcado, sin una trama concreta, encadenadas por interacciones de los personajes, en muchas ocasiones mínimas, que comparten incidentalmente un espacio y un instante concreto de su cotidianidad. Una fugacidad que captura con la cámara y se contagia al conjunto, como uno de esos sueños o ventanas a otras realidades que el personaje del mismo director comenta al inicio del film. Así transcurre un día cualquiera en el que no ocurre nada especial, en el que todo sigue igual. Uno de tantos que forman la biografía de sus no-protagonistas, que prefieren pasarlos absortos en conversaciones políticas e inmersos en referencias literarias y audiovisuales, sin más meta que cimentar su propia perspectiva intelectual de lo que les rodea.

Movida del 76 (Dazed and Confused, 1993) por Yago Paris

La adolescencia, ese momento vital raro, en el que uno normalmente no tiene personalidad suficiente para hacer un análisis crítico de la burbuja en la que vive, ni mucho menos para tomar las riendas de su destino. La adolescencia en Estados Unidos, esa que a través del inmenso bagaje audiovisual se ha difundido como un terreno semejante a la jungla, en el que la ley del más fuerte se expresa en cada acción, en cada rincón del instituto, en cada decisión tomada, y en la que el honor y la imagen pública lo son todo. En Movida del 76 (1993), Linklater echa la vista hacia atrás y se olvida de toda nostalgia para plasmar lo que vivió en esas fechas, como adolescente de los locos años 70 de despertar intelectual pero también mayor libertad social, tantas veces mal entendida como gamberrismo.

En esta cinta no se encontrará el menor resto de encumbramiento de un pasado que no se recuerda como mejor que el presente. Sin ánimo de dramatizar ni de incriminar –el cine de Linklater es tan complejo en su sutileza que está por encima de esas categorizaciones reduccionistas–, la visión es la del joven socialmente insertado pero de mirada extrañada, incómoda, que observa en piloto automático lo que ocurre a su alrededor y todavía no es consciente de lo poco que esto le gusta. Desarrollada a lo largo de un intenso último día de instituto, con su respectiva noche de fiesta, el autor se sumerge en ambientes festivos en los que la diversión se torna agridulce, los escarceos con el futuro amenazan con amargar la situación y los instintos testosterónicos de conquista del objeto femenino y marcaje del territorio se palpan en cada fotograma. Un recorrido complejo y nada evidente sobre lo que pudo suponer vivir en esa época para esa persona que forma parte de algo más por necesidad que por voluntad.

Ethan Hawke y Julie Delpy en Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)

Ethan Hawke y Julie Delpy en Antes del amanecer (Richard Linklater, 1995)

Antes del amanecer (Before sunrise, 1995) por Juan Salinas

Chico conoce a chica en un tren con destino a París. En Viena deciden bajarse para pasar lo que será una noche de descubrimiento y reflexión que marcará sus vidas. Con esta premisa arranca Before Sunrise, un film que refleja en el transcurso de una noche lo que es la primera fase de toda relación sentimental. A lo largo de las horas somos testigos de cómo progresivamente el sentimiento afectivo crece en los protagonistas llegando a un clímax en el cual se deberá elegir si merece la pena iniciar una nueva aventura juntos o por el contrario continuar cada uno con su camino.

A priori puede parecer la típica cinta romántica que, buscando el sentimentalismo impostado, termina cayendo en los clichés habituales del género que restan originalidad a su conjunto, pero he aquí donde aparece la marca de autor de un cineasta como Linklater, siendo capaz de captar a través de largos planos secuencia la pureza del amor incipiente, haciendo uso de unos diálogos que versan sobre la vida en ese punto en el que todo está repleto de esperanzas y sueños quedando reflejadas en dos personalidades unidas por el destino y por un sentimiento mutuo que va creciendo hasta que los primeros rayos del Sol irrumpen en la noche.



Before Sunrise es un film que, sustentado por dos personajes conversando por las calles de Viena, tiene como objetivo captar la magia del instante por lo que deja de lado cualquier artilugio narrativo y visual que se aleje de toda intención naturalista. Esta decisión provoca que los actores vivan sus personajes mucho más cercanos a ellos mismos haciendo uso de un diálogo lírico concienzudamente escrito pero recitado de forma fresca, casi improvisada, por lo que el relato queda marcado por un cierto realismo poético.

Escuela de rock (School of Rock, 2003) por Jaime Lorite

«¿Queréis que os enseñe algo? Bien, tengo una lección para vosotros. ¡Abandonad! ¡Rendíos! En esta vida no se puede ganar. Podéis intentarlo, pero al final caeréis derrotados, porque El Hombre domina el mundo. ¿No conocéis al Hombre? Está en todas partes. Es quien manda en la Casa Blanca. ¡La directora Mullins es también el Hombre! El Hombre es el que está acabando con la capa de ozono, el que está devastando el Amazonas, el que secuestró a la orca Sharmu y la metió en un tanque con cloro. Y había una forma de plantarle cara: se llamaba rock & roll. ¡Pero adivina! El Hombre lo destruyó creando la MTV».

Despreciada como anomalía comercial en la carrera de Richard Linklater, Escuela de rock (2003) no solo es un trabajo profundamente personal, sino que se trata, además, de uno de los más conseguidos de su director. Con ese don suyo para mimetizarse con los actores y conducir la película con ellos de la mano, Linklater se apoya en un entregadísimo Jack Black (olvidemos aquel doblaje infame de Dani Martín, propio de la peor de las realidades posibles como es la nuestra) para articular un relato que no por elemental resulta menos sincero.

Al igual que, en su debut Slacker (1991) –“vago”, en español–, Linklater realizaba una crónica generacional de aquellos antisistema inconscientes que, por omisión, renegaban de engrasar la maquinaria capitalista para entregarse al ocio digresivo, el protagonista de Escuela de rock es también un cruzado contra la carca disciplina adulta, que vive sin pagar alquiler en casa de un amigo. Tras suplantar la identidad de éste y obtener un empleo de profesor, el personaje encontrará su salvación en un grupo de niños con los que se entiende mejor que con cualquier adulto (están también oprimidos por autoridades: su directora, padres…) y a quienes enseñará el idioma de la rebelión, el rock & roll. Podría sonar a narración prefabricada, pero el director logra la excelencia firmando una película tan luminosa que sus destellos casi impiden ver los matices: además de su aportación a esa Nueva Comedia que, por aquel entonces –con figuras como Adam Sandler, Ben Stiller o el propio Black–, estaba ocupándose del adulto inmaduro de finales y principios de siglo, el de Linklater es un regalo optimista a la América post-11S que invita a una sana revolución contra aquello que se interponga frente al placer. Porque, como intuían aquellos slackers desde su abstracción fumeta, nada fastidia más al sistema que la gente divirtiéndose.

Ethan Hawke y Julie Delpy en Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)

Ethan Hawke y Julie Delpy en Antes del anochecer (Richard Linklater, 2013)

Antes del anochecer (Before Midnight, 2013) por Juan Salinas

Nueve años después de la segunda entrega (Before Sunset, 2004) y con unos Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) ya cuadragenarios, Linklater nos muestra en esta ocasión cómo ha ido evolucionando a lo largo de dieciocho años la relación de los dos protagonistas, esta vez bajo el sol crepuscular del Peloponeso. Si la primera película se define por la pasión e ilusión por iniciar una nueva aventura amorosa, y la segunda nos muestra una perspectiva más madura y racional de aquel primer encuentro, es en Before Midnight donde queda patente el deterioro de la cotidianidad, el desgaste de la convivencia, las disputas conyugales o cómo los hijos modifican una pareja. Es por ello que esta última posee mayor grado de madurez que las anteriores, no sólo en los personajes sino en la complejidad de los temas que se ocupan a raíz de conversaciones trascendentales en las que se abordan cuestiones filosóficas y metafísicas creando un debate que invita al espectador a reflexionar sobre cómo el tiempo y las circunstancias modifican nuestra existencia y alteran el comportamiento de dos personas a la hora de afrontar las vicisitudes del día a día llegando incluso a corromper una relación que en sus inicios parecía idílica.

Por tanto, Linklater en su empeño por mostrarnos la realidad sin falsos dramatismos, radiografía las relaciones humanas con el fin de conseguir un grado de comprensión e implicación que se da a través del análisis exhaustivo de unos personajes creados como testimonio de cualquier matrimonio que sobrepase la edad de madurez, mostrándonos, en el compendio de la trilogía, la continua evolución de las distintas etapas del amor manifestándose de diversas maneras.

Boyhood (2014) por Jaime Lorite

Resulta curioso que las dos grandes finalistas a la 87ª edición de los Oscar, Boyhood (Momentos de una vida) y Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia) (Alejandro G. Iñárritu, 2014), fuesen dos películas construidas sobre proezas pero, a la vez, tan antagónicas: la primera, rodada a lo largo de doce años, y la segunda, montada como un único plano secuencia gigante. El problema es que, de películas fundamentadas en rodajes de epopeya, uno espera justamente eso, epopeyas, y pocos géneros podrían ajustarse peor a una película tan antiépica como Boyhood. En cambio, difícil encontrar en el panorama actual un cineasta más intenso y pomposo que Iñárritu: en la época de los 140 caracteres y del consumo voraz e irreflexivo, no hay tiempo para sutilezas y la gloria fue para el mexicano, que entregó a los académicos las dos tazas de subrayada trascendencia que pedían.

No, Linklater no descifró el sentido de la existencia como muchos parecían esperar que hiciera: al igual que en su trilogía Antes de… (1995–2013), el director de Texas simplemente colocó su cámara y se puso a contemplar el tiempo, deteniéndose en esos pequeños momentos, esos pequeños instantes que marcan todo un mundo. Salvo en el improbable caso de que seas Napoleón o Gengis Kan, no hay hecho más grandilocuente en la vida que el propio viaje, pues, como dice el personaje de Ethan Hawke a su hijo en el clímax (si se le puede llamar clímax) de la película, no se trata de entender nada, se trata de sentir. Y de repente, abres los ojos y te percatas de las brujerías que parecen haberse entrecruzado y confabulado para arrastrarte al aquí y al ahora, como cumpliendo los oscuros designios de una extraña profecía antediluviana.

Austin Amelio, Tyler Hoechlin, Ryan Guzmán, Forrest Vickery y Tanner Kalina en Todos queremos algo (2016)

Austin Amelio, Tyler Hoechlin, Ryan Guzmán, Forrest Vickery y Tanner Kalina en Todos queremos algo (Richard Linklater, 2016)

Todos queremos algo (Everybody Wants Some!!, 2016) por Yago Paris

Luz, coches molones, My Sharona. Testosterona, chicas guapas, competitividad como modo de vida. Fiesta, alcohol, baile. Novatos, nerviosismo, emoción. Sudor, intensidad, nostalgia. Nostalgia, nostalgia, nostalgia. Después de rodar Movida del 76 (1993), Richard Linklater vuelve a echar la vista a su pasado, a los setenta, y si en aquella nada aludía a sentimientos positivos, en esta, su última película, la mirada se torna nostálgica. Todos queremos algo (2016), la secuela espiritual de la anterior citada, relata la llegada a la universidad de los novatos, y se centra en los tres días previos al inicio de las clases. El tiempo cinematográfico se expande para captar los inicios, el nerviosismo de quien llega a un sitio desconocido y muchas veces hostil, los tiempos muertos entre hombres, siempre hombres, en un terreno en el que toda situación se convierte en una disputa en la que demostrar la hombría y luchar por mantener una imagen pública.

Todo hombres, excepto en las noches de cacería, en las que las mujeres se convierten en objetos de conquista. La mirada es la de un hombre que ha vivido esos ambientes y que ahora regresa a los mismos. Ese conocimiento de causa, y/o su capacidad para captar la esencia de las circunstancias, es lo que permite que una película empapada de nostalgia no deje de ser por ello honesta y realista. Aunque más enrollada de lo habitual en su cine, Todos queremos algo sigue apostando por esa esencia anticlimática que caracteriza a Linklater, esa del medio gas, de las sensaciones enrarecidas, del no saber muy bien qué está ocurriendo o por qué. Las impresiones del director se canalizan a través de su protagonista, un chico guapo, socialmente aceptado e insertado y que, sin embargo, aunque disfruta de su estatus, no se siente completo. Demasiado sensible para buscar en las mujeres únicamente la satisfacción sexual, demasiado complejo como para convertir todo en un desglose de testosterona, demasiado raro para ser el chico exitoso de la universidad. Más por inercia que por decisión, este joven, como la película, avanza descubriendo la vida mientras esta se muestra ante él, ante la cámara. Y ahí está la mano de Linklater para regalarnos un pedazo de cine en estado puro.

Artículo inicialmente publicado en VOS REVISTA.

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Repudiados, de Osamu Dazai https://lacasaartica.com/repudiados-osamu-dazai/ Mon, 12 Jun 2017 15:00:24 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4829 En “Cerezas”, el último relato de este libro, dice el narrador: Ya no tenía ganas de trabajar. Lo único que quería era suicidarme, por lo que acudí directamente a un bar.

No ...]]> Portada de Repudiados - Osamu DazaiEn “Cerezas”, el último relato de este libro, dice el narrador: Ya no tenía ganas de trabajar. Lo único que quería era suicidarme, por lo que acudí directamente a un bar.

No conozco muchos autores que se hayan autodestruido tanto en el papel (y en la vida real, pues además del alcoholismo y las depresiones, Osamu Dazai logró matarse tras varios intentos fallidos). En sus obras, este escritor japonés siempre se hace daño, se acusa a sí mismo, se convierte en una especie de mártir a quien su propio dedo señala los errores que comete, las faltas de su personalidad, las taras de su conducta.

De los 9 estupendos relatos que reúne Repudiados, me quedaría con estos tres, si tuviera que elegir: “Repudiados”, “En memoria de Zenzō” y “Cerezas”.

En el primero de esos relatos nos cuenta la historia de cómo una pareja decide suicidarse, y los preparativos acordes con la decisión: comprar barbitúricos, viajar a la región elegida…

En el segundo, el autor acepta una invitación para juntarse con varios artistas en su tierra de origen; pese a su reticencia y a su misantropía acepta acudir al evento y codearse con los artistas de su ciudad. Pero se siente incómodo, fuera de lugar, dice que incluso su familia no quiere leer sus novelas, y se siente repudiado de una manera que comprendemos perfectamente quienes, metidos en tareas relacionadas con las letras, hemos emigrado a otras ciudades y sabemos que nadie es profeta en su tierra, etcétera. Es uno de los textos donde Osamu Dazai más se ataca a sí mismo. Me pareció bastante demoledor.

En “Cerezas”, el tercero de los citados, habla de su entorno doméstico, familiar, utilizando alternativamente la primera y la tercera persona del singular, estrategia con la que logra verse a sí mismo desde fuera y desde dentro.

Admiro la fluidez de Osamu Dazai para contarnos cosas, y hacerlo en un estilo sencillo, más o menos como el que utilizaría un colega que nos contara confidencias en una taberna, a media voz. Aquí van unos fragmentos; se indica debajo la procedencia:

Soy un ser desastroso que ha recibido muchísimos golpes a lo largo de su vida. Pensé que quizá todo aquello fuese una broma de mal gusto en la que fingían que me consideraban famoso. La idea de que en aquel preciso instante pudiese haber muchísima gente riéndose de mí, apuntándome con el dedo y sacándome la lengua, me causó una gran turbación- estaba convencido de que ni una sola persona de mi pueblo había leído alguna de mis obras. Y, en el caso de que alguien lo hubiese hecho, seguramente habría leído solo las partes en las que el protagonista hacía algo desastroso, riéndose de la lástima que le producía y contándoselo luego a los demás entre carcajadas, burlándose de mí y tratándome como a la vergüenza del pueblo. De hecho, la última vez que vi a mi hermano mayor, hace cuatro años, me dijo que dejase de mandarles mis novelas a casa.

[De “En memoria de Zenzō]

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Soy un imbécil que nunca sabe portarse como es debido. Y todo por culpa del ambiente de mi tierra. Siempre que logro introducirme en ella, de la manera que sea, siento como si me quedase sin fuerzas, me pongo caprichoso y pierdo el control. Incluso me sorprendo a mí mismo de lo maleducado que puedo llegar a ser. Mi capacidad para controlar la situación se derrumba y termina desapareciendo. El corazón empieza a latirme violentamente, lo cual es muy desagradable, y siento como si se me aflojasen los tornillos, hasta que llego a un punto en el que me es del todo imposible mantener una actitud recta.

[De “En memoria de Zenzō]

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Empleo todas mis fuerzas en crear un ambiente divertido y agradable, a pesar de que por dentro sienta el corazón destrozado y un terrible dolor en el cuerpo. Por eso, cada vez que me despido de la persona con la que estoy, noto como si estuviese a punto de desmayarme. Entonces es cuando comienzo a pensar en el dinero, en la moral y en suicidarme. Bueno, en realidad es algo que también me ocurre cuando escribo. Cuando más triste estoy, más me esfuerzo por crear historias divertidas. Si lo hago es porque pienso que agradarán a los demás, pero lo cierto es que no se dan cuenta y siempre terminan criticándome por ello.

[De “Cerezas”]

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La vida es algo muy complicado. Nos encadenamos a multitud de personas y obligaciones, y, cada vez que intentamos salirnos un poco de lo establecido, todo sangra.

[De “Cerezas”]

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Datos del libro

Título: Repudiados
Autor: Osamu Dazai
Traductores: Ryoko Shiba y Juan Fandiño
Idioma: Español
Editorial: Sajalín Editores
Año de edición: 2016
Páginas: 207
ISBN: 9788494378218
Precio en papel: 16,63 €
Precio en eBook:

José Ángel Barrueco.

 

Artículo inicialmente publicado en ESCRITO EN EL VIENTO.

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Grandes álbumes: The Velvet Underground – The Velvet Underground & Nico https://lacasaartica.com/grandes-albumes-the-velvet-underground-the-velvet-underground-and-nico/ Sun, 11 Jun 2017 15:00:00 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4786 The Velvet Underground and Nico es el primer álbum de estudio de la banda estadounidense de rock lanzado en 1967, en el que cuenta con la colaboración la cantante Nico

Portada ...]]> The Velvet Underground and Nico es el primer álbum de estudio de la banda estadounidense de rock lanzado en 1967, en el que cuenta con la colaboración la cantante Nico

Portada del álbum The Velvet Underground & Nico (1967) - The Velvet Underground

Portada del álbum The Velvet Underground & Nico (1967) diseñada por el artista Andy Warhol, primer trabajo de la banda The Velvet Underground

The Velvet Underground and Nico es el primer álbum de estudio de la banda estadounidense de rock The Velvet Underground lanzado en 1967, en el que cuenta con la colaboración en las voces de la cantante alemana Nico. Su grabación se efectuó en Nueva YorkHollywood entre abril y mayo de 1966 bajo la dirección del líder del movimiento pop art, el estadounidense Andy Warhol, aunque no se acreditó a Norman Dolph y John Licata, responsables de las sesiones en Nueva York, y a Tom Wilson, que, en palabras del propio bajista de la banda John Cale, fue el productor de casi todas las canciones. Pese a que se grabó en 1966, no salió a la venta hasta marzo de 1967 por distintos problemas, por medio del sello discográfico de jazz Verve Records, propiedad de Metro-Goldwyn-Mayer.

Cualquiera sentiría ciertos apuros para hablar de un álbum de rock, cuya influencia ha sido tan amplia y generalizada como The Velvet Underground & Nico. Mientras que le costó más de una década conseguir ventas de álbumes de seis dígitos, el glam, el punk, la new wave, el goth, el noise y varios otros movimientos rock de centro-izquierda tienen una perceptible deuda con este disco. Mientras que The Velvet Underground tenía un sonido tan distintivo como cualquier banda, lo más sorprendente de este álbum es su diversidad. Aquí, los Velvet sumergieron sus pies en el dream-pop (Sunday morning), el áspero garage-rock (Waiting for the man), el rhythm & blues (There she goes again) y canciones de amor desdramatizadoras (I’ll be your mirror), cuando no estaban ocupados creando sonidos sin precedentes pop. La exploración lírica de Lou Reed sobre drogas y sexo fetichista (entonces temas arriesgados en el cine y la literatura, dejando aparte la “música adolescente”) siempre recibió mayor atención de la prensa, pero la música de Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker era tan radical como las palabras que la acompañaban. La vigorizante discordia de European son, la inquietante belleza de All tomorrow’s parties, y la dinámica expresiva de Heroin siguen tan convincentes como el día que se registraron. Mientras que la importancia de las contribuciones de la alemana Nico se han debatido durante muchos años, ella encajaba con las perspectivas de la banda en que ella apenas sonara como una típica cantante de rock, y si la presencia de Andy Warhol como productor fue sobre todo como una cuestión de firma de cheques, su notoriedad permitía a The Velvet Underground grabar su material sin compromisos, lo que habría sido casi imposible en otros casos. Pocos discos de rock son tan importantes como The Velvet Underground & Nico, y menos aún han perdido muy poco de su poder para sorprender e intriga más de 40 años después de ocupar las estanterías de tiendas de discos y fonotecas particulares.

La temática del disco se centraba en tópicos como el uso y abuso de drogas, la prostitución, el sadismo y masoquismo, y las desviaciones sexuales, siendo este trasfondo oscuro considerado revolucionario en su tiempo. La música fue obra principalmente casi exclusiva del bajista John Cale. La portada de la producción estuvo diseñada por el propio Warhol, y se trata de la imagen de un plátano pop con una invitación a que se lo pelen (“Peel slowly and see”). En diferentes ediciones del álbum, incluida la primera, el plátano es una calcomanía que tapa una imagen fálica (“plátano” rosado sin cáscara). La contraportada de la primera edición contenía una proyección del show Exploding Plastic Inevitable.

El álbum debutó en el puesto 171 entre los álbumes más vendidos de la lista Billboard y desapareció de las tiendas prácticamente de la noche a la mañana. Fue muy poco exitoso desde su lanzamiento, pero a la postre se convirtió en uno de los discos más influyentes y aclamados por la crítica en la historia. En 2003, la revista Rolling Stone lo colocó en el número 13 en su lista de Los 500 mejores álbumes de todos los tiempos. En 2006, un jurado compuesto por expertos en preservación de música y sonido de Estados Unidos anexó el disco al Registro Nacional de Grabaciones de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos debido a su “significancia cultural o histórica” en la vida estadounidense.

The Velvet Underground, Nico y Andy Warhol

The Velvet Underground, la cantante alemana Nico y el artista Andy Warhol. Foto: Steve Schapiro/Corbis.

The Velvet Underground and Nico fue grabado con la primera alineación de The Velvet Underground, que incluía a Lou Reed, John Cale,Sterling Morrison y Maureen Tucker, y con Nico, quien en ocasiones era la voz principal, y bajo la instigación del mentor y manager de la banda, Andy Warhol. Nico fue la voz principal en tres canciones del disco (Femme fatale, All tomorrow’s parties y I’ll be your mirror) y acompañante en Sunday morning. En 1966, mientras el álbum estaba siendo grabado, ésta sería la alineación que actuaría en vivo como parte de la exposición Exploding Plastic Inevitable de Warhol.

La mayor parte de las canciones que formaría parte del disco se grabaron a mediados de abril de 1966, durante un período de cuatro días en los estudios Scepter, y una parte menor en un estudio de Nueva York. Esta sesión última fue financiada por Warhol y el ejecutivo de ventas de Columbia Records, Norman Dolph, quien también actuó como ingeniero de audio junto con John Licata. Aunque el costo total del proyecto se desconoce, se estima que fue entre 1.500 y 3.000 dólares.

La grabación en Scepter se efectuó con bastante rapidez. Los primeros dos días fueron de trabajo con una duración aproximada de entre 8 y 10 horas, el tercer día se dedicó a escuchar el material, y el cuarto se dedicó a la mezcla del material. Poco después, Dolph envió un acetato de la grabación a Columbia Records, en un intento para que promocionaran el disco, pero éstos declinaron hacerlo, al igual que Atlantic Records y Elektra Records. Eventualmente, MGM Records. propietaria de Verve Records aceptó, pero con la ayuda del productor de Verve, Tom Wilson, quien recientemente había trabajado para Columbia.

Con la aprobación de la discográfica, tres de las canciones, I’m waiting for the man, Venus in furs y Heroin, fueron re-grabadas en dos días en los estudios T.T.G. durante la estadía de la banda en Hollywood a principios de 1966. La fecha de salida del álbum fue retrasada una y otra vez por problemas en la producción, y Wilson añadió en noviembre de 1966 una última canción al disco: el prospectivo single Sunday morning. La versión para el álbum fue más profesional y exuberante de la que circulaba en la radio por ese tiempo.

Existe cierta confusión en cuanto a quién es realmente el productor de The Velvet Underground and Nico. Aunque Andy Warhol es el único al que se le acredita oficialmente la producción, lo cierto es que tuvo muy poca influencia directa o autoridad sobre el álbum más allá del pago de las sesiones de grabación. De hecho, varias otras personas que trabajaron en el álbum son a menudo mencionadas como productores técnicos.

A Norman Dolph y John Licata se les atribuye a menudo la producción de las sesiones en los estudios Scepter, considerándolos responsables de la grabación y arreglos (a pesar de que ninguno de los dos nunca se menciona en los créditos originales del álbum). El mismo Dolph, sin embargo, admite que el verdadero productor creativo del álbum fue John Cale, así como el encargado de la mayoría de los arreglos musicales. Y sin embargo, Cale más tarde recordó que fue Tom Wilson quien en realidad produjo casi todas las canciones de The Velvet Underground and Nico. “La banda nunca tuvo tan buen productor como Tom Wilson“, afirmó Cale en una entrevista. “Andy Warhol no hizo nada”.

Portada del álbum en vinilo The Velvet Underground & Nico - The Velvet Underground

Portada del álbum en vinilo The Velvet Underground & Nico de la banda The Velvet Underground, producido por Andy Warhol.

Sin embargo, otros citan que la falta de manipulación en el grabación por parte de Warhol es en sí mismo el significado legítimo de la producción. Lou Reed discute su importancia en una entrevista: “Él hizo posible que fuéramos nosotros mismos y que continuáramos con ello porque él era Andy Warhol. En cierto modo, él realmente no lo produjo, porque era la sombrilla que absorbía todos los ataques cuando no éramos lo suficientemente grandes como para ser atacados… y como consecuencia de esto él fue el productor, nosotros continuábamos en pie y creábamos y hacíamos lo que siempre hacíamos y nadie nos podía detener porque Andy era el productor. Por supuesto que él nunca supo nada de la producción, pero tampoco debía saberlo. Él sólo se sentaba ahí y decía ‘Oooh, es fantástico’, y el ingeniero diría, ‘¡Oh si! ¡verdad! Es fantástico, ¿no?’.

The Velvet Underground and Nico se caracterizó por su abierta y honesta descripción de temas como el uso y abuso de drogas, la prostitución, el sadismo y el masoquismo, y las desviaciones sexuales. I’m waiting for the man describe los esfuerzos realizados por un hombre para obtener heroína, mientras que Venus in furs es una interpretación casi literal de la novela del siglo XIX del mismo nombre (que a su vez es una prominente interpretación de BDSM). Run run run también gira en torno de la cultura de las drogas como premisa. Una de las más conocidas canciones del álbum es Heroin, una canción que detalla el uso y la experiencia de sentir los efectos cuando se consume esta droga.

Lou Reed, quien escribió la mayoría de las canciones del disco, nunca tuvo la intención de escribir únicamente sobre temas de controversia, debido a la gran polémica que éstos presentan. Reed, un fanático de escritores y poetas como William Burroughs, Allen Ginsberg y Hubert Selby, no vio la razón de por qué el contenido de sus canciones no podía ser trasladado al rock and roll. Reed, quien estudió Licenciatura en Artes en la Universidad de Syracuse, dijo en una entrevista que la unión entre los dos (el contenido polémico y la música) era “obvia”. “Ese es el tipo de cosas que deberías leer. ¿Porqué no lo escucharías? Te diviertes al leerlo, y te divierte al hacer rock con ello”.




Aunque el contenido oscuro del álbum es hoy considerado revolucionario, muchas de sus canciones están relacionadas con otros temas. Muchas de la canciones escritas por Reed fueron basadas en observaciones de los miembros de la Factory Superstars de Andy Warhol. Femme fatale, en particular, fue inspirada por Edie Sedgwick bajo solicitud de Warhol. I’ll be your mirror, inspirada por Nico, es una tierna canción que contrasta con otras como Heroin. Un error que se comete comúnmente es mencionar que All tomorrow’s parties fue escrita por Reed a petición de Warhol (como declaran Victor Bockris y Gerard Melanga en la minuciosa biografía de Velvet Underground, Up-tight: The Velvet Underground story). Parece ser que la canción es otra observación sobre la Factory, y que Reed había escrito la canción antes de conocer a Warhol, y fue incluída en el demo de la banda de 1965 que forma parte del Disco 1 del boxset Peel slowly and see, grabada antes de que Warhol conociera a la banda.

Gran parte del sonido del álbum fue concebido por John Cale, quien hizo hincapié en la cualidades de experimentación de la banda. Cale, quien estaba muy influenciado por su trabajo con LaMonte Young, por John Cage y tempranamente por el movimiento Fluxus, alentó el uso de nuevas maneras de producir en la música. El pensamiento y creatividad de Cale encajaba muy bien con la de Lou Reed, quien ya había experimentado con diversas afinaciones. Por ejemplo, Reed “inventó” la guitarra Ostrich para una canción escrita por él llamada The ostrich (‘El avestruz’) para la fugaz banda The Primitives. La guitarra Ostrich consiste en que todas las cuerdas estuvieran entonadas en la misma nota. El método fue utilizado en las canciones Venus in furs y All tomorrow’s parties. A menudo, las guitarras se hacían más graves, produciendo un sonido muy bajo que Cale denominaba “sexy”.

En retrospectiva, se pueden escuchar vagas insinuaciones de música que influyó en el disco. En un extremo, el sonsonete de la viola de John Cale fue influenciado por los vanguardistas minimalistas con quien John había estudiado antes de unirse a la banda, mientras que el ruido sordo del piano a través de All tomorrow’s parties y I’m waiting for the man tenía sus raíces en los X de LaMonte Young, y por Henry Flynt, que “requirió al ejecutante repetir un sonido fuerte y pesado cada uno o dos segundos lo más uniformemente y con mayor regularidad posible durante un largo periodo de tiempo”. Por otro lado, también había R&B: There she goes again había bebido de las fuentes de Hitch hike de Martha and The Vandellas, mientras que Maureen Tucker aprendió su estilo de percusión ultra-primitiva interpretando los álbumes de Bo Diddley. La obsesión de Lou Reed con el pionero del free jazz Ornette Coleman le debía haber informado de su disonancia, mientras que su amor por el doo-wop es evidente en las magníficas baladas del álbum: el boxset contiene una toma diferente del tema que abre el álbum Sunday morning, que lleva un toque distinto de atmósfera misteriosa, empapado de reverberaciones del Flamingos.

The Velvet Underground & Nico

La imagen de una banana “pop” sobre un fondo blanco es la ilustración que Andy Warhol utilizó para la carátula del álbum. The Velvet Underground and Nico es algunas veces llamado el “Banana album“, debido a la pintura realizada por Andy Warhol en la portada del disco, una banana. Las primeras copias del álbum invitaban al propietario a “Peel slowly and see” (pelarlo lentamente y ver), y pelando la banana se podía observar un plátano de color carne por debajo. Una máquina especial fue necesaria para la elaboración de estas carátulas (una de las causas de la demora de la salida de esta producción), pero la MGM pagó los costos sabiendo que cualquier cosa que estuviera vinculado con Warhol elevaría las ventas del álbum. En la republicación del CD en 1996, la imagen de la banana pasó a ser la portada del disco, mientras que la imagen de la banana fálica paso a la imagen del interior del disco.

Cuando el disco fue publicado por primera vez, en la fotografía de la contraportada (tomada de la presentación en la Exploding Plastic Inevitable) aparece la imagen del actor Eric Emerson proyectada boca abajo en la pared que se encuentra detrás de la banda. Emerson amenazó con demandarlos por el uso no autorizado de su imagen, a menos que se le pagaran derechos de imagen. MGM retiró del mercado las copias del disco y detuvo su distribución hasta que la imagen de Emerson fuera borrada de la foto en las posteriores copias. A las copias ya impresas se les colocó una calcomanía negra que tapaba la imagen del actor. La imagen original fue restaurada y editada de nuevo en el relanzamiento del CD en 1996.

El lanzamiento inicial de The Velvet Underground and Nico no tuvo éxito, tanto por su falta de sintonía con la música pop de la época, lo que llevó al disco ser a ser un fracaso financiero, como por la fuerte temática que se manejaba en el material, lo que les acarreó negativas por parte de las emisoras de radio para la reproducción de sus canciones, y por parte de las discográficas para distribuir su obra, y porque diversas revistas advertían sobre el contenido fuerte de esta producción. También se ha atribuído su fracaso a la falta de promoción por parte de su discográfica Verve, que falló al promover este disco.

Su debut en el Billboard Album Chart se produjo en mayo de 1967 en el número 199 para llegar un mes después al número 195. Volvió a entrar en las listas en noviembre en el 182, llegando a su puesto más alto, 171, en diciembre, y finalmente dejaría permanentemente las listas en enero de 1968 en el 193. Cuando Verve Records retiró del mercado el disco por los problemas legales con Eric Emerson, desapareció de las listas en sólo 5 meses.

La crítica mundial también mostró poca atención del álbum. Uno de los primeros comentarios sobre el álbum en 1967 fue una crítica positiva aparecida en el segundo número de Vibrations, una pequeña revista de música rock, en la que describe la música como “un ataque de pleno derecho a los oídos y al cerebro”, y tomó nota de la materia oscura que se encuentra en la mayoría de las letras de las canciones. No fue hasta una década después que el álbum empezó a recibir elogios casi unánimes de numerosos críticos de rock, muchos de los cuales destacaban su influencia en la música rock moderna.

En abril de 2003, la revista Spin lo incluyó en su Top 15 de Álbumes más influyentes de todos los tiempos. En noviembre de 2000, NPR incluyó al álbum en sus series NPR 100 de Las más importantes obras musicales americanas del siglo XX. Rolling Stone lo colocó en el número 13 en su lista de Los 500 mejores álbumes de todos tiempos en noviembre de 2003, calificándolo como el álbum de rock más profético que jamás se ha hecho.

En 1997, Velvet Underground & Nico fue nombrado el 22º álbum más grande de todos los tiempos en la encuesta Music of the Millenium llevada a cabo en Reino Unido por HMV Group, Channel 4, The Guardian y Classic FM. En su libro de 1995, The alternative music almanac, Alan Cross colocó el álbum en el número 1 en su lista de 10 Álbumes clásicos alternativos. En 2006, los lectores de la revista Q lo votaron en el lugar 42 en una encuesta para votar los 100 Mejores álbumes de la historia, mientras que The Observer lo colocó en el número 1 en su lista de 50 Álbumes que cambiaron la música en julio de ese año. También en 2006, el álbum fue elegido por la revista Time como uno de Los 100 mejores álbumes de todos los tiempos.

Andy Warhol, Gerard Malanga y algunos miembros de The Velvet Underground, Nueva York, Circa 1966.

Andy Warhol, Gerard Malanga y algunos miembros de The Velvet Underground, Nueva York, Circa 1966. De izda. a dcha.: John Cale, Gerard Malanga, Nico y Warhol. Foto: Herve Gloaguen.

Frustrado por la demora de un año en la publicación del álbum, la relación entre Lou ReedAndy Warhol se volvió tensa hasta que Reed finalmente despidió a Warhol como Gerente en favor de Steve Sesnick. Nico también fue expulsada del grupo, aunque ella comenzaría una moderadamente exitosa carrera como solista, lanzando su álbum debut, Chelsea girl, en octubre de 1967. Chelsea girl cuenta con cinco canciones escritas por miembros de The Velvet Underground, incluyendo Wrap your troubles in dreams, una canción que Reed escribió y grabó anteriormente con la ayuda de John Cale y Sterling Morrison en 1965. Tom Wilson siguió trabajando con el grupo a través de 1967, produciendo su álbum White light/White heat de 1968 y Chelsea girl de Nico.

La primera edición en CD del álbum fue lanzada en 1986 y contó con ligeros cambios. El título del álbum apareció en la portada, a diferencia de la versión original del LP. Además, el álbum contenía una mezcla alternativa de All tomorrow’s parties que contaba con una sola pista de voz en comparación con la versión vocal de doble vía del LP original. Al parecer, la decisión de usar la versión de doble vía en el LP original se hizo en el último minuto. Bill Levenson, que estaba supervisando las ediciones de CD iniciales del Catálogo Verve/MGM de los Velvet, quería mantener la versión de única voz secreta como una sorpresa para los fans, pero estaba consternado al encontrar que la versión alternativa fue señalada como tal en la contraportada del CD (y señalada como “inédita”). El posterior CD de 1996 reeditado remasterizado suprimió estos cambios, conservando las carátulas y mezclas originales encontrados en el LP.

The Velvet Underground & Nico fue lanzado en su totalidad en el boxset retrospectivo de la carrera de los Velvet durante cinco años, Peel slowly and see, en 1995. El álbum apareció en el segundo disco de la serie junto con la versión de voz única de All tomorrow’s parties, dos canciones de Nico de Chelsea girl, y un fragmento de diez minutos de la interpretación de la canción de 45 minutos de duración Melody laughter. También se incluye en el boxset (en el primer disco) los demos de la banda grabados en el altillo de Ludlow Street en 1965. Entre estos demos se encuentran las primeras versiones de Venus in furs, Heroine, I’m waiting for the man y All tomorrow’s parties.

En 2002, Universal publicó una Deluxe Edition de dos CD conteniendo mezclas de mono y estéreo de todo el álbum, junto con cinco canciones de Chelsea girl de Nico (Little sister,Winter song, It was a pleasure then, Chelsea girls y Wrap your troubles in dreams, todos estos temas fueron escritos o co-escritos por miembros de Velvet Underground) y las versiones single de All tomorrow’s parties, I’ll be your mirror, Sunday morning y Femme fatale. Un demo de estudio de la inédita Miss Joanie Lee había sido programada para su inclusión en el boxset, pero una disputa sobre derechos de autor entre la banda y Universal hizo cancelar estos planes. Esta disputa contractual al parecer también llevó a la cancelación de más entregas de la banda en sus Bootleg Series oficiales. En abril de 2010, Universal había re-lanzado el segundo disco de la edición Deluxe como un sólo CD Rarities Edition.

En octubre de 2012, Universal publicó un boxset de 6 CD del álbum, pretendiendo ser su edición definitiva. Cuenta con las mezclas de mono y estéreo previamente disponibles (incluyendo los respectivos bonus tracks) como discos 1 y 2, Chelsea girl de Nico en su totalidad como disco 3, y el acetato de los estudios Scepter en su totalidad como disco 4. Los discos 5 y 6 contienen una actuación en vivo inédita desde 1966. Según el ensayo del crítico musical e historiador Richie Unterberger contenida dentro del boxset, la fuente para el show se trata de la única cinta de audio de grabación con calidad aceptable durante la presencia de la cantante Nico en la banda. El ensayo también aclara que la ausencia de cualquier material de DVD en el boxset es debido a que ninguno de los shows de la bandas fue filmada, a pesar de su fuerte dependencia de los visuales multimedia.

Listado de canciones:

  1. Sunday morning
  2. I’m waiting for the man
  3. Femme fatale
  4. Venus in furs
  5. Run run run
  6. All tomorrow’s parties
  7. Heroin
  8. There she goes again
  9. I’ll be your mirror
  10. The black angel’s death song
  11. European son

Vídeos:

José Luis.

 

Artículo inicialmente publicado en EL RINCÓN DE LA DESCONEXIÓN.

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Rebellion https://lacasaartica.com/rebellion/ Sat, 10 Jun 2017 15:00:07 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4775 Rebellion es una miniserie estrenada como motivo del centenario de la Revolución Irlandesa que tuvo lugar durante Pascua del año 1916 y puso las bases para la Guerra de Independencia ...]]> Rebellion es una miniserie estrenada como motivo del centenario de la Revolución Irlandesa que tuvo lugar durante Pascua del año 1916 y puso las bases para la Guerra de Independencia de Irlanda

Rebellion (Miniserie de TV) (Colin Teevan, 2016)

Rebellion (Miniserie de TV) (Colin Teevan, 2016)

Rebellion es una miniserie estrenada como motivo del centenario aniversario de la Revolución Irlandesa que tuvo lugar durante Pascua del año 1916 y que puso las bases para la posterior Guerra de Independencia de Irlanda. Colin Teevan, creador y guionista de la serie nos adentra en un mundo en que acaba de estallar la Primera Guerra Mundial y en el que el una parte del pueblo irlandés decide rebelarse contra la metrópoli. De esta manera, se señala el problema territorial existente entre Irlanda y Gran Bretaña, añadiendo la miseria y pobreza en que está sumido el pueblo irlandés y al papel de Gran Bretaña en el primer conflicto mundial.

La serie utiliza la voz de las mujeres que ayudaron a orquestar dicha revolución, como es el caso de Elizabeth Butler (Charlie Murpy), una enfermera procedente de una familia acomodada, pero cuyos ideales socialistas le llevan a luchar por la independencia de Irlanda. Por otro lado, Frances O’Faherty (Ruth Bradley) será quien ayude a los Voluntarios Irlandeses a luchar contra las tropas del Ejército Británico y a encargarse de los aspectos logísticos de la revolución, algo que pasa por pedir ayuda a su prima May Lacy (Sarah Greene), quien trabaja para el gobernador británico en Irlanda.

Sin embargo, la miniserie, que solo cuenta con cinco capítulos, no profundiza en los entresijos de la revolución, ni tampoco demasiado en cómo se tomaron las decisiones que terminaron con la rendición de los rebeldes por la independencia, como puede ser cómo surgió el Ejército Ciudadano Irlandés y cómo su líder, James Connolly decidió pasar a las armas. En definitiva, se queda algo corta. Teevan, sin embargo, tampoco nos trae un acontecimiento histórico ameno, sino que refleja la crueldad de una guerra, sus bajas, las pérdidas y los excesos cometidos por uno y otro bando.

La serie destaca por su fotografía y su rodaje en los lugares más emblemáticos del Dublín de principios del siglo XX, como puede ser la prisión Kilmainham Gaol o el Castillo de Dublín, sede de la gobernación británica por aquel entonces así como la Oficina Postal, donde se asentaron los rebeldes. Otro de los aspectos por los que Rebellion debería estar en tu lista de series pendientes es por las actuaciones. Sarah Greene y Perdita Weeks (a las que pudimos ver en Penny Dreadful) traen algunos momentos de tensión, estando geniales en sus respectivos papeles. Quienes más destacan son Murphy y Bradley, que llevan al espectador a querer comprometerse con su causa. Por último, también habría que mencionar a Brian Gleeson y la siempre genial Michelle Fairley.

En definitiva, Rebellion es una buena apuesta del canal norirlandés RTÉ, que dotó a la miniserie de un gran presupuesto, pero que si hubiera sido todavía mayor y pudiera haber consistido en varios capítulos más, no se quedaría vacía históricamente hablando, pese a que muestran algún que otro personaje que tendría relevancia en la posterior guerra de independencia.

La trama principal y las diversas subtramas que reflejan el lado más duro de la guerra casan perfectamente, orquestando un baile que absorbe al espectador y que le llevan hasta el último capítulo deseoso de saber cómo termina el viaje de los protagonistas y la rebelión. Por tanto, no se trata de una miniserie que refleje a los hombres que hicieron historia ni las distintas decisiones realizadas por ellos, debido a que así lo quiso su creador.

Lo mejor: las tramas secundarias, la ambientación, el vestuario y las actuaciones.

Lo peor: que se queda corta históricamente hablando.

Natalia López.

 

Artículo inicialmente publicado en LA CULTURA MATÓ AL GATO.

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The Afghan Whigs – In Spades https://lacasaartica.com/the-afghan-whigs-in-spades/ Fri, 09 Jun 2017 15:15:32 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4756 In Spades (2017), lo último de banda de Seatle The Afghan Whigs, con producción de Dulli y cuidadísimos arreglos, fue grabado con temas bien madurados en Nueva Orleans, Memphis y Los Ángeles.

Portada ...]]> In Spades (2017), lo último de banda de Seatle The Afghan Whigs, con producción de Dulli y cuidadísimos arreglos, fue grabado con temas bien madurados en Nueva Orleans, Memphis y Los Ángeles.

Portada del Álbum «In Spades» (2017) - The Afghan Whigs

Portada del Álbum «In Spades» (2017) – The Afghan Whigs

Soy un gran seguidor de Greg Dulli y los suyos prácticamente desde sus comienzos hace más de 30 años. Siempre me parecieron de lo mejorcito del grunge de Seattle junto a los Screaming Trees de su colega Mark Lanegan. Pronto demostró su personalidad arrolladora a la que fue añadiendo matices soul y funk en geniales discos como “Congregation”, “Gentlemen” o su despedida inicial con el espacial y especial “1965”. También le he seguido con sus destacadas aventuras con The Gutter Twins, junto a Lanegan, o en su encarnación más negra y soul con los fantabulosos The Twilight Singers. A comienzos de esta década regresaron sorpresivamente en vivo y hace tres  años lo corroboraron con un destacado “Do To The Beast”.

Un disco que es ahora mejorado con un “In Spades” (Sub Pop / Everlasting Records) que se situará entre lo más granado de su lograda trayectoria. Con producción del propio Dulli y cuidadísimos arreglos, fue grabado con los temas bien madurados en Nueva Orleans, Memphis, Los Ángeles o en el Joshua Tree. El siniestro artwork relacionado con la muerte de Ramon Rodrigues Melo es una preciosidad que se aprecia a la maravilla en el guapo digipack con completo libreto, pero mejor aún en las habituales ediciones en vinilo de 180 gramos del legendarios sello Sub Pop.

El inicio con “Birdland” es realmente sorprendente. Jazz de cámara y destellos progresivos. Magníficos arreglos de cuerda y su voz en falsete emocionando como de costumbre. Se fusiona a la perfección con el que fue el primer adelanto, “Arabian heights”, también tremendo y experimental, pero con poderosas guitarras rock. Continúan con otro claro single como es “Demon in profile” que enlaza, con destellos épicos, con sus tiempos más soul de “Congregation” y en la que brillan esos vientos citados con anterioridad. “Oriole”, otra canción ya anticipada, con precioso videoclip, sirve para cerrar la cara A en lo más alto.

Pero lo bueno no acaba ahí. La cara B se abre con la agresiva y contundente “Copernicus”, en la que nos canta más arisco y recordando sus inicios más cercanos al grunge y al garage-rock. La potente percusión dirige la melódica “The spell” con grandes arreglos de cuerdas que acrecientan su lograda tensión dramática como lo hace su peculiar voz. Fliparás también con el lascivo sonido funk de “Light as a feather”, que luego explota rockero y deja paso a la épica más hermosa y relajada de “I got lost”.

El final es magistral también. Se titula “Into the floor” y es una intensa epopeya sonora en la que nos canta con su voz natural y nos emociona de verdad. Los arreglos de cuerda vuelven a dar en la diana y logran un cierre que te deja con ganas de más. Se hacen cortos los 10 temas y estamos ansiosos por poderlos oír en directo. Ahora están de gira por su país, con Har Mar Superstar de teloneros, pero luego llegarán a Europa, junto a Ed Harcourt, y tienen ya fecha fija en el Primavera Sound. En los medios más prestigiosos como Mojo o Uncut ha recibido notas altísimas con justicia y es ya uno de los candidatos a copar el podio con los discos del año.

Txema Mañeru.

Artículo inicialmente publicado en EL GIRADISCOS.

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Recursos inhumanos, de Pierre Lemaitre https://lacasaartica.com/recursos-inhumanos-pierre-lemaitre/ Thu, 08 Jun 2017 15:00:44 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4708 Desde hace tiempo venía viendo por la red comentarios muy buenos sobre la obra de este autor pero, entre unas cosas y otras, sus novelas siempre se iban quedando en ...]]> Portada de Recursos inhumanos - Pierre LemaitreDesde hace tiempo venía viendo por la red comentarios muy buenos sobre la obra de este autor pero, entre unas cosas y otras, sus novelas siempre se iban quedando en la lista de pendientes, por eso cuando vi que salía
a la venta un nuevo título de Pierre Lemaitre no me lo pensé dos veces y me hice con él, con el firme propósito de leerlo enseguida.

EL AUTOR

Pierre Lemaitre nació en París en 1951. Antes de ganar el Premio Goncourt 2013 con su novela Nos vemos allá arriba, ya era un escritor de renombre en el género de la novela policiaca. Con Irène (Alfaguara 2015, Premio a la Primera Novela Policiaca del Festival de Cine Policiaco de Cognac, considerada Mejor Novela Negra del Año por El Periódico de Cataluña) inició la serie protagonizada por el comandante Camille Verhoeven, que incluye Alex (Alfaguara 2015, ganadora del Dagger Award 2013 junto a Fred Vargas y del Premio de Lectores de Novela Negra de Livre de Poche 2012 y uno de los libros del año según el Financial Times, en curso de adaptación al cine por James B. Harris, con guion del propio Lemaitre), Rosy & John (Alfaguara 2016) y Camille (Alfaguara 2016, ganadora del Dagger Award 2015). Fuera de la serie llegaron, con una extraordinaria recepción por parte del público y de la crítica, Vestido de novia (Alfaguara 2014, Premio del Salon du Polar 2009 y Premio Best Novel Valencia Negra, en curso de adaptación al cine) y Recursos inhumanos (Premio de Novela Negra Europea). Además del Goncourt y de tres Dagger Awards, ha obtenido el Premio a la Mejor Novela Francesa 2013 de la revista Lire, el Premio Roman France Télévisions y el Premio de los Libreros de Nancy-Le Point, y su obra, con más de tres millones de lectores, está siendo traducida a treinta idiomas.

ARGUMENTO

Me llamo Alain Delambre y tengo cincuenta y siete años. Soy un directivo en paro.»

El antaño flamante director de recursos humanos Alain Delambre ha perdido toda esperanza de encontrar trabajo y se siente cada vez más marginado. Cuando una empresa de reclutamiento considera su candidatura, está dispuesto a todo con tal de conseguir el empleo y recuperar su dignidad, desde mentir a su esposa hasta pedirle dinero a su hija para poder participar en la prueba final del proceso de selección: un simulacro de toma de rehenes. Sin embargo, la ira acumulada en años de agravios no tiene límites… y el juego de rol puede convertirse en un macabro juego de muerte.

MIS IMPRESIONES

Recursos inhumanos nos presenta, de inicio, una situación demasiado real y a la que quizás los que hemos pasado el medio siglo nos da pánico sólo pensar que podemos encontrarnos en ella.

Alain Delambre es un hombre que ha pasado la cincuentena y se encuentra en paro, y precisamente debido a la edad que tiene cada vez le es más difícil encontrar un puesto de trabajo y lo que le ofrecen no es acorde ni a sus capacidades ni a su experiencia, teniendo que conformarse con un puesto por un salario ínfimo y tan por debajo de su preparación que hasta le da vergüenza que lo sepa su familia.

Sus visitas a la oficina de empleo buscando algo mejor no son efectivas y las cosas en el mísero trabajo que tiene se complican con unas consecuencias que no hacen más que agravar su situación.

Por eso cuando aceptan su candidatura para optar a un puesto de trabajo acorde a su capacidad, recuperar su dignidad y que solucionen todos sus problemas, pone toda la carne en el asador para que el puesto sea suyo. Nada parará a Alain Delambre para superar la última prueba del proceso, aunque esta sea un poco … digamos “extraña”.

Pierre Lemaitre, en el CCCB de Barcelona, dentro del festival Kosmopolis (2017). Foto: Ferrán Sedra.

Pierre Lemaitre, en el CCCB de Barcelona, dentro del festival Kosmopolis (2017). Foto: Ferrán Sedra.

Aunque nos parezca mentira Pierre Lemaitre ha partido para esta novela de un hecho real, precisamente lo que cuando leemos la novela nos puede parecer más increíble que sea cierto: La selección de personal de una empresa por medio de un juego de rol.

Mucho se habla de la experiencia que se consigue con los años y de todo lo que una persona que lleva toda su vida trabajando puede aportar debido a esa sabiduría que ha ido adquiriendo con el pasar de los años, pero si ya era difícil que alguien que hubiese superado el medio de siglo de vida y que de pronto se encontraba en el paro consiguiera un puesto de trabajo, con la crisis por la que hemos pasado era todavía peor. Esa edad en la que eres mayor para que vuelvan a contratarte y demasiado joven para jubilarte, esa edad en la que te encuentras en tierra de nadie.

Y eso es precisamente lo que Pierre Lemaitre refleja en Recursos inhumanos. Ladesesperación por la que pasa un hombre perfectamente cualificado que después de muchos años trabajando se encuentra en el paro. Un paro que dura ya demasiado tiempo y del que no ve nada fácil salir. Por eso cuando cree puede tener opciones en la que piensa puede ser su última oportunidad, no duda en hacer lo que sea, enfrentándose, mintiendo e incluso poniendo a su mujer y a sus hijas en un situación muy difícil, no importándole que sufran con tal de conseguir la plaza que está en juego.





Recursos inhumanos se divide en tres partes: Antes, durante y después.Dos de estas partes, el antes y el después están escritas en primera persona, lo que hace que nos metamos mucho más en la piel de Alain Delambre, que comprendamos su desesperación, aunque en muchos casos no podamos compartir su forma de actuar, y conozcamos de primera mano sus motivaciones para hacer lo que hace por conseguir de nuevo el respeto propio y el de su familia, el amor de su mujer que se ha ido apagando, la necesidad de sentirse verdaderamente útil, de no estar acabado.

El durante está también narrado en primera persona, pero en este caso el que toma la palabra es el encargado de poner en marcha y dirigir el juego de rol por el que se elegirá el candidato al puesto en disputa. Será el que nos cuente como acontecieron los hechos, por lo que tendremos su visión de los mismos, como los vivió él, pero no conoceremos este episodio desde el plano del protagonista de la novela.

Pierre Lemaitre nos muestra un relato descarnado, angustioso en el que veremos como hombre desesperado, lleno de ira, con ansias de venganza y deprimido por las circunstancias es capaz de un comportamiento totalmente inesperado e insólito en alguien como él.

Recursos Inhumanos es una novela sobre un tema de gran actualidad, fácil de leer, con giros inesperados. Un thriller que no nos deja respiro, capaz de sorprendernos una y otra vez, para en la última parte alcanzar un ritmo acelerado hasta llegar a un final totalmente imprevisto.

Datos del libro

Título: Recursos Inhumanos
Autor: Pierre Lemaitre
Traductor: Juan Carlos Durán Romero
Idioma: Castellano
Editorial: Alfaguara
Año de edición: 2017
Páginas: 400
ISBN: 9788420417837
Precio en papel: 18,90 €
Precio en eBook: 9,49 €

Fragmento

RECURSOS INHUMANOS

Pierre Lemaitre


Fragmento

1.

Nunca he sido un hombre violento. No me viene a la memoria ningún momento en el que haya querido matar a nadie. Sí que he tenido ataques de ira de vez en cuando, pero nunca la voluntad real de hacer daño. De destruir. Así que, claro, estoy sorprendido. La violencia es como el alcohol o el sexo: no se trata de un fenómeno, es un proceso. Entramos en ellos casi sin notarlo, simplemente porque estamos maduros, porque nos llegan en el momento justo. Me daba perfecta cuenta de que estaba enfadado, pero nunca habría imaginado que aquello se transformaría en furia despiadada. Y es eso lo que me da miedo.

Y que todo esto lo haya pagado Mehmet…

Mehmet Pehlivan.

Es turco.

Lleva en Francia diez años, pero tiene menos vocabulario que un niño de esa edad. Solo conoce dos maneras de expresarse: o se cabrea o pone cara de cabreo. Y cuando se cabrea, mezcla el francés con el turco. Entonces nadie le entiende, pero a todo el mundo le queda claro lo que piensa de nosotros. En Mensajerías Farmacéuticas, donde trabajo, Mehmet es «supervisor», y siguiendo un comportamiento vagamente darwiniano, cuando asciende pasa de inmediato a despreciar a sus antiguos compañeros y a considerarlos meras lombrices. Me he encontrado muchas veces con eso en mi carrera, y no solo entre trabajadores inmigrantes. Lo he visto en mucha gente que venía de abajo, de hecho. En cuanto progresan, se identifican con sus superiores con una convicción tal que los superiores no se atreverían a soñar. Es el síndrome de Estocolmo aplicado al mundo del trabajo. Pero, cuidado, no es que Mehmet se crea el jefe, más bien lo reencarna. Es el jefe cuando el jefe desaparece. Resulta evidente que aquí, en una empresa que debe de contar con cerca de doscientos asalariados, no hay un patrón propiamente dicho, solo jefes. Pero Mehmet se siente demasiado importante como para identificarse con un simple jefe. Él se identifica con una especie de abstracción, un concepto superior al que llama «la Dirección», algo vacío de contenido (nadie conoce aquí a los directores) pero rebosante de sentido: la Dirección es como decir el Camino, la Vía. A su manera, ascendiendo por la escala de la responsabilidad, Mehmet se acerca a Dios.

Empiezo a trabajar a las cinco de la mañana en lo que llaman un miniempleo (aunque utilizan la palabra «empleo», hay que añadir el «mini» por el salario). La tarea consiste en seleccionar las cajas de medicinas que se distribuyen después por las farmacias del extrarradio. Yo no estaba allí para verlo, pero parece ser que Mehmet hizo este trabajo durante ocho años antes de convertirse en «supervisor». Hoy se enorgullece de tener bajo sus órdenes a tres lombrices, lo que no es poca cosa.

La primera lombriz se llama Charles. Curioso nombre para un hombre sin techo. Tiene un año menos que yo, es delgado como un fideo y bebe como un cosaco. Lo de sin techo es por simplificar, porque de hecho sí tiene techo. Y completamente cubierto. Vive en su coche, que lleva cinco años sin moverse. Él lo llama su «inmóvil home». A Charles le gustan este tipo de chistes. Lleva un reloj sumergible del tamaño de un plato con un montón de esferas y un brazalete verde fosforito. No tengo ni idea de dónde viene ni de qué le ha llevado a esa situación extrema, pero Charles tiene su lado curioso. Por ejemplo, no sabe cuánto tiempo estuvo inscrito en las listas de espera para obtener un piso de protección oficial, pero calcula con precisión el que ha pasado desde que renunció a renovar su solicitud. En el último recuento, cinco años, siete meses y diecisiete días. Lo que calcula Charles es el tiempo que ha pasado desde que perdió la esperanza de ser realojado. «La esperanza —dice levantando el índice— es una abyección inventada por Lucifer para que los hombres acepten su condición con paciencia». La frase no es suya, yo ya la había oído en otra parte. He buscado la cita, pero no la he encontrado. De todas formas, eso demuestra que, a pesar de esa pinta de borracho, Charles tiene cultura.

La otra lombriz es un chaval, Romain, un chico de Narbona. Como gozaba de cierto éxito en el club de teatro de su instituto, soñaba con convertirse en actor, y al terminar el bachillerato se vino a París, pero nunca consiguió papel alguno porque arrastra las erres como D’Artagnan. Y como Enrique IV. Con ese tono ronco me recita: «Partimos quinientos, más con prontos refuerzos…», y todo el mundo se parte de risa. Fue a clases para corregirlo, pero sin resultado alguno. Fue encadenando pequeños trabajos que le permitían presentarse a todos esos castings en los que jamás le escogían. Un día comprendió que sus sueños no se harían nunca realidad. Romain, el actor de cine, estaba acabado. Y además, la ciudad más grande que conocía era Narbona. París le apabulló, terminó pronto con él. Llegaron entonces las nostalgias infantiles y las añoranzas regionalistas. Pero no quería volver a casa con las manos vacías, así que intenta ahorrar unas perras y el único papel con el que sueña todavía es el del hijo pródigo. Para ello acumula todos los trabajillos que puede encontrar. Con vocación de hormiguita. Las horas que le quedan las pasa en Second Life, MSN, MySpace, Twitter, Facebook y un montón de redes sociales más. Lugares, supongo, donde no pueden apreciar su dicción. Según Charles, se le da muy bien la informática.

Trabajo tres horas todas las mañanas y gano quinientos ochenta y cinco euros brutos (cuando hablamos de un pequeño salario, hay que añadir siempre la palabra bruto, por lo de los impuestos). Vuelvo a casa hacia las nueve. Si Nicole sale con retraso, puede que nos crucemos. Cuando sucede, me dice: «Llego tarde», y me besa en la nariz antes de cerrar la puerta por fuera.

Bien, pues esa mañana Mehmet estaba furioso. Parecía bajo presión. Supuse que tenía problemas con su mujer. No paraba de dar vueltas, como a sacudidas, de un lado a otro del muelle en el que se colocan los paquetes y las cajas. Tenía su lista agarrada tan fuerte que sus articulaciones estaban blancas. Se notaba que sobre ese tipo pesaba una responsabilidad enorme y que sus problemas personales eran inoportunos. Llegué puntual, pero en cuanto me vio empezó a aullar toda una serie de borborigmos. Para él, ser puntual no es prueba suficiente de motivación. Él llega por lo menos con una hora de antelación. Sus berridos no eran del todo inteligibles, pero pude comprender lo esencial. En resumidas cuentas: para él yo no era más que un gilipollas.

Por mucho que Mehmet haga de ello una cuestión de vida o muerte, el trabajo en sí no es muy complicado. Se clasifican los paquetes y se introducen en cajas que luego se colocan en palés. Normalmente los paquetes llevan impreso en grande el código de la farmacia, pero a veces, no sé por qué, el número no está. Romain dice que debe de haber una impresora mal configurada. En ese caso, hay que leer el código en una larga serie de minúsculas cifras impresas en una etiqueta. Solo los caracteres undécimo, duodécimo y decimotercero. No puedo leerlos sin gafas y eso para mí es un lío. Tengo que sacarlas del bolsillo, ponérmelas, contar los números… Y pierdo tiempo. Si me vieran hacerlo, la Dirección se enfadaría. Y precisamente esa mañana, el primer paquete que agarré no tenía código. Mehmet se puso a gritar. Me agaché, y en ese momento me dio una patada en el culo.

Eran poco más de las cinco de la mañana.

Me llamo Alain Delambre y tengo cincuenta y siete años.

Soy un directivo en paro.

2.

Al principio, acepté este trabajo en Mensajerías Farmacéuticas para pasar el tiempo. Al menos eso fue lo que le dije a Nicole, pero ni ella ni mis hijas me creyeron. A mi edad, uno no se levanta a las cuatro de la mañana para ganar un cuarenta y cinco por ciento del salario mínimo simplemente para que no se le queden rígidas las articulaciones. La historia es complicada. Bueno, no tanto. Al principio no necesitaba ese salario, ahora sí.

Llevo cuatro años en paro. Hará cuatro años en mayo (el 24 de mayo, me acuerdo bien de la fecha).

Como este empleo no basta para llegar a fin de mes, adonde llegamos a veces bastante apurados, me dedico a otras cosillas aquí y allá. Transportar cajas, embalar con plástico de burbujas, repartir publicidad… También algunos trabajos de temporada. Hace dos años que hago de Papá Noel en Trouv’tout, un supermercado especializado en electrodomésticos de ocasión. No siempre le cuento a Nicole lo que hago, porque le dolería. Multiplico las excusas para justificar mis ausencias. Como es más difícil cuando se trata de un trabajo nocturno, me he sacado de la nada una pandilla de amigos en paro con los que se supone que me reúno para jugar a las cartas. A Nicole le digo que necesito relajarme.

Antes era director de recursos humanos en una empresa de casi doscientos empleados. Era responsable del personal, de la formación, controlaba los salarios y representaba a la dirección ante el comité de empresa. Trabajaba en Bercaud, una empresa de bisutería. Diecisiete años viviendo de perlas. A la gente le gustaba gastar esa broma. Decían: «En Bercaud se vive de perlas». Había un montón de bromas muy divertidas sobre las perlas, las joyas de la familia, etcétera. Humor corporativista, si me permiten la expresión. El asunto dejó de tener gracia en marzo, cuando nos anunciaron que Bercaud había sido comprada por una compañía belga. Podría haberle disputado el puesto al director de recursos humanos del grupo belga, pero en cuanto me enteré de que tenía treinta y ocho años comencé mentalmente a recoger mis cosas. Digo «mentalmente» porque en el fondo tengo claro que no estaba listo en absoluto para hacerlo materialmente. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que me viera obligado a hacerlo a la fuerza. La fusión se anunció el 4 de marzo. La primera ronda de despidos tuvo lugar seis semanas más tarde, y yo formé parte de la segunda.

En cuatro años, a medida que mis ingresos se volatilizaban, mi estado de ánimo pasó de la incredulidad a la duda, después a la culpabilidad y, por fin, a una sensación de injusticia. Hoy lo que siento es cólera. No es un sentimiento muy positivo la cólera. Cuando llego a Mensajerías Farmacéuticas y me enfrento a las tupidas cejas de Mehmet, a la silueta larga e inestable de Charles, y pienso en todo lo que he tenido que pasar para llegar aquí, crece dentro de mí una cólera terrible. Solo falta que encima piense en los años que me esperan, en el porcentaje de cotización que voy a perder, en la bajada de mi pensión, en el abatimiento que a veces nos inunda a Nicole y a mí. No debo darle vueltas a todo eso porque, a pesar de mi ciática, se me pone un humor de terrorista.

Hace cuatro años que nos conocemos, de modo que, forzosamente, considero a mi consejero de la oficina del paro uno de mis allegados. Hace poco me dijo, con cierta admiración, que yo era un ejemplo. Lo que quiere decir en realidad es que he renunciado a la idea de encontrar trabajo pero no he renunciado a buscarlo. Cree ver en eso una señal de fortaleza de carácter. No quiero desilusionarle, tiene treinta y siete años y debe conservar sus sueños el mayor tiempo posible. Pero lo cierto es que se trata más bien de un reflejo animal. Buscar trabajo es como trabajar, lo que he hecho toda mi vida; está incrustado en mi sistema neurovegetativo, hay algo que me empuja a ello por necesidad, pero sin motivación. Busco trabajo como un perro olisquea una farola. No tengo ilusión, pero es más fuerte que yo.

Por eso respondí a un anuncio hace unos días. Una consultoría busca a un asistente de recursos humanos para una gran empresa. El trabajo incluye participar en la contratación del personal directivo, establecer los perfiles del puesto, dirigir las evaluaciones e interpretar los resultados de las pruebas, tomar parte en la confección del balance social, etcétera, exactamente lo que sé hacer, lo que he hecho durante años en Bercaud. «Polivalente, metódico, riguroso, deberá poseer grandes cualidades para las relaciones sociales.» Clavado a mi perfil profesional.

Cuando leí el anuncio, reuní todas mis fotocopias y envié mi currículum. Pero, claro, el anuncio no precisaba si estaban dispuestos a contratar a un tipo de mi edad.

Porque la respuesta era evidente: no.

A pesar de ello, me presenté. Me pregunto si no fue para continuar mereciendo la admiración de mi consejero en la oficina de empleo.

Cuando Mehmet me dio la patada en el culo, lancé un grito y todo el mundo se volvió. Romain en primer lugar, Charles con mucha más dificultad, porque cuando llega por la mañana ya se ha echado una buena cantidad de vino blanco al coleto. Me incorporé de un salto. Como un jovencito. Ahí fue cuando me di cuenta de que sacaba a Mehmet casi una cabeza. Hasta entonces, como era el jefe, no había prestado atención a su altura. El propio Mehmet no podía creerse que me hubiese dado una patada en el culo. Su cólera parecía haberse esfumado por completo, vi cómo sus labios temblaban, parpadeaba e intentaba decir algo, no sé en qué idioma. En ese momento hice algo que no había hecho en mi vida: incliné la cabeza hacia atrás, muy lentamente, como si admirara la bóveda de la Capilla Sixtina, y la impulsé hacia delante con violencia, como había visto hacer en la tele. Un cabezazo, vamos. Charles, al ser un sin techo, recibe palizas constantes y conoce bien el tema. «Muy buena técnica», me dijo. Parece ser que estuvo muy bien para ser la primera vez. Mi frente le reventó la nariz a Mehmet. Antes de sentir el golpe en mi cráneo, oí un siniestro crujido. Mehmet gritó (esta vez en turco, estoy seguro de ello), pero la verdad es que no pude aprovechar mi ventaja, porque se llevó de inmediato las manos a la cabeza y cayó de rodillas. Naturalmente, en una película habría cogido un poco de impulso y le habría dado una buena patada en la boca, pero me dolía tanto el cráneo que yo también me llevé las manos a la cabeza y caí de rodillas. Nos quedamos arrodillados los dos, frente a frente, la cabeza entre las manos, mirando al suelo. Tragedia en el universo laboral. Un lienzo magnífico.

Romain corrió hacia nosotros, no sabía a quién dirigirse. Mehmet chorreaba sangre. Los del servicio de emergencias tardaron unos minutos en llegar. Nos tomaron declaración. Romain me dijo que había visto a Mehmet darme la patada, que declararía como testigo y que no me preocupara. No dije nada, pero mi experiencia me hizo pensar que la cosa no sería tan sencilla. Me entraron ganas de vomitar y me fui al baño. No me sirvió de nada.

Bueno, de algo sí: en el espejo vi que tenía un corte y un extenso hematoma en la frente. Estaba lívido, extraviado. Daba pena. Por un momento tuve la impresión de que empezaba a parecerme a Charles.

3.

—Pero… ¿qué te ha pasado? —preguntó Nicole tocando el enorme hematoma en mi frente.

No respondí. Le tendí la carta con una fingida indiferencia, y después me fui a mi despacho e hice como que buscaba algo en los cajones. Se quedó mirando la carta un largo instante: «En respuesta a su correo, tengo el placer de informarle de que su candidatura al puesto de asistente de recursos humanos ha sido tenida en consideración. Recibirá en breve plazo una convocatoria para realizar un test profesional que, si resulta concluyente, dará paso a una entrevista».

Por el tiempo que le tomó, creo que la leyó varias veces. Todavía llevaba el abrigo sobre la espalda cuando la vi avanzar hasta el umbral de mi despacho y apoyar el hombro en el marco de la puerta. Sostuvo la carta en la mano mientras inclinaba la cabeza hacia la derecha. Es uno de sus gestos habituales y con mucho uno de mis favoritos, junto a otros dos o tres. Se diría que lo sabe. Cuando la veo en esa postura, tengo más que nunca la sensación de que esa mujer está tocada por los dioses. Muestra un aire indolente, dócil, no sé cómo explicarlo, una lentitud extraordinariamente sexual. Sostenía la carta en la mano y me miraba fijamente. Me pareció muy hermosa, o muy deseable. Vamos, que sentí unas ganas furiosas de tirármela. El sexo ha sido siempre para mí un poderoso antidepresivo.

Al principio, cuando todavía no veía el paro como una fatalidad sino solo como una calamidad, me notaba excitado y saltaba a todas horas sobre Nicole. En la habitación, en el cuarto de baño, en el pasillo. Nicole nunca dijo no. Tiene mucha psicología, comprendía que era mi forma de comprobar que todavía estaba vivo. Después, la excitación se convirtió en angustia y el primer efecto visible de ese cambio fue que me hice prácticamente impotente. Nuestras relaciones sexuales se volvieron escasas, difíciles. Nicole demostró tacto y paciencia, lo que me hizo aún más infeliz. Nuestro barómetro sexual está completamente desquiciado. Fingimos no darnos cuenta o creer que no tiene importancia. Sé que Nicole me sigue queriendo, pero nuestra vida se ha vuelto mucho más difícil y no puedo evitar pensar que esto no podrá durar eternamente.

Pero, por ahora, sostiene la carta de BLC-Consulting en la mano:

—¡Cariño, qué maravilla!

Me digo que tengo que buscar al autor de la cita de Charles sobre Lucifer y la esperanza. Porque Nicole tenía razón. Una carta como aquella se salía de lo ordinario, y a pesar de mi edad, de que no había trabajado en mi especialidad en más de cuatro años y de que la posibilidad de que me contratasen era de una entre tres mil millones, Nicole y yo recuperamos la esperanza en el mismo instante. Como si los meses y los años pasados no nos hubieran enseñado nada. Como si fuésemos un par de optimistas incurables.

Nicole se me acercó y me dio uno de esos besos húmedos que me vuelven loco. Es valiente. No hay nada más difícil que vivir con un depresivo. Aparte de ser depresivo uno mismo, claro.

—¿Se sabe para quién están buscando el puesto? —preguntó Nicole.

Toqué la pantalla y apareció la página de BLC-Consulting. Las siglas se refieren a su fundador, Bertrand Lacoste. De muy buena familia. De esos consultores que facturan tres mil quinientos euros al día. Cuando entré en Bercaud, con todo el futuro por delante (e incluso años más tarde, cuando me inscribí en un curso del CNAM[1] para obtener un título de coaching), mi ambición era convertirme en un consultor de alto nivel, en un tipo como Bertrand Lacoste: eficaz, siempre por delante de su interlocutor, ofreciendo análisis fulgurantes y baterías de soluciones de gestión para todas las situaciones. No acabé el CNAM porque las niñas llegaron en ese momento. Es la versión oficial, la de Nicole. En realidad no tenía suficiente talento para ello. En el fondo tengo mentalidad de asalariado.

Soy el prototipo de mando intermedio.

—En el anuncio no queda claro —respondí a Nicole—. Hablan de una empresa «líder industrial de dimensión internacional». Siendo así…, se supone que el puesto estará en París.

Nicole vio desfilar las páginas web sobre la normativa laboral y las nuevas leyes de formación continua que yo había estado ojeando por la tarde. Sonrió. Mi despacho estaba cubierto de pósits, de notas, había pegado hojas sueltas en el borde de los estantes de la librería. Pareció reparar en ese momento en que yo había trabajado todo el día sin descanso. Sin embargo, es de esas mujeres que perciben de inmediato el menor detalle de la vida cotidiana. Si cambio de sitio un objeto, se da cuenta en cuanto entra en la habitación. La única vez que le fui infiel, hace ya mucho tiempo (las niñas todavía eran pequeñas), lo adivinó esa misma noche. Y eso que yo había tomado todas las precauciones. No dijo nada. La velada fue incómoda, y cuando nos fuimos a dormir se limitó a decirme con tono cansado:

—Alain, no vamos a empezar con eso, ¿no?

Y después se acurrucó contra mí en la cama. No volvimos a decir una palabra sobre el tema.

—No tengo ni una oportunidad entre mil.

Nicole dejó la carta de BLC-Consulting sobre mi mesa.

—Eso no lo sabes —dijo quitándose el abrigo.

—A mi edad…

Se volvió hacia mí.

—¿Cuántas candidaturas calculas que han recibido?

—En mi opinión, unas trescientas.

—¿Y cuántos crees que habéis sido convocados para la prueba?

—Digamos… unos quince.

—Entonces, explícame por qué han elegido tu candidatura entre más de trescientos. ¿Crees que no han visto tu edad? ¿Crees que no se han dado cuenta?

Claro que no. Nicole tenía razón. Me había pasado la mitad de la tarde dando vueltas a todas las hipótesis. Todas convergían en esa realidad imposible: mi currículum apesta a cincuentón a cien metros, y si me llaman es porque hay algo en él que les interesa.

Nicole es muy paciente. Mientras pela cebollas y patatas, escucha cómo detallo todas las razones técnicas que tienen para seleccionarme. Nicole advierte en mi voz la euforia que intento dominar, pero que me desborda. Llevaba más de dos años sin recibir una carta como esa. En el peor de los casos, no me responderán, y en el mejor me responderán que me vaya al infierno. Ya nadie me llama, porque un tipo como yo no interesa a nadie. Así que he elucubrado todo tipo de hipótesis sobre la respuesta de BLC-Consulting. Tengo la impresión de haber encontrado la correcta.

—Creo que es por la subvención.

—¿Qué subvención? —preguntó Nicole.

El plan de rescate de séniors. Parece ser (si el gobierno me hubiese preguntado habría podido ahorrarles estudios seguramente muy caros) que los séniors ya no trabajan hasta tan tarde. Con ello se refieren, evidentemente, a los que todavía trabajan. Parece ser que salen del mercado laboral cuando el país todavía los necesita. Terrible, pero hay algo peor. También están los séniors que quieren trabajar pero que no encuentran empleo. Entre los que no trabajan suficiente y los que no trabajan en absoluto, los séniors plantean un grave problema a la sociedad. Así que el gobierno va a ayudar a toda esa gente. Darán dinero a las empresas que acepten a vejestorios.

—No les interesa mi experiencia, sino pagar menos impuestos y obtener subvenciones.

A veces, Nicole hace un gesto con la boca para expresar su escepticismo, adelantando un poco el mentón. También me gusta mucho que haga eso.

—Yo creo —responde— que a esas empresas no les hace falta dinero y que las subvenciones del gobierno no son más que calderilla para ellos.

La segunda parte de la tarde la he dedicado a aclarar toda esa historia de las subvenciones. Y Nicole, una vez más, tiene razón, ese argumento no se sostiene: la desgravación solo dura unos meses, el incentivo no cubre más que una pequeña parte del sueldo de un directivo de ese nivel. Y, además, es decreciente.

No, en unos minutos Nicole llega a la misma conclusión que yo: si BLC me convoca es porque mi experiencia les interesa.

Hace cuatro años que me desvivo por explicar a los empleadores que un hombre de mi edad es tan activo como uno joven y que mi experiencia es sinónimo de ahorro. Pero es un argumento periodístico, que vale para los suplementos de empleo de los periódicos; los empleadores se ríen de eso. Y ahora tengo la impresión de que por primera vez alguien ha leído realmente mi carta y ha estudiado mi candidatura. Cuando pienso en eso, siento que me voy a comer el mundo.

Me gustaría que la entrevista fuese ya, ahora mismo, tengo ganas de gritar.

Pero me las aguanto.

—No se lo digamos a las chicas, ¿vale?

Nicole también piensa que es lo mejor. A las chicas les duele ver a su padre haciendo trabajillos. No dicen nada, pero sé que es más fuerte que ellas: la imagen que tenían de mí se ha deteriorado. No por culpa del paro, no, por culpa de los efectos que el paro ejerce sobre mí. He envejecido, he encogido, estoy lleno de tristeza. Me he vuelto inaguantable. Y eso que ellas no saben nada de mi trabajo en Mensajerías Farmacéuticas. Darles la esperanza de que voy a encontrar trabajo para anunciarles después que he fracasado es un espectáculo para el que no me quedan fuerzas.

Nicole se abraza a mí. Apoya delicadamente el dedo índice en el chichón de mi frente.

—¿Me lo cuentas?

Pongo todo de mi parte para darle a la anécdota un tono distendido. Estoy casi seguro de que soy muy gracioso, pero a Nicole la idea de que Mehmet me haya dado una patada en el culo no le hace ninguna gracia.

—¡Ese turco de mierda está mal de la cabeza!

—Esa no es una reacción muy europea.

Tampoco esa broma es tan eficaz como esperaba.

Nicole me acaricia la mejilla con aire pensativo. Noto en su cara que siente pena por mí. Intento tomármelo con filosofía. Sin embargo, a mí también me pesa y comprendo, con solo sentir el contacto de su mano, que hemos entrado en una situación emocional delicada.

Nicole me mira la frente y dice:

—¿Piensas que todo esto va a quedar así?

Decidido, la próxima vez me caso con una imbécil.

Pero Nicole posa sus labios sobre los míos.

—Da igual —dice—. Estoy segura de que ese puesto es para ti. Completamente segura.

Cierro los ojos y rezo para que esas historias de mi colega Charles sobre la esperanza y Lucifer sean solo ideas de un gilipollas siniestro.

4.

La convocatoria de BLC-Consulting ha caído sobre mí como una verdadera bomba. Ya no duermo, paso de la euforia al pesimismo. Haga lo que haga, mi mente vuelve a ella continuamente y construye todo tipo de escenarios. Es agotador.

El viernes, Nicole pasó una buena parte de la jornada consultando la web de su centro de documentación e imprimió para mí decenas de páginas con información jurídica. En los últimos cuatro años me he perdido bastantes cosas. La legislación ha evolucionado mucho en mi sector, sobre todo en lo referente a los despidos, que se han flexibilizado bastante. Y en cuanto al management, hay muchas cosas nuevas. Las modas cambian endiabladamente rápido. Hace cinco años reinaba el análisis transaccional, ahora suena antediluviano. Hoy en día lo que prima es la «dirección de transición», la «reactividad sectorial», la «identidad corporativa», el desarrollo de «redes interpersonales», el «benchmarking», el «social networking»… Se habla mucho de los «valores» de la empresa. Ya no basta con trabajar, hay que «comprometerse». Antes había que estar de acuerdo con la empresa, ahora hay que fusionarse con ella. Ser uno con ella. Me empapo de todo lo más rápido que puedo.

Nicole ha seleccionado y clasificado los documentos, yo he hecho las fichas y lleva toda la mañana haciéndome preguntas. Nos lo estamos empollando. No hago más que dar vueltas en mi despacho intentando concentrarme. A fuerza de inventar métodos mnemotécnicos, acabo por confundirlos todos.

Nicole prepara té y se tumba en el sofá rodeada de fichas. Se ha quedado en bata. A veces lo hace, sobre todo en invierno, cuando no ha hecho planes para la jornada. Con su camiseta pasada de moda y sus viejos calcetines de montaña desparejados, Nicole huele a sueño y a té, caliente como un cruasán y hermosa como la luz del día. Me encanta su abandono. Si no estuviese tan tenso por culpa de toda esta historia, le saltaría encima. Vistos mis resultados actuales en materia sexual, prefiero abstenerme.

—No te lo toques —dice Nicole al verme palpar mi hematoma.

No pienso demasiado en ese chichón, pero aparece cruelmente ante mí cada vez que me topo con un espejo. Esta mañana tiene un color desagradable. Malva en el centro y amarillo por los bordes. Esperaba que me aportase virilidad, pero me da un aspecto más bien sucio. El médico de urgencias me dijo que tenía para ocho días. Mehmet tiene la nariz rota, diez días de baja.

He llamado por teléfono a mi compañero Romain. Se ha puesto Charles. Los equipos de día y noche se han modificado con rapidez para cubrir nuestras ausencias.

—Esto ha trastocado toda la planificación —me explica Charles—. Romain hace el turno de noche, yo pasaré al de tarde durante dos o tres días.

Un supervisor hace horas extraordinarias para sustituir a Mehmet, que ya ha comunicado a la empresa que espera volver a trabajar lo antes posible. Mira tú, uno que no necesita seminarios de gestión para adherirse a los valores. El encargado que le sustituye temporalmente le ha explicado a Charles que la dirección no puede tolerar peleas en el lugar de trabajo. Parece ser que el tipo dijo: «Adónde vamos a parar si los jefes de equipo acaban en el hospital cuando reprenden a un subordinado». No sé exactamente qué ha querido decir, pero no tiene buena pinta. No se lo cuento a Nicole para que no se preocupe: si tengo la suerte de obtener el trabajo que ofrece BLC, me voy a reír a carcajadas de toda la mierda que venga.

—Mañana te pondré base de maquillaje —bromea Nicole mirando mi frente—. ¡No, en serio! Solo un poco, ya verás.

Ya veremos. Pienso que mañana me harán la prueba de aptitud y no la entrevista. Para entonces el hematoma casi habrá desaparecido. Si la paso, por supuesto.

—Pues claro que la vas a pasar —asegura Nicole.

La verdadera fe desorienta.

Intento disimular, pero mi excitación es total. No es la misma excitación de ayer o antes de ayer: a medida que se acerca la hora de la prueba me va invadiendo el pánico. El viernes, cuando empezamos a repasar, no tenía ni idea del retraso que llevaba acumulado. Cuando me di cuenta, me entró pavor. Y, de pronto, la llegada de las chicas, que me había contrariado porque me obligaba a perder tiempo de preparación, no me pareció tan mala distracción.

En cuanto entró, Gregory señaló mi frente diciendo:

—Pero bueno, abuelete, ¿te fallan las piernas?

«Abuelete» es una broma suya. Generalmente, en esos casos, Mathilde, mi hija mayor, le da un codazo en el costado, porque piensa que soy susceptible. En mi opinión haría mejor partiéndole directamente la cara. Digo esto porque lleva cuatro años casada con él y hace cuatro años que siento ganas de hacerlo en su lugar. De todas formas, un tipo que se llama Gregory… Además, lleva el pelo peinado hacia atrás, algo bastante significativo. Si a mi hija no le molesta copular con un charlatán, a mí, lo siento, me disgusta. Nicole tiene razón, me he vuelto susceptible. Dice que es culpa de la inactividad. Me agrada esa palabra, aunque no sea lo primero que me viene a la mente cuando me levanto a las cuatro de la mañana para ir a que me pateen el culo.

Mathilde es profesora de inglés, es una chica muy normal. Mantiene una pasión inexplicable por la vida cotidiana. Le entusiasma hacer la compra, imaginar qué va a hacer de comer, pensar con ocho meses de antelación en encontrar un lugar para pasar las vacaciones, recordar el nombre de todos los hijos de sus amigas, los cumpleaños de todo el mundo, planificar sus embarazos. Me asombra su facilidad para rellenar su vida. La exaltación que le procura la gestión de lo banal tiene algo de verdaderamente fascinante.

Su marido, Gregory, dirige una oficina de una compañía de créditos para el consumo. Concede préstamos para que la gente se compre un montón de cosas: aspiradoras, coches, televisores. Los muebles del jardín. En los folletos los intereses parecen muy razonables, pero al final se acaba devolvi …

 

Bea.

Artículo inicialmente publicado en DE LECTOR A LECTOR.

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La novia del diablo https://lacasaartica.com/la-novia-del-diablo-terence-fisher-1968/ Wed, 07 Jun 2017 15:00:43 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4677

El satanismo ha sido, desde los primeros años de la historia del cine, una de las temáticas más recurridas y necesarias dentro del cine de terror. Häxan (1922) de Benjamin Christensen ...]]> Póster de La novia del diablo (Terence Fisher, 1968)

El satanismo ha sido, desde los primeros años de la historia del cine, una de las temáticas más recurridas y necesarias dentro del cine de terror. Häxan (1922) de Benjamin Christensen sería en el año 1922 una de las primeras aportaciones que se conocen del llamado cine satánico, aquel que alberga en sus contenidos todo lo concerniente a las misas negras, brujería o al ocultismo en términos generales, siempre con la figura del Diablo o Anticristo como inminente amenaza. El subgénero eclosionaría al heredar el séptimo arte una realidad social que comenzó a tratarse de forma mediática y sin tapujos durante la década de los 60, ante la proliferación de un gran número de sectas satánicas cuyos extraños rituales y creencias pasaron a formar parte de un importante porcentaje de la opinión pública. El tema no pasaría desapercibido para el cine de género que encontraría en estos hechos un nuevo filón que comenzaría principalmente con La Semilla del Diablo de Roman Polanski y alcanzaría un dulce cénit con la archiconocida El Exorcista de William Friedkin, la máxima expresión en cuanto a calado se refiere de la figura del Diablo en el cine. 

La Hammer desde el Reino Unido no dejaría pasar la ocasión, en el año 1968, de afrontar la temática ocultista. La productora con su inherente sello gótico afrontaría desde este estigma una de sus producciones más notorias, aunque también una de las más olvidadas a la hora de hacer un baremo sobre sus títulos más representativos. Los nombres unidos a la película serían de auténtico lujo, empezando por el para siempre ligado a la productora brítánica Terence Fisher, uno de los realizadores de género más influyentes que se recuerdan. Como protagonista un Christopher Lee dejando a un lado su omnipresente estigma de villano y en el guión el célebre novelista Richard Matheson que en esta ocasión adapta novela ajena, una del experto en temática satanista Dennis Wheatley.

Fotograma de La novia del diablo (Terence Fisher, 1968)

Fotograma de La novia del diablo (Terence Fisher, 1968)

La Novia del Diablo (tal y como se estrenó el original The Devil Rides Out en nuestro país) se concibió en una de las etapas más prósperas de la Hammer, donde ya había alcanzado un estigma y madurez que proporcionaría algunas de sus mejores obras, como de la que se habla en estas líneas. Antes de entrar a describir algunas de sus principales virtudes cabe señalar la sorpresiva interpretación de un Christopher Lee como héroe total de la función así como el antagonista total en la piel de Charles Gray, que pone a la sazón uno de los villanos más memorables del cine británico inmortalizando perfectamente la macabra sensación de horror que destila la película ante el desarrollado y destacable tratado de la temática principal. Mocata (el villano interpretado por Gray) parece ser un libre retrato del mago ocultista Aleister Crowley, dramatizando ese estigma tan poderoso como tenebroso. Gray aporta ese porte tenso, frío y hechizador que lo convertirán en la gran estrella de la función, con uno de los villanos más inolvidables que nos ha regalado el cine británico de género. La película se distancia ciertamente de las obras más representativas de la productora en el calculado y acertado sentido a la hora de retratar el horror; sin entrar a destripar nada del argumento cabe decir que tanto la omnipresente figura del diablo como todo lo concerniente a su culto quedan reflejados en buena parte del metraje, como si un perfilado estudio del terror satánico se tratase. Es ahí donde se palpa la madurez a la hora de perfilar su envoltura de género tanto a la hora de valorar la película junto al resto de sus “hermanas” de productora como en el desarrollo del estilo de un Fisher que aquí logra una de sus atmósferas más conseguidas (ciertamente apoyada en lo tenebroso de su temática). El director siempre se ha caracterizado por afrontar el cine de terror desde una perspectiva mucho más adulta y psicológica que lo que mandaba los cánones de su época, algo que en La Novia del Diablo alcanza en su máxima expresión con ese exquisito retrato de la macabra fuerza de lo oculto dentro de una elegante cónclave que nos lleva a la fina aristocracia inglesa; algo que, de paso, potencia esas señas de identidad tan británicas de la Hammer.

El bajo presupuesto con el que la productora británica afrontaba sus propuestas no es de nuevo ningún problema para la película. El uso de escenarios se antoja magnífico, sirviendo a la sazón como enclaves perfectos para ese puñado de escenas poderosas que a modo de “set pieces” pasarán por ser de lo más recordado de la película. Un puñado de momentos, que junto a la ténebre atmósfera que nos acompañará a lo largo de sus 91 minutos, servirán como dramatización perfecta de ese terrorífico culto a lo oscuro y lo ocultista. Nos encontramos posiblemente ante una de las películas más notorias de la afamada productora inglesa. Enclaustrada del gusto popular quizá por su palpable fracaso comercial o lo peliagudo de su temática, el film se aúpa por la perfecta simbiosis de melodrama, suspense y horror en su concepción más clásica. Fisher se sirve aquí de un variopinto conjunto de emociones para hacer un retrato crudo, realista y convincente del Mal en su figura más representativa, manejando la situación con el temple y seriedad que hace respirar no sólo el encanto del clasicismo de la Hammer sino de un pulso narrativo que permite gozar como nunca de una temática habitualmente muy pobremente tratada en el género.

Saludos desde el Gabinete, camaradas.

Publicada originalmente en Cine Maldito

Dani Rodríguez.

 

Artículo inicialmente publicado en EL GABINETE DEL REVERENDO WILSON.

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¿Dónde quedan Soundgarden en la memoria? https://lacasaartica.com/donde-quedan-soundgarden-en-la-memoria/ Tue, 06 Jun 2017 14:30:57 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4648 La banda Soundgarden sobre unas escaleras

¿Dónde quedan Soundgarden en la memoria?

Primero iba Nirvana, después Pearl Jam y, en el tercer escalón del podio, Soundgarden.

El tiempo no ha tratado del todo mal a ninguno de los ...]]> La banda Soundgarden sobre unas escaleras

La banda Soundgarden sobre unas escaleras

¿Dónde quedan Soundgarden en la memoria?

Primero iba Nirvana, después Pearl Jam y, en el tercer escalón del podio, Soundgarden.

El tiempo no ha tratado del todo mal a ninguno de los tres grupos.

Estuvieron en el lugar adecuado, en el momento justo.

Soundgarden ya era un grupo relevante antes de que Nirvana rompiera el cascarón.

Eran de Seattle y tocaban un rock áspero y un poco barroco en su puesta en escena, de inspiración setentera y agraciado con la voz de Cornell, casi un tenor de capacidad insólita para su género. También con su carisma y su historia personal: Cornell era un muchacho atormentado con un historial de depresiones y comportamientos asociales. El tipo de héroe que requerían los años 90.

Badmotorfinger, su disco de 1990, rozó las puertas del cielo. Superunknown, de 1994, dio ya de pleno con el espíritu del momento, aquello que se llamaba grunge, con canciones como Spoonman y Black hole sun.

Cuando la década de los 90 entró en su segunda mitad, el momento de gracia de aquella generación empezó a apagarse. Soundgarden se separó en 1997, pero Cornell aún tuvo momentos relevantes en la música popular. Ocurrió en 2001, cuando el cantante se reunió con los náufragos de Rage against The Machine (todos menos Zack de la Rocha) y formó Audioslave. En resumen, su plan consistía en tomar el sonido de RATM y enriquecerlo con el carisma y la voz de Cornell… que, a su vez, entraba así en el siglo XXI con una propuesta más contemporánea, menos masticada. La fórmula funcionó durante años, con buenas ventas, aunque no duró mucho.

Audioslave se separó en 2007 y Cornell retomó una carrera en solitario que había iniciado una década antes, publicando varios discos después de interpretar el tema principal de una película de James Bond, Casino Royale (2006). Pero para una generación, nunca dejó de ser la voz de Soundgarden.

La banda, por cierto, se había reunido en los últimos años, ya como un autohomenaje.

Soundgarden daba conciertos por Estados Unidos con la excusa de los 25 años que han pasado desde Badmotorfinger. Fue ése el motivo que llevó a  Chris Cornell hasta el Fox Theatre. Y donde parece ser que se suicidó en el baño de la habitación del hotel en el que se hospedaba.

Descanse en paz.

Alberto Herreras.

 

Artículo inicialmente publicado en EL FARO QUE NO CESA.

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Nagisa Oshima: la Revolución https://lacasaartica.com/nagisa-oshima-la-revolucion/ Mon, 05 Jun 2017 14:30:08 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4595 Nagisa Oshima durante el rodaje de El imperio de los sentidos (1976)

Ahora que hace ya más de dos años que pudimos descubrir, con una admiración cercana al asombro, la ...]]> Nagisa Oshima durante el rodaje de El imperio de los sentidos (1976)

Nagisa Oshima durante el rodaje de El imperio de los sentidos (1976)

Ahora que hace ya más de dos años que pudimos descubrir, con una admiración cercana al asombro, la obra de Nagisa Oshima, a la que el Festival de Donostia y la Filmoteca Española dedicaron su retrospectiva clásica de 2013, es bueno recordar algunas de las sensaciones que nos produjo, antes de que sus huellas terminen por borrarse o diluirse por el paso del tiempo (si tal cosa es posible).

Para este cineasta, próximo a la izquierda revolucionaria desde el principio hasta el final de su carrera, no hubo, como en tantos otros europeos con los compartió filiación durante un tiempo (Jean-Luc Godard es el caso más palmario) ningún tipo de arrepentimiento de sus tomas de posición políticas; tampoco detectamos en su filmografía acomodamiento alguno a los tiempos o a las modas estéticas, ni concesiones de cara a la galería, ni simplificaciones o moderación impostada para convertirse en un éxito de taquilla. De una rotundidad ideológica apabullante, cualquier espectador conservador o pusilánime que se acerque a sus películas tendrá que huir despavorido o levantar los brazos en señal de rendición.

En su primera gran película, Noche y niebla en Japón (1960) a través de planos secuencia de larga duración y una puesta en escena de aroma inequívocamente teatral, desenfocando ligeramente el presente para mejor explicar el pasado, desenmascara con contundencia las miserias, ruindades y oportunismos políticos e ideológicos del movimiento comunista prosoviético, frente a cuyo anquilosamiento y renuncias sitúa a la extrema izquierda estudiantil, de la cual fue dirigente durante sus años universitarios.

Un año después realiza La presa, adaptación de una novela corta del futuro Premio Nobel de Literatura y simpatizante maoísta Kenzaburo Oé, en la que pone de manifiesto otra de sus radicales impugnaciones: en este caso, contra la visión victimista que gran parte del cine nipón de postguerra ofreció del pueblo japonés durante la II Guerra Mundial. Aquí vemos a un a pueblo sádico y brutal, en consonancia con el estado de cosas que llevó al mantenimiento de un gobierno agresivamente imperialista, y empieza la presencia, que tendrá gran relevancia en el cine de Oshima, de violaciones, mostradas con una inusual dureza y evitando cualquier tipo de edulcoramiento.

Do-yun Yu en El ahorcamiento (Nagisa Oshima, 1968)

Do-yun Yu en El ahorcamiento (Nagisa Oshima, 1968)

Otras constantes en su cine son la denuncia del trato a la inmigración coreana, que para buena parte de la población japonesa seguía formando parte de la misma imaginaria raza de subhombres creada por la cosmovisión imperial y que les llevó a invadir a sangre y fuego la península coreana para gobernarla con dureza entre 1910 y 1945; la execración de la pena de muerte, que en una película como El ahorcamiento (1968) se confunde con el nacionalismo japonés al  establecer un paralelismo entre el instrumento del método de asesinato legal que da título a la película, la soga, y el sol rojo de la bandera, además de dar un audaz salto narrativo (muy semejante al de Fernando Birri en Tire dié-1960-) desde las frías estadísticas con que comienza la película hasta la dureza y el absurdo de su concreción en el sistema criminal sistema legal vigente; y la radical oposición a la guerra de Vietnam, una de cuyas icónicas fotografías forma parte inseparable del singular relato que da forma a Tres borrachos resucitados (1968), en la que no por accidente colabora como coguionista el futuro portavoz de la organización armada Ejército Rojo Japonés, Masao Adachi.

Murió después de la guerra (1970) es la que nos parece su obra más acabada, oscilando entre la dureza y la ironía, ofreciendo una dura visión de las limitaciones del cine para empujar a un proceso revolucionario y, al mismo tiempo, de las barreras que impedían a los estudiantes izquierdistas apreciar un cine estéticamente tan revolucionario como la ideología a la que pretenden servir, llevando ambas paradojas al límite a través del estudiante que filma su propia muerte ante los bostezos y las acusaciones de “progre de boquilla” de sus compañeros de lucha, lo que acaba desembocando en una denuncia del revolucionarismo universitario como mero juego en el cual el ámbito del cine es el único en el que las batallas se llevan hasta las últimas consecuencias.

Eiko Matsuda en El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima, 1976)

Eiko Matsuda en El imperio de los sentidos (Nagisa Oshima, 1976)

Sin duda estas grandes obras quedaron opacadas por el éxito, y la polémica mundial, que rodeó a El imperio de los sentidos (1976), la única película de Oshima que parece ser recordada por el público general y en la que, bajo la producción ejecutiva de Koji Wakamatsu, ofreció una visión opuesta a la pornografía tradicional, en la cual las imágenes no se remiten más que a su propia inmediatez y el ridículo argumental es la norma. Aquí nos mostró una carnalidad desnuda, tan cruda que asusta, y una celebración inicial del placer sin ningún tipo de sutileza, así como el posible y tenebroso reverso en que puede desembocar: su progresiva transformación en una enfermedad adictiva. Con una visión nada complaciente, El imperio de los sentidos pone el foco en los peligros del placer sin límites y como fin en sí mismo, de una carnalidad que se autofagocita y en la que su progresiva intensificación hace necesaria la presencia de objetos cortantes y de sangre: elementos, en cualquier caso, que están presentes en cualquier carnalidad real y que aquí se llevan al extremo para mostrar el potencial destructor de cualquier situación placentera que no esté ubicada en un contexto, en un tiempo y un lugar, sino que arrase con cualquier tipo de referencia anterior o posterior y se transforme en un agujero negro capaz de devorar la vida de sus protagonistas. Esta visión del sexo, tan ajena al moralismo al uso o a cualquier festejo inocente, demostró que la dura mirada de Oshima era capaz de trasladarse a todos los ámbitos de la vida, incluidos los más íntimos.




La desaforada popularidad de su película más famosa no favoreció la carrera de Oshima, que hasta su última y notable película, Gohatto (1999), no pudo volver a ofrecer un largometraje a la altura de su mirada rupturista (a pesar de haber realizado alguna otra obra de la importancia de Feliz Navidad, Mr. Lawrence -1983-), con Takeshi Kitano en uno de sus mejores papeles como actor y extendiendo en este caso su lupa a los peligros de la belleza como fin en sí mismo, haciendo temblar los cimientos del mundo samurai tradicional como pocos cineastas -aparte de Masaki Kobayashi- habían logrado al incluir la homosexualidad como importante factor de la idiosincrasia de estos guerreros surgidos en el siglo VIII.

Con el fallecimiento de Nagisa Oshima, en 2013, y la mencionada retrospectiva que pudimos ver unos meses después, quedó de manifiesto que nos encontrábamos ante un autor de primer nivel, merecedor de un lugar en el panteón de los grandes cineastas y de cuya coherencia ideológica y estética encontramos pocos parangones en la historia del cine. Su ideología de izquierda revolucionaria no significó nunca la defensa de ningún régimen político establecido ni de los peculiares bandazos a los que sometieron a sus sufridos simpatizantes la Unión Soviética o la China de Mao (al contrario que muchos de sus compañeros de país y generación como Wakamtsu, Adachi y Oé, Oshima nunca fue maoísta); ni tampoco la vulgarización de consignas para ser mejor digeridas por la generalidad del pueblo al que hipotéticamente se dirigirían, sino en una rotunda impugnación radical y sin concesiones de lo establecido. En ello se cifra el mérito de su persona y su obra, y su olvido es la medida exacta de lo ausente que está de nuestro universo una contundencia y un radicalismo intelectuales de su calado.

Mario Iglesias. 

 

Artículo inicialmente publicado en EL FONDO DEL AIRE ES ROJO.

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Pecado, de Laura Restrepo https://lacasaartica.com/pecado-laura-restrepo/ Sun, 04 Jun 2017 15:00:16 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4589

Pensaba que me iba a encontrar con una novela, y lo que he leído ha sido un libro de relatos.

Dos mil dieciséis fue el año de El Bosco, y a ...]]> Portada de Pecado - Laura Restrepo

Pensaba que me iba a encontrar con una novela, y lo que he leído ha sido un libro de relatos.

Dos mil dieciséis fue el año de El Bosco, y a falta de una historia única que lo venerara, Laura Restrepo nos trae ocho relatos que giran alrededor de El jardín de las delicias.

Voy a intentar sintetizar en este artículo todas mis opiniones sobre esta recopilación de narraciones, pues cada una merecería una reseña aparte, y puedo aseguraros que, de dedicárselas, serían alusiones muy buenas todas ellas.

Pecado ha sido «mi primer Laura Restrepo», y he encontrado una diversidad temática en los relatos, más rica de la que esperaba encontrar, tras venir apercibido por las palabras de García Márquez sobre la fascinación de Restrepo por la cultura popular.

Laura Restrepo no es solo cultura popular, y aunque hace alarde de ella en alguno de sus relatos, por ejemplo en el de El Siríaco, me quedo primeramente con otros relatos que se mantienen al margen de esta catalogación como son Peccata mundi u Olor a rosas invisibles.

En el primero de ellos, en Peccata mundi –que es el relato principal del libro y cuenta con una segunda parte a modo de epílogo–, habla de tres hermanas –Alma, Diana e Irina–, que son conocidas como las Susanas, y el llamarlas Susana Grande, Susana del Medio y Susana Chica respectivamente, evita la redundancia de sus nombres en partes de la narración, haciéndolo, Laura Restrepo, con una naturalidad exquisita que me ha encantado.

Las tramas de estos relatos están repletas de adulterios y otras maldades, incluyendo a veces la truculencia o el incesto, a modo de morboso compendio de seducciones para los lectores, en los que debe primar, por encima de todo, y lo que hace recomendable esta lectura, la prosa de Laura Restrepo, y esos recursos literarios de los que he mencionado un pequeño ejemplo.

Laura Restrepo hace un ejercicio literario tremendo al unir estas historias a un cuadro concreto de El Bosco, y ha conseguido que fácilmente podamos recordar al pintor en ellas, aunque, directamente, en algunas, no llega a referirse al cuadro. Para encontrar esa cohesión existente, no hace falta entender de pintura, sino simplemente visualizar El jardín de las delicias, y dejarse llevar por el disfrute de la lectura.

Datos del libro

Título: Pecado
Autora: Laura Restrepo
Editorial: Alfaguara
Año de edición: 2016
Páginas: 352
ISBN: 9788420419183
Precio en papel: 18,90 €
Precio en eBook: 8,99 €

Jesús Rojas.

 

Artículo inicialmente publicado en RELIBRO.

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Déjame salir (Get Out) https://lacasaartica.com/dejame-salir-get-out/ Sat, 03 Jun 2017 15:00:59 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4585

Las reuniones sociales son el hogar natural de la sátira y el horror. Déjame salir (Get out) lo muestra de modo ingenioso e inesperado. La ópera prima de Jordan Peele es ...]]> Póster de Déjame salir (Get Out) (Jordan Peele, 2017)

Las reuniones sociales son el hogar natural de la sátira y el horror. Déjame salir (Get out) lo muestra de modo ingenioso e inesperado. La ópera prima de Jordan Peele es un estimulante espectáculo, ya que consigue combinar satisfactoriamente el cine de terror con un retrato ácido de las contradicciones que persisten en la sociedad de los Estados Unidos. La provocadora premisa de la que parte el director adquiere una mayor resonancia a medida que avanza el metraje, si bien el apresurado final con que concluye acaso disminuya el impacto de lo que hasta el momento había sido un punzante relato de terror. Peele reutiliza las convenciones del género para armar una pesadilla sobre una situación que hasta hace poco no había alcanzado mayor visibilidad en el cine comercial estadounidense: el horror de vivir como alguien que pertenece a una minoría oprimida, o, por decirlo de otra forma, el racismo como motivo de terror. Déjame salir se erige como una renovación de un género cinematográfico, aunque solo lo sea al apuntar a realidades que habían estado prácticamente ausentes en el cine, y no tanto por el modo en que renueva las formas cinematográficas. Su atractivo, por lo demás, reside en ser capaz de amalgamar de modo consistente distintos géneros en una pesadilla verdadera. Y en tanto es cierto que la conclusión parece llevar al relato a un terreno más convencional e inofensivo, Déjame salir sabe registrar con precisión las tensiones internas con las que nos hemos acostumbrado a vivir.

Tras unos meses de relación, Chris (Daniel Kaluuya) va a conocer a los padres de su novia, Rose Armitage (Allison Williams). Pese a que ella trata de disipar sus miedos, Chris se siente nervioso al no saber cómo reaccionaran los padres frente al novio negro de la muy blanca Rose. Al llegar a la propiedad de los Armitage, antes que desvanecerse, esos miedos van acrecentándose. Por un lado, la actitud paternalista de los padres, Missy (Catherine Keener) y Dean (Bradley Whitford), no deja de tener algo de impostado, sus comentarios, además, parecen tan venenosos como pretenden pasar por bien intencionados. Por otro, la presencia de dos empleados negros, Georgina (Betty Gabriel) y Walter (Marcus Henderson), incomoda a Chris, más cuando ambos parecen actuar como zombis sin voluntad reconocible. La visita del protagonista coincide con una gran reunión en que los Armitage celebran con todos sus vecinos (casi todos muy blancos). El fin de la semana, pues, se va convirtiendo en un suplicio, si bien el mismo Chris procura achacar los indicios de amenaza a su paranoia. Pero no se descubre nada al decir que las amenazas son reales. Déjame salir va escalando hasta llegar a su delirante revelación. La temible conspiración de la que es víctima Chris tiene el encanto y las debilidades de las conspiraciones del cine de serie B, o de las pesadillas de La dimensión desconocida. Aun cuando no deje de tener esto su encanto, la conclusión del filme lo disminuye, debido a que su poder seductor proviene de enfrentarnos con un terror que tiene como base algo real.

Uno de los grandes logros del largometraje es recrear con suma vividez el aire enrarecido de quien se encuentra atrapado en un entorno hostil. Tal como ocurre en aquellas reuniones en que una persona no ha sido realmente invitada y debe cumplir con las normas “civilizadas”, Chris se ve forzado a aparentar que no hay nada anormal en estar rodeado de personas que parecen juzgarlo por ser un extraño. Peele sabe construir un horror que surge de situaciones reconocibles; el director sabe ir acumulando amenazas que son tanto señales de alarma para su protagonista, como un retrato crudo del supuesto liberalismo de un sector de la población estadounidense. Todo ello provoca una sensación de claustrofobia e impotencia. De modo sostenido, las pequeñas amenazas se van sumando, y Chris, como tantos otros personajes de películas de terror, las desestiman, ya que supone que se trata de puras fantasías. Pero todas ellas son realesDéjame salir va más allá de los meros sobresaltos con que se condimenta a las películas corrientes de terror. El miedo y el peligro pueden localizarse en nuestras sociedades, y eso hace de la experiencia una suerte de horror doble: el del relato y el del comentario social. Peele le es fiel a la lógica del género, sin embargo; la conspiración se va revelando cada vez más extravagante hasta concluir con un desenlace que no se distingue de otros tantos filmes de horror. Déjame salir se hunde al final en el convencionalismo que había distorsionado tan ingeniosamente. Las consecuencias del provocador presupuesto se suavizan a través de un final normalizador. En todo caso, cabe señalar que la opera prima del director estadounidense lograr revelar a través del prisma del terror las contradicciones de una sociedad. El largometraje es una apuesta audaz y estimulante que transforma a convenciones que parecen fosilizadas en instrumentos con los que se puede comunicar algo urgente y vital. Déjame salir tal vez sea un retrato más preciso de la sociedad estadounidense de lo que lo son los dramas y comedias que se dedican a repetir formulismos sin mayores signos de vida. O, en otras palabras, se trata de una película estimulante por estar tan férreamente atada a la realidad, por ser una historia viva. Y esa es la razón para celebrarla, aun con sus flaquezas.

Felipe González.

 

Artículo inicialmente publicado en DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE CINE.

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Los dibus de antes tenían música https://lacasaartica.com/los-dibus-de-antes-tenian-musica/ Fri, 02 Jun 2017 14:30:14 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4566 Las dos familias protragonistas de los Picapiedra (Flinstones)

Cómo me gustaba el alegre y desinhibido grito de Pedro Picapiedra al salir del trabajo… Pese a ser algo duro de mollera, había veces ...]]> Imagen de Los Picapiedra (Flintstones)

Las dos familias protragonistas de los Picapiedra (Flinstones)

Cómo me gustaba el alegre y desinhibido grito de Pedro Picapiedra al salir del trabajo… Pese a ser algo duro de mollera, había veces que al escuchar ese contagioso ¡Yabba Dabba Doo!” uno querría ver a su padre repitiéndolo el sábado por la mañana, invitándonos a salir al campo. Añoro ver en familia estos dibu-jazz como La Pantera Rosa o Los Picapiedra

Los personajes de Piedradura, el pueblo de 25.000 habitantes que tenían  casas adosadas, jugaban a los bolos, hacían barbacoas los domingos, conducían el ecológico troncomóvil y usaban electrodomésticos-con-animales que siempre se quejaban de su trabajo, vivían en plena era del “consumo  prehistórico”. The Flintstones, la serie de Hanna-Barbera que se emitió desde 1960 a 1966, era una imaginativa anacronía del american way of life de finales de los 50.

Un mundo de consumo replicado en piedra cuyos personajes pertenecían a una mayoritaria clase media obrera que bailaba y se movía a ritmo de jazz.

Pedro Picapiedra llegaba tarde al trabajo pero se iba pitando, dando un brinco por encima de su dinosaurio-excavadora en cuanto sonaba la sirena-pájaro que anunciaba el fin de la jornada laboral. Salía gritando ¡Yabba Dabba Doo!”… Los Picapiedra fue de las primeras series que estaban hechas para niños y adultos. La familia creció por ello con los bebés Pebbles Picapiedra y Bamm-Bamm Mármol, el hijo de su inseparable y paciente amigo Pablo. En el guión de la serie había problemas de pareja, de trabajo, de sociedad. Y eran una familia de la “prehistoria”…

Los Picapiedra, inolvidable serie hecha de roca dura y jazz

Quizá la que guardo con más grato recuerdo sea ésta, Los Picapiedra. No era consciente de que casi todos los dibujos que me gustaban o llegaban desde la pantalla tenían música de jazz. Las series más famosas eran esta familia que vivía en Piedradura y la que venía anunciada por una sinuosa y traviesa figura rosa que dibujaba la melodía para saxo de Mancini en The Pink Panther. La Pantera Rosa no hacía un retrato social, lo suyo, y lo del Inspector Closeau con esos dibujos oblicuos de París, pertenecían a otro género, el surrealismo: la Pantera Rosa, personaje mudo e inexpresivo, podría ser Buster Keaton.

Escena de humor de La Pantera Rosa (The Pink Panther)

Escena de humor de La Pantera Rosa (The Pink Panther)

Dibus acompañados de jazz. Retrato de sociedad, vehículo de expresión y de transmisión de valores. El recuerdo de una manera de compartir la creatividad y la música desde la pequeña pantalla

Toda la familia reunida frente al momento dibujazz. Era jazz con orquesta abierta a ritmos latinos y mestizos. Pero esto venía de lejos, de cuando el jazz era la música más popular, pues ya acompañaba en blanco y negro a la pizpireta Betty Boop y desde 1930 lo podían escuchar en las fantasías animadas de ayer y hoy de los Looney Toons.

El inspector Clouseau buscando a La Pantera Rosa

El inspector Clouseau buscando a La Pantera Rosa

La música para dibujos tenía que ser una herramienta descriptiva y narrativa a la vez, dotada de ritmo para favorecer el movimiento

Los Picapiedra y La Pantera Rosa son dibus de familia y también de individuos. No fueron los únicos, hubo otras series “menores” que hicieron uso del jazz. Tom y Jerry, los pequeños pero poderosos héroes –“si quieres tú también  puedes serlo”- Super ratón, “el único ratón que come queso vitaminado”, o La hormiga atómica, los sin par El Lagarto Guancho y Leoncio y Tristón, todos sonaban a jazz.

Con ¿Quién engañó a Roger Rabbit? se inaugura una nueva era de la animación digital. Su exuberante mujer salió tras el telón de un cabaret cantando un viejo blues bajo la mirada babeante de los humanos presentes. Nadie entendía por qué tenía ese novio. Decía que estaba enamorada del conejo porque le hacía reír…¡Dibus!

Jesús Gonzalo.

 

Artículo inicialmente publicado en NOISELF.

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Al límite (Bleeding Edge), de Thomas Pynchon https://lacasaartica.com/al-limite-bleeding-edge-thomas-pynchon/ Thu, 01 Jun 2017 15:00:07 +0000 http://lacasaartica.com/?p=4541

Le tomo prestada la afirmación que Juan Francisco Ferré dejó hace unos días en twitter: “Algún día los historiadores más serios recurrirán a Pynchon para entender el devenir americano en la historia occidental” y ...]]> Portada de Al límite - Thomas Pynchon

Le tomo prestada la afirmación que Juan Francisco Ferré dejó hace unos días en twitter: “Algún día los historiadores más serios recurrirán a Pynchon para entender el devenir americano en la historia occidental” y ordena las novelas de Pynchon en orden cronológico: Mason & Dixon, Contraluz, V, El Arco Iris De Gravedad, La Subasta Del Lote 49, Vicio Propio, Vineland Al Límite.

Visto desde esta perspectiva no podemos negar que la obra de Pynchon abarca la totalidad de la historia estadounidense, desde su fundación hasta la caída de las Torres Gemelas. Sin poder afirmar que lo que hace sea novela histórica, sobre todo desde que se ha convertido en una especie de subgénero en el que tiene acogida parte de lo peor y parte de lo más vendido, sin que una cosa excluya a la otra, de la narrativa contemporánea, si podemos decir que sus “ficciones históricas”, con toda la carga de ironía y delirios fantásticos que llevan, constituyen lo que afirma Ferré, una especie de panel histórico que muestra no tanto la Historia que reflejan los textos académicos, sino esa especie de infrahistoria que no tiene cabida en ellos.

Al límite, (¡Bleeding edge, cojones!) es una panoplia de situaciones que ocurren en torno a la época del ataque al World Trade Center. Y uso deliberadamente panoplia porque muestra una serie de “armas” empleadas para desestabilizar la sociedad o para encontrar resquicios en el sistema para enriquecerse. Desde la injerencia encubierta de instituciones gubernamentales estadounidenses en Centroamérica, hasta el ataque terrorista, desde los hackers, independientes o contratados por el gobierno, hasta las burbujas financieras, desde los fraudes hasta las conspiraciones.

Lo bueno de Pynchon es que sabe que no debe profundizar en este tipo de cosas sino mostrarlas simplemente a través de las aventuras personales de cada uno de los (¿cientos?) de personajes que pueblan la novela. Esto consigue un tono de profundidad, y quizás de denuncia, al mismo tiempo que un aire de liviandad irónica que constituye la marca personal del autor. Intenta abarcarlo todo a través de una sucesión de anécdotas y esa dualidad convierte a Al lím.. Bleeding edge en una novela amena y apreciable. Pero, lo que está claro es que no es una de las grandes novelas de Pynchon. Parece que ha decidido abandonar sus monumentales novelas “históricas” para volver, con ésta y Vici… Inherent Vice, a lo que ya abordó en Vineland, novelas de falso género noir que retratan una época determinada.

Sigue siendo Pynchon. Un autor, eso sí, que demanda que entres en su juego paranoico-conspiratorio y que no te pide nada más, como lector, que te entregues y disfrutes.

¿Seguro?

No. Hay algo más en las novelas de Pynchon. Algo que las hace destacar sobre el resto. Pero está oculta entre sus páginas… así que no solo disfrutes leyendo. Investiga.

(La verdad es que los que admiramos a Pynchon acabamos pareciendo miembros de una secta. Somos lectores fanáticos y, por tanto, poco fiables cuando recomendamos una de sus novelas. Somos lectores paranoicos dispuestos a creer toda conspiración que Pynchon desvela. Y lo somos porque la realidad siempre nos sorprende imitando a la ficción. Tengo que confesar una cosa, creo haber visto a Mohamed Atta en 2001. Y eso que podría parecer algo descabellado coincide con la cronología de sus pasos por el mundo… tal vez Atta, su fotografía, se haya instaurado en el subconsciente colectivo tras los ataques al WTC… pero comparto esa seguridad, la de haberle visto, con otra persona de absoluta confianza… y ahora la protagonista de Al lím… de Bleeding Edge también puede haber coincidido con Atta… o es otra broma de nuestro conspiranoico favorito:

Ya en el taxi de vuelta a casa, por la radio suena una ruidosa cháchara en árabe, que Maxine al principio toma por un programa de llamadas de oyentes, hasta que el taxista coge un auricular y se une a la charla. Ella mira la tarjeta de identificación fijada en el plexiglás. La cara de la fotografía es demasiado borrosa pata distinguirla, pero el nombre es islámico, Mohammed no sé qué. 

Es como oír una fiesta desde la habitación de al lado, aunque Maxine se fija en que no hay música ni risas. Emoción intensa, sí, pero más cerca de las lágrimas o la rabia. Hombres que se pisan al hablar, gritando, interrumpiéndose. Un par de las voces podrían ser femeninas, aunque más tarde le parecerá que pertenecían a hombres de voz aguda. La única palabra que Maxine reconoce, y la oye más de una vez es Inshallah.

 —“Lo que sea” en árabe —dice Horst asintiendo con la cabeza. 

Están parados en un semáforo, esperando. 

—Si Dios quiere —le corrige el conductor, medio volviéndose en su asiento, de manera que Maxine de repente puede mirarle directamente a la cara. Lo que ve en ella hará que le cueste conciliar el sueño. O al menos así lo recordará”)

De la traducción de Bledding Edge, Al Límite, de Vicente Campos, para Tusquets.

Ah, y aquí un agradecimiento autoreferencial a José Luis Portero, lector razonablemente cabreado, por su búsqueda del fragmento correcto:

Aquí hago un cameo à la Pynchon: “@JaviAviles: Donde, de nuevo, no hablo de Al límite, de Thomas Pynchon: http://t.co/hR4ujTaw54” ;-P

— Jose Luis P. (@porterojlp) noviembre 3, 2014

Datos del libro

Título: Al límite
Autor: Thomas Pynchon
Traductor: Vicente Campos
Idioma: Castellano
Editorial: Tusquets Editores
Año de edición: 2014
Páginas: 496
ISBN:  9788483839485
Precio en papel: 22.00 €
Precio en eBook: 9.99 €

Javier Avilés.

 

Artículo inicialmente publicado en EL LAMENTO DE PORTNOY.

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