El Sistema ha fagocitado el frikismo

Ilustración: nerds are cool

El otro día comentaba la caída en la mediocridad del término freak y, en realidad, friki y derivados.

Por culpa de Lady Gaga, mi

archienemiga jurada, en buena parte. Sigue con su loca quimera de igualar artificiosidad a espontaneidad. Pero la cosa ya viene de lejos.

SÍ, hoy también voy a hablar del puto divertimento irónico. Hace tiempo que se me agotaron los temas y sólo sigo con este blog por pura inercia y con la descabellada esperanza de que alguna lea esto y vea el chico sensible que soy y me rescate de las fauces de todos vosotros, que sois gilipollas y os odio mucho.

Con las antitéticas superproducciones de serie B y cosas por el estilo, El Sistema (cómo me encanta escribir eso, lo próximo será ponerme camiseta de rayas, escuchar kalimotxo-rock y beber Mahou) ha fagocitado el frikismo. Los friquis, que hace no tanto eran unos personajes entrañablemente siniestros, se agrupan y dicen “¡Hoy es el día del orgullo friki!” en un vano intento de demostrar que aún tienen algo de contracultural. Rollo cuando alguien dice “Me da igual lo que digáis, Radiohead son la puta ostia” y nadie ha dicho nada (excepto yo, pero no cuento).

La gente pasa a considerarse friqui porque les gusta… ¿Harry Potter? ¿Corpúsculo? Pensé que nunca mentaría la saga en este santo blog, porque tiene más gente metiéndose con ella que gente defendiéndola, pero mira, nunca digas “de este agua no beberé” ni “esta puta no es mi madre”.

¿Qué coño es esto? El caso es que lleva al núcleo duro de friquis, los hardcore, interesarse por cosas cada vez más raras.

De hecho, hasta se ha vuelto (aunque creo que ya está pasando) chachi decir que uno es nerd. Quiero decir, el típico gilipollas que estudia para diseñador gráfico y se define como nerd. Quizá es culpa de The Big Bang Theory y toda esa mierda que veis. El caso es que el mainstream más ultracon está volcado en ellos en lugar de volverles la espalda como solía hacer.

No sé, puede que en lugar de competir por el elitismo (ya no les puede gustar la serie B así que se pasan al cine norcoreano) como propongo -un laissez faire cultural- igual fagocitan ellos algo y se vuelven pijos, entonces, ¿QUÉ?. Da la impresión de que los auténticos marginados van a ser lo que hace unos cuantos años se conocía como “la gente normal”, cada vez personajes más cercanos a una ficción idealizada e inexistente.

El código cinéfilo 

Supongo que ellos tendrán sus códigos, aparte de los estéticos, para reconocerse entre sí. Por ejemplo, los cinéfilos tenemos uno muy bueno. Gracias a esta constante superación huyendo del mainstream, hemos alcanzado unas más que deseables cotas de elitismo y tenemos un divertido código secreto que voy a desvelar porque esto no lo lee ni Carlitos.

El truco reside en preguntar (tras la inevitable afirmación “¡Si yo soy supercinéfilo!”) por las películas favoritas. A continuación, la lista de la mofa y la vergüenza, resumida, para que la podáis entender:

  • La naranja mecánica (Stanley Kubrick, 1971)
  • Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)
  • Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992)
  • Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)
  • El club de la lucha (David Fincher, 1999)
  • Memento (Christopher Nolan, 2000)
  • Réquiem por un sueño (Darren Aronofsky, 2000)
  • Amélie (esta para chicas, claro) (Jean-Pierre Jeunet, 2001)
  • El caballero oscuro (Christopher Nolan, 2008)

El desgraciado responderá seguramente con varias de éstas. Entonces nosotros asentimos con los ojos muy abiertos y damos palmaditas en la espalda al satisfecho susodicho y decimos, pletóricos, “AH SÍ SÍ”.

Chica nerd tetona con gafas se hace un selfie

Como este blog en realidad, a pesar de sus brillantes salidas del camino marcado, trata sobre música, os preguntaréis cómo detecto a los ineptos musicales. Pues hace unos años os habría dicho que simplemente preguntaba por los grupos favoritos, levantaba la ceja con violencia y esperaba que mi interlocutor comenzara a balbucear nombres en inglés, cosa que, ante mi impasible mirada, solía acabar en llanto. Ahora ya me limito a no preguntar nada, asiento directamente con los ojos muy abiertos y doy palmaditas en la espalda.

Joder con las friquis. Pensaba que poner fotos de tetudas me animaría un poco, pero creo que la depresión que me habéis provocado entre todos es insalvable.

estoy muy triste. Voy a informar a la gente de ello en Facebook.

Von Snuff.

 

Artículo inicialmente publicado en LA SCENE.


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