El cuento de la criada. Nolite te bastardes carborundorum

Póster El cuento de la criada (the handmaid's tale) (Serie de TV) (2017)

A mediados de los años 80, la canadiense Margaret Atwood estaba preocupada por la nueva ola de conservadurismo que parecía avanzar por el mundo: eran los años de Reagan y de Thatcher y de otros gobiernos conservadores, y no sólo en el ámbito económico: también resurgían movimientos fundamentalistas religiosos.

Así que decidió escribir una especie de fábula, una distopía, en la que, en un futuro relativamente cercano (con respecto a su presente, pues la novela se ambientaría a principio de los años 2000), los Estados Unidos han sido sustituidos por un estado absolutista, una dictadura militar de corte teocrático llamado la República de Gilead.

Y decidió contarlo desde el punto de vista de una criada, una sirvienta llamada Offred, que se ha visto obligada a vivir en este nuevo mundo.

En el mundo imaginado por Atwood, años continuados de contaminación ambiental, las enfermedades y los malos hábitos de vida y alimentación (industrializada pero poco sana), han provocado serios problemas de fertilidad: pocas parejas pueden tener hijos, y menos aún son los que nacen vivos. Además, las enfermedades de transmisión sexual (téngase en cuenta que eran los años en los que la gente empezaba concienciarse de lo que era el SIDA), la liberación de la mujer (tanto sexual como su incorporación al mundo laboral), los derechos logrados por los homosexuales, etc. son vistos también como amenazas por un grupito de fundamentalistas religiosos cristianos que se autodenominan los hijos de Jacob).

Aunque esto es anterior a los acontecimientos de la novela (no se nos narra, sólo se nos cuenta como pasó), los hijos de Jacob logran orquestar una serie de ataques (por ejemplo al Capitolio) y culpar de ello a supuestos terroristas, lo que aprovechan para declarar el estado de excepción y finalmente hacerse con el poder y fundar la república de Gilead.

Un régimen militar en el que los jerarcas (los llamados Comandantes de la Fe) detentan un poder absoluto y teocrático sostenido por los llamados Ángeles (los soldados), y por los Ojos de Dios (o simplemente los Ojos, una especie de policía del pensamiento o policía secreta que espía y vigila a los posibles disidentes). En este mundo con problemas de natalidad son crímenes muy graves la homosexualidad, el aborto y el sexo que no tenga como fin la reproducción: garantizar que haya más niños.

Grupo de criadas en El cuento de la criada (The handmaid's Tale) (2017)

Grupo de criadas en El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale) (2017)

Y sin ser mala, y tener cierto éxito y obtener cierto reconocimiento, lo cierto es que la novela tampoco logró pasar a los anales de la ciencia ficción como uno de los libros más recordados. Hasta cierto punto es lógico, en esto de las distopías “Un mundo feliz” y “1984” dejaron el listón muy alto, y The Handmaid’s Tale es un libro mucho más adulto que las historias distópicas de adolescentes que vendrían después (series como las de Los juegos del hambre, Divergente, El corredor del laberinto,…) y que si tendrían mucho éxito de público.

Algunos años después, en 1990, se hizo una adaptación al cine, una película alemana dirigida por Volker Schlöndorff, con Natasha Richardson, Faye Dunaway y Robert Duvall, que en España se tituló El cuento de la doncella, que no es que estuviera mal, pero que no tuvo ningún éxito y es bastante poco conocida. Por eso me sorprendió cuando este año 2017 se estrenó El cuento de la criada, la serie de TV, y comprobé que era la misma historia: otra adaptación  de la novela de Atwood.

Como conozco las tres (novela, serie y película) se me hace difícil no establecer comparaciones, así que aunque me centraré en la serie, gran parte de lo que digo es válido también para las otras dos. Muchas veces es sorprendente cómo se asemejan visualmente la versión cinematográfica y la versión televisiva (pongo algunas imágenes juntas, por parejas, para que comparéis).

Esta es la típica anti-utopía en la que se retrata como un régimen absolutista oprime a los disidentes; de hecho en este mundo los que logran escapar de Gilead son acogidos como refugiados en Canadá (el país más cercano pues la historia se desarrolla en la zona de Nueva Inglaterra, en el noreste). Por cierto, y como curiosidad, en la serie creo que sólo se menciona esta denominación: Gilead, un par de veces en un episodio.

Lo que diferencia a la historia de otras distopías es que aunque retrata la opresión de todos (como todas las distopías) hace especial referencia a las formas de opresión de las mujeres.

En el mundo imaginado por Margaret Atwood, las mujeres tienen asignados unos papeles muy concretos y son divididas en clases (casi como castas) y obligadas a seguir un estricto código de conducta y de vestimenta.

Están las esposas, la cúspide de la pirámide aunque para ellas también rigen prohibiciones como las de leer o escribir libros, que visten siempre de azul (aunque en la serie de TV a mi casi me parece más bien verde, pero bueno).

Elisabeth Moss interpreta a Defred (Offred en el original) en El cuento de la criada

Elisabeth Moss interpreta a Defred (Offred en el original) en El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale)

Por supuesto están las viudas, las esposas cuyos maridos han fallecido (vestidas de riguroso negro, sobran las explicaciones) y las hijas, tanto naturales como “adoptadas” (ya os explicaré lo de las comillas), obligadas a vestir de rosa (los hijos no, esos siguen otro camino).

También están las Martas, mujeres que no pueden tener hijos, bien por su edad, bien por ser estériles (recordad que la esterilidad es un serio problema en este mundo), que están destinadas a ser sirvientas dedicadas a las tareas del hogar: cocinar, limpiar…

Las Martas visten de un verde apagado y su la denominación viene del pasaje bíblico en el que Jesús va a visitar a Lázaro y a sus hermanas María y Marta, y mientras María escucha a Jesús, Marta prepara la comida y los atiende.

Y también están las criadas (que dan título a la serie) que también son sirvientas asignadas a las familias de los comandantes, vestidas de rojo, pero estas –a diferencia de las Martas- si son mujeres probadamente fértiles, que pueden tener hijos.

Por último están las tías, mujeres no fértiles, no casadas y normalmente de cierta edad que visten de color marrón, las únicas a las que se permite leer, y cuya función es adiestrar a las criadas.

Por supuesto no toda la población vive así: esto está reservado para los jerarcas del régimen, los Comandantes y sus familias.

El resto (los hombres de clase social más baja, tienen esposas que deben cumplir todos los papeles (esposa, Marta, criada) a la vez, a las que se denomina “econowives” en el original.

Y estas son las mujeres “legítimas”, las clases socialmente aceptadas. Además están las no-mujeres (las solteras por decisión propia, las lesbianas, las monjas, algunas viudas, las criadas que no han logrado concebir hijos, y en general las mujeres “disidentes”) que son ejecutadas o exiliadas para trabajar en las llamadas colonias (áreas rurales, agrícolas, con fuerte polución).

Y por último las Jezabels, las prostitutas, bien las que ya eran profesionales antes, bien las que se han visto forzadas a ello para eludir ser declaradas no-mujeres. No tienen que seguir ese código de color en la vestimenta, y su función es alternar con los comandantes y los dignatarios extranjeros. Porque –aunque oficialmente no existen- en este mundo diatópico si que hay burdeles más o menos institucionalizados (desconocidos por la mayoría de la población) y reservados para los jerarcas del régimen).

Dos criadas caminan por la calle en El cuento de la criada (The Handmaid's Tale)

Dos criadas caminan por la calle en El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale)

Pero el meollo de la historia (y la razón del título: El cuento de la criada) viene del papel de las criadas (o las doncellas, según la versión). Su “trabajo” es tener hijos, y se considera casi sagrado, una bendición. El problema es que no es voluntario, claro, es obligado: la historia cuenta las vivencias de una de ellas, que es capturada cuando intentaba escapar con su familia a Canadá.

Una vez “entrenadas” por las tías en los llamados Centros Rojos, cada criada una es asignada a un comandante durante un periodo de servicio de unos meses: vivirá en su casa hasta quedarse embarazada, tener un hijo y entregarlo a la familia (aunque siempre permanecen bajo la autoridad de las tías). Y luego (o si no logra tener un hijo) será a signada a otro comandante. A partir de aquí pierden su nombre, pasan a denominarse con el nombre del comandante que tengan asignado en cada momento. La protagonista se llama Defred (Offred en el original) porque ahora está asignada al comandante Fred Waterstone. Literalmente se “de Fred” (“of Fred”) en el original. De la misma forma que otras criadas son Degeln/Ofglen (“de Glen”), Dewarren/Ofwarren (“de Warren”), etc. Y como una propiedad que son, cambian de nombre cada vez que cambian de comandante.

Aunque rodeada de una parafernalia y una liturgia místico-religiosa, su papel no es otro que el de ser úteros andantes: son reproductoras, están ahí para tener hijos. Cada mes, en sus días fértiles, tiene lugar “la ceremonia” en la que se tienden de espalda sobre el regazo de la esposa que la sujeta, mientras el comandante intenta hacer lo suyo.




Todo muy aséptico y muy ceremonial: Nadie se desnuda, ni la criada ni la esposa ni el comandante, por supuesto el comandante no toca ni acaricia a la criada (aparte de penetrarla, claro). De hecho es todavía más ceremonial en el caso de la película, donde la criada (aquí es la doncella) debe vestir un velo rojo que le oculta la cara.

Esto también está justificado bíblicamente por el pasaje en que Raquel, que no podía darle hijos a Jacob, le ofrece a sus dos criadas para que le den un hijo. Pero por mucha justificación bíblica que tenga, no es de extrañar que no sea muy agradable para la esposa, no digamos ya para la criada, claro.

El problema es que en Gilead las estériles son sólo las mujeres, se presupone que los comandantes no tienen problemas de esterilidad, por lo que si una criada no puede quedarse embarazada después de varios periodos de servicio (a pesar de ser probadamente fértiles, bien por las pruebas que les han realizado, bien porque ya han tenido hijos antes) tienen “un pequeño problemilla”.

Esta simulación de que la esposa y la criada son realmente una, se lleva también al extremo en el momento del nacimiento: cuando un hijo de una criada va a nacer ello se considera una fiesta, un regalo divino: todas las demás criadas y esposas de la zona se reúnen, y el parto es dirigido por una tía. La esposa se sienta en la cama detrás de la criada, mientras esta –apoyada en su regazo- da a luz a su hijo. Al hijo de la esposa, claro, porque los hijos son entregados a los comandantes y a sus familias.

Aunque según sus propias declaraciones, Atwood no quería escribir un libro expresamente feminista, (ella quería poner de manifiesto como los fundamentalismos religiosos y el conservadurismo de los 80 podía llevar a una sociedad en la que se retrocediera en las libertades, para todos, no específicamente para las mujeres) lo cierto es que le salió un historia que rápidamente se consideró un libro feminista.

Elisabeth Moss, Alexis Bledel, Jenessa Grant y Bahia Watson en El cuento de la criada

Elisabeth Moss, Alexis Bledel, Jenessa Grant y Bahia Watson en El cuento de la criada (The Handsmaid’s Tale)

De hecho, también las mujeres de la elite (las esposas) están oprimidas y subordinadas a los hombres, pese a haber apoyado la situación, pese a haber ayudado en algunos casos a redactar las mismas leyes que las oprimen. Por ejemplo, Serena, la esposa del comandante Fred, en el pasado era una telepredicadora fundamentalista cristiana (en el libro y en la película) y una escritora y activista (en la serie) mientras que ahora no es más que “la esposa”.

Y esto en la serie también está muy presente y ha sido tomado por bandera de los derechos de la mujer en temas como la libertad sexual, los vientres de alquiler, etc.

Realmente la adaptación del libro, tanto al cine como a la televisión, es muy fiel en ambos casos: serie y película cuentan básicamente lo mismo. Pero mientras notas que a la película “le falta algo”, el hecho de que la serie pueda disponer de 10 horas para contar la misma historia (en vez de las 2 horas de la película) le ha sentado bien, muy bien de hecho. Y no es que cuente muchas más cosas que la película. Sí, es cierto que gracias a flashbacks abunda más en ciertos aspectos de “cómo se llegó” a esa situación, pero de hecho también se deja otras cosas en el tintero: por ejemplo la película es más explícita contando el proceso de entrenamiento de las criadas (allí denominadas doncellas) y el anterior: como son capturadas, como son sometidas a pruebas de fertilidad y como son cargadas en vagones –como si fueran ganado vivo- para llevarlas a los Centros Rojos y someterlas al entrenamiento.

En general os puedo decir que la serie es mejor que la película. No os puedo decir por qué pero es así. Y eso que la película tenía buenos actores (por ejemplo Rober Duvall interpretaba al comandante Fred Waterstone). En la serie, la protagonista es Elizabeth Moss (la secretaria de Mad Men), y también aparecen gente como Joseph Fiennes o Samira Wiley (de Orange is the New Black). Una cosa que me gustó mucho es cómo utiliza la música: mezcladas con la banda sonora más sinfónica, hay canciones pop o rock para realzar ciertos momentos, como Don’t You (Forget About Me) de los Simple Minds, o White Rabbit de Jefferson Airplane (en el episodio en que una alucinada Defred es llevada a uno de los prostíbulos donde conoce la existencia de las Jezabels).

En cualquier caso, recomendable, así que os la recomiendo.

Ah, por cierto, no se si habrá segunda temporada, pero si la hay, se tendrá que basar en “material nuevo”, en guión original, no adaptado, porque básicamente la serie cuenta todo lo que se cuenta en la novela.

<<<<<<<<<<<<< ATENCIÓN SPOILERS >>>>>>>>>>>>>

Como curiosidad: la principal diferencia entre serie, película y libro es el final, no porque sean distintos, sino porque unos cuentan más y otros menos. La serie acaba cuando Defred es llevada por los Ojos. La película acaba un poco después, cuando Defred ha logrado (con ayuda, claro) escapar de ese mundo, y además deja entrever como los movimientos de resistencia formados por insurgentes están iniciando la batalla por derrocar al gobierno de Gilead. Y en cuando al libro, abarca lo que cuenta la película, pero además tiene un capítulo final, una especie de epílogo en el que (más de un siglo después) en un congreso de historiadores, un par de profesores presentan unas antiguas cintas grabadas por la criada como ilustración  de lo que fue el “breve periodo de Gilead”, antes de que el régimen cayera. Por tanto, en el libro, todo está narrado como si fuera como un gigantesco flashback en el que la criada (mediante las cintas) cuenta su historia.

Seldon.

 

Artículo inicialmente publicado en EL POBRE(CITO) HABLADOR.


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