William S. Burroughs y Kurt Cobain – The “Priest” they called him

Portada del EP The "Priest" they called him (1993) - William S. Burroughs y Kurt Cobain

¡Ooooh! ¡Kurtie! ¡Kurtie! ¡A mí, Kurtie! ¡Fóllame, Kurtie! ¡Lánzame el sujetador, Kurtie! ¡Ups!, me temo que los hombres no suelen usar sujetador. ¡Pues que se despelote! ¡Ay, Kurtie! ¡Pagaría porque me violaras, Kurtie! Bien, esto viene a ser más o menos una recreación de la catarsis grunge a la que podían llegar los y las fans de Nirvana en sus conciertos a principios de los noventa. No sé si mis queridos lectores lo habrán pensado, pero es posible que alguien se haya preguntado a sí mismo: “¿LOS y LAS fans?”. Y efectivamente. No sólo ellas son las histéricas pues, seguramente, a más de uno le molaría el rollo ése del calentón idolátrico. Por desgracia para LAS y LOS grunge-sexuales, este artículo se encamina por otras sendas y, aunque la música de Nirvana marcó un estilo y una época y, por qué negarlo, me mola, yo voy a hablar del Kurt Cobain externo a Nirvana. ¿Es que acaso ese tipo hizo algo fuera de Nirvana? Pues sí, aunque fue realmente poco, ya que el joven Kurt apenas tuvo tiempo para proyectos más ambiciosos al margen de sus camaradas de Seattle.

La historia parte de la admiración que Kurt sentía por uno de los escritores norteamericanos más innovadores del siglo XX: el señor William S. Burroughs, un grande de la literatura que se hizo tristemente famoso por matar “accidentalmente” a su esposa mientras jugaban a Guillermo Tell con un revólver. Mr. Burroughs –heroinómano, icono de la generación “beatnik” de los años cincuenta, pionero del uso de la escritura automática en sus historias y creador de un corrosivo estilo asintáctico que brotaría más tarde en escritores como Anthony Burgess (“La naranja mecánica”) y el propio Kurt en sus diarios- no se sentía especialmente atraído por la música de Nirvana ni por la proposición del ídolo grunge para colaborar. Atrás quedaban ya esos trabajos conjuntos del escritor con grandes músicos como Laurie Anderson, Tom Waits o Iggy Pop. Atrás yonquis y maricas, atrás “El almuerzo desnudo”, atrás Tánger, atrás los chutes de insecticida… A sus setenta y ocho años, Mr. Burroughs no parecía tener mucho en común con un rubio y melenudito icono de la juventud. Sin embargo, la colaboración se llevó a cabo, eso sí, sin que ninguno de los dos llegara a conocerse nunca en persona. Kurt grabó en Seattle, William en Lawrence (Kansas). Teléfono y correo. Nunca se vieron las caras.

Le llamaban “el Cura”. Así titulaba Mr. Burroughs uno de los relatos incluidos en su libro “Exterminador” de 1973. Veinte años después, sale a la luz un raro E.P. con el mismo título. Raro por lo difícil que es de encontrar y raro, también, por ser (escríbanme un comentario si me equivoco) el único trabajo experimental de Kurt Cobain. Durante los primeros segundos de reproducción, una guitarra ruidosa y sórdidamente ejecutada intenta tocar mal que bien un fragmento de “Silent Night” antes de sumirse en crudas secuencias de ruido que en algo recuerdan a los Sonic Youth en su faceta experimental. Cuando el adorable villancico intenta ser recuperado de nuevo para volver a romperse en pocos segundos, la voz de Mr. Burroughs comienza a narrar “Le llamaban el Cura”, una historia de yonquis, tuberculosis y venta clandestina de piernas humanas a las vísperas de Navidad. Al igual que “Silent Night”, un segundo cántico navideño, “To Anacreon in Heaven”, intenta hacerse sitio entre la demoledora masa sonora. ¡Kurtie! ¡Kurtie! Lo siento, baby, pero si buscas al rey del grunge, no lo encontrarás en este breve disco, que incluye un solo corte inferior a los diez minutos de duración.

Esta es la huella, ligera, pequeña, de un Kurt Cobain desconocido con unas inquietudes mucho más allá de Nirvana, del dinero y de ponerse hasta el culo de diversas sustancias mierderas. Y también la huella, también pequeña, de un literato en el ocaso de una carrera revolucionaria y de una vida extraña que, paradójicamente, se apagó años más tarde que la de Kurt, el joven Kurt.

Ken Follet everybody!*

Anexo 1. He aquí un enlacillo relacionado con el post:

Wiki-información sobre Mr. Burroughs.

Anexo 2. Mira tú por dónde, que la foto de William S. Burroughs de la tapa trasera del disco se la hizo el gran Gus Van Sant, director precisamente de los “Last Days” de Kurt Cobain.

Anexo 3. * “Ken Follet everybody” es una despedida cariñosa para los lectores. Su significado es algo así como “Que os follen a todos” y está patrocinado por la Asociación de Víctimas de los Libros de Ken Follet. La mayor parte de miembros de esta asociación presenta traumatismos craneales severos provocados por el impacto de alguno de los tomos de este escritor de best-sellers.

Héctor Perezagua.

 

Artículo inicialmente publicado en VIRGEN CIEGA.


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