Wassily Kandinsky o el arte como necesidad interior

Kandinsky, En gris (Óleo sobre lienzo, 129 x 176 cm, 1919)

Kandinsky, En gris (Óleo sobre lienzo, 129 x 176 cm, 1919)

El impulso creador fue para Kandinsky (1866, Moscú – 1944, París) el motor de la búsqueda infatigable que le condujo a vivir por y para regenerar el arte. Avant-garde de la abstracción, este artista y teórico, difundió sus ideas a través de su pintura y de sus escritos. Persiguió un arte nuevo, curativo y espiritual. Un arte no-objetivo que, asentado en la psicología perceptiva y la teoría de los colores, confirmarse la relación interna entre las impresiones cromáticas y los estados de ánimo del espectador.

La trayectoria de Kandinsky está marcada por tres países: Rusia, Alemania y Francia. Entre 1896 y 1914 vivió en Alemania, en Munich y en Murnau. A lo largo de este periodo su pintura, de gran expresividad cromática, va caracterizándose por la disolución de las formas en un camino sin retorno hacia la abstracción. Durante esta etapa publicó De lo espiritual en el arte (1912) y, entre 1911 y 1914, formó el grupo Der Blaue Reiter (El Jinete Azul) que se disolvió al estallar la Primera Guerra Mundial. Tanto desde la teoría como desde la práctica, Kandinsky pretendía un arte que no efectuase una mera transcripción de la realidad, sino una pintura que proyectase la necesidad interior del artista.

Entre 1914 y 1921 se estableció en Moscú donde llevó a cabo una importante labor como miembro del Comisariado Popular de Educación. Durante estos años su paleta cambió volviéndose brillante como consecuencia del contacto con las artes populares y sus composiciones, de figuras flotantes en espacios infinitos, mostraban ecos de las tendencias suprematistas y constructivistas que caracterizaban la vanguardia del momento. Kandinsky abandonó Rusia cuando la situación artística se recrudeció al imponerse como estética dominante el Realismo Socialista.

De vuelta en Alemania y por mediación de Walter Gropius se convirtió en uno de los más importantes colaboradores de la Bauhaus (1921-1933). Allí desarrolló una importante actividad pedagógica junto a Lyonel Feininger, Johannes Itten, Oskar Schlemmer y Paul Klee, entre otros reputados nombres. Durante este periodo publicó otra obra teórica de referencia, Punto y línea sobre el plano (1926). En estos años su pintura se contagió de la tendencia geométrica y racional que caracterizaba la estética de esta escuela de arte y arquitectura. Se marchó de Alemania en 1933, tras la subida al poder de Hitler y el cierre de la Bauhaus.

Kandinsky, Composición VIII (Óleo sobre lienzo, 140 x 201 cm, 1923)

Kandinsky, Composición VIII (Óleo sobre lienzo, 140 x 201 cm, 1923)

Finalizado este episodio y después de ser incluido en la lista nazi de “artistas degenerados” Kandisnky huyó a París y se instaló en las afueras, en Neuilly-sur-Seine, donde vivió  hasta su muerte en el año 1944. Sus últimos trabajos son coloristas y vitales pese a su exilio y al desarrollo de la Segunda Guerra Mundial. París y su luz suavizaron su paleta y su pintura abstracta se pobló de formas orgánicas de reminiscencias mironianas.

Kandinsky defendió una nueva interpretación del arte basada en el libre manejo de colores y formas, así como en un distanciamiento paulatino del objeto real. Tras la lectura de Abstraktion und Einfühlung (1908), de Wilhelm Worringer, persiguió incansablemente desligarse de la realidad objetiva en aras de la abstracción y reafirmó su idea de que en el arte no es necesario ningún motivo figurativo. Sólo importa el efecto psíquico de las formas y de los colores en quien contempla la obra.

El arte es en muchos aspectos similar a la religión afirmó Kandinsky quien, durante un tiempo, se dedicó al estudio de las ciencias ocultas y la teosofía, interesándose por los escritos de Rudolf Steiner, Helena Petrovna Blavatsky (fundadora de la Sociedad Teosófica) y Annie Besant y C. W. Leadbeater, autores del clásico libro teosófico Formas de pensamiento. Lo espiritual podía manifestarse mediante formas y colores abstractos que provocan vibraciones del alma. Estaba convencido de que existía una correspondencia interna entre la obra de arte y el espectador:

“El color es en general un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El ojo es el martillo templador. El alma es un piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, mediante una tecla determinada, hace vibrar el alma humana”.

Kandinsky, Curva dominante (Óleo sobre lienzo, 129,3 x 194,3 cm, 1936)

Kandinsky, Curva dominante (Óleo sobre lienzo, 129,3 x 194,3 cm, 1936)

En su evolución artística fue clave el descubrimiento de los Almiares de Monet, que pudo ver en Moscú durante una exposición de impresionismo francés en la capital rusa. También le influyeron movimientos como el Simbolismo y el Jugendstil que le mostraron la posibilidad de utilizar los elementos pictóricos de manera libre y lírica.

Lo cierto es que Kandinsky no llegó a la abstracción a través del arte, sino de la figura de Schönberg, padre de la música dodecafónica. Tras uno de sus conciertos inició una intensa correspondencia con él en la que abordaron las conexiones entre música y pintura, entre sonidos y colores. A partir de la conocida como “sinestesia de las artes Kandinsky consolidó los cimientos intelectuales y pictóricos de la abstracción. Para ello fue definitoria también su asistencia en el Teatro Imperial de Moscú a la ópera Lohengrin, de Richard Wagner. A partir de ese momento, el artista tradujo los sonidos en colores y líneas y, desde el año 1909, dividió y tituló algunos de sus cuadros en tres grupos: impresiones, improvisaciones y composiciones. Una terminología claramente musical.

La tendencia a musicalizar el material pictórico fue muy intensa en la etapa de la Bauhaus en la que se celebraron coloquios y conferencias sobre el tema. Su compañero de docencia Paul Klee pintó sus Cuadros de Fugas y Polifonías, transcripciones abstractas de impresiones musicales y, en 1928, Kandinsky creó una performance a partir de Cuadros de una exposición del compositor ruso Modest Mussorgsky. En ella sus pinturas fueron presentadas al ritmo de la partitura con el objetivo de lograr la Gesamtkunstwerk” wagneriana, una obra de arte total que renovase espiritualmente y al hombre y lo liberase del materialismo del mundo moderno.

Artículo publicado para CRAC! MAGAZINE.

Natalia Alonso.

 

Artículo inicialmente publicado en CON EL ARTE EN LOS TALONES.


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