Visita al Guggenheim de Bilbao

De Kooning, Villa Borghese, 1960 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

De Kooning, Villa Borghese, 1960 (Imagen: Guggenheim Bilbao)


Hacía tiempo que no iba al Guggenheim y me tentó la exposición sobre Expresionismo Abstracto. Nunca te conté nada sobre este museo y me pareció una buena oportunidad para mostrártelo y variar un poco el itinerario.

Propuse la excursión a 2 amigas y ahí nos embarcamos en el coche de “mi amiga fiel” junto con “mi amiga encantadora” y yo. (Aclaro: los alias son una ocurrencia de ellas.) Un sol espectacular al salir, pero al llegar, (¡oh, el clima de Bilbao!) todo gris, nublado y frío. Esto es el norte, qué se le va a hacer. “Mi amiga fiel” ya había visto la exposición y, como tenía que hacer algunos recados en la ciudad, nos dejó en la puerta del museo y siguió con sus cosas. ¡La echamos mucho de menos!

Ir al Guggenheim es toda una experiencia. El edificio por sí solo vale la visita, es una maravilla de la arquitectura, cálculo y tecnología. Es un concepto distinto de museo en el que las salas son islas unidas por pasarelas y, en el recorrido, el diálogo exterior-interior es constante: de repente ves a través de las ventanas el río Nervión allí abajo o los tulipanes de Koons y su Puppy ahí afuera… Pero, claro, te tiene que gustar el arte contemporáneo: es lo que vas a encontrar en sus salas.

Allí estaba con “mi amiga encantadora” y decidimos ver primero la exposición de la colección Rupf, un matrimonio suizo, que atesoraba obras a comienzos del sg. XX de Kandinsky, Klee, Macke, Braque, Picasso, Gris, Léger…Eran amigos de Kahnweiler, el marchante de los cubistas, y éste los asesoraba en sus compras. Muy interesante. Me dio la impresión de que las salas estaban poco iluminadas (¿o sería que el cielo gris de Bilbao me acompañó hasta adentro del Museo?).

Basquiat, El hombre de Nápoles, 1982 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

Basquiat, El hombre de Nápoles, 1982 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

En la misma planta, la Colección Permanente. Allí te encuentras con Klein, Rosenquist, Rauschenberg, Warhol, Tàpies, Motherwell… Yo no tengo mucha conexión con este tipo de arte, pero siempre vale la pena volver a ver estas obras.

Me quedé un rato viendo el Basquiat, divertido: un grafiti en lienzo.

Como era de esperar, acapararon nuestra atención Still, Rothko, Kiefer y Richter. Muy diferentes entre sí, pero potentes, muy potentes. Still, con sus campos de color, que te deja dudando sobre cuál es el fondo y cuál es la figura; Rothko, con sus rectángulos flotantes que te llaman quién sabe por qué…

¡Kiefer! Imposible explicártelo: las imágenes no pueden reproducir las texturas con las que trabaja: placas de cobre, costuras, alambres, plomo… Y Richter, con su hiperrealismo desenfocado (¿o Romanticismo?): te descoloca y te atrae a la vez… un genio.

Kiefer, Las célebres órdenes de la noche, 1997 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

Kiefer, Las célebres órdenes de la noche, 1997 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

¡Uy, se nos había ido el tiempo volando! Quería encontrarme con los amigos de La Casa Artica, imposible. “Mi amiga fiel” nos pasaba a buscar en 2 horas y todavía no habíamos visto la expo sobre Expresionismo Abstracto. (Alguna vez debería contarte algo más sobre esto, ¿no?) Estuvo hace unos meses en la Royal Academy de Londres y llega a Bilbao para quedarse hasta junio. Da un panorama bastante amplio de esta escuela, pues presenta no sólo a los artistas de Nueva York, sino también a los californianos.

Son 130 obras, organizadas en las salas por artistas y según sean “Campos de color” (Color Field Painting), como Newman, Still o Rothko, o bien, “Pintura de acción” (Action Painting), como Pollock o De Kooning. Esto da una visión bastante coherente de un movimiento que de por sí era poco homogéneo.

Te encuentras con colores fuertes, altisonantes, y mucho negro. Ese negro que los impresionistas detestaban porque no existe en la naturaleza, pero que los fovistas y los expresionistas rescataron para usarlo de manera emocional, como un color más. Rayas, formas rasgadas,  el espacio rectangular del lienzo dividido en zonas de color. O tonos neutros, pero espesos, con mucha textura, chorreaduras o brochazos en el que te imaginas la brocha llena de pintura dirigida por la mano segura e intrépida del artista.

Pollock, Mural, 1943 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

Pollock, Mural, 1943 (Imagen: Guggenheim Bilbao)

Bueno, ya me dirás que cómo me puede gustar esto… Como ocurre a veces en esta vida, hay cosas que hay que entender primero para que lo sepamos apreciar. Es algo que se logra de a poco, no de buenas a primeras. Pero aun así es cuestión de gustos, de si te emociona, si te llega… (El problema es que en este tipo de arte la línea entre el buen arte y el malo es muy, pero muy delgada)

Nos quedamos viendo un rato los videos explicativos (y de paso, descansar un ratito). ¡Qué mujer increíble Peggy Guggenheim! Ella fue la que promovió a todos estos artistas y marcó, sin duda, el recorrido de la Historia de la Pintura hasta la actualidad.

“Mi amiga fiel” terminó con sus asuntos y pasó a recogernos. ¡Estábamos muertas de cansancio! Nos llevamos a casa todos esos colores; tantos colores que ni nos acordamos del cielo gris de Bilbao…

Guggenheim Bilbao

Colección Rupf, hasta el 23 de abril

Expresionismo abstracto, hasta el 4 de junio

Cristina del Rosso.

 

Artículo inicialmente publicado en CRISTINA DEL ROSSO.


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