Solo los amantes sobreviven

Tilda Swinton en Solo los amantes sobreviven (2013)

Tilda Swinton en Solo los amantes sobreviven (2013)

“Solo los amantes sobreviven”, es una película de alma apesadumbrada, agotada, pero extrañamente bella en su insistencia por buscar una última inyección de vida.

El último trabajo de Jarmusch no solo acomoda las coordenadas de su cine a las del relato vampírico, sino que toma su expresión más decadente para igualarla al melancólico ocaso de un músico de la escena “underground” y su visión deprimida de una humanidad condenada en su declive. Es este un cuento cuyo sentido emocional se halla a caballo entre el romanticismo y el grunge, de una  nitidez obnubilada por el viaje psicodélico y rostros pálidos y hastiados.

En esa delicada nebulosa, Tom Hiddleston y Tilda Swinton son dos amantes y dos polos, el primero erosionado por siglos de cansancio y la segunda empeñada pese a todo en seguir viviendo. Y el cuadro es seductor en sus sinuosas formas indecisas entre este mundo y el otro, disfrutable en sus reinvenciones que llevan a apuntar a Shakespeare como farsante o a Lord Byron como petulante jugador de ajedrez, citados en los mismos renglones que la casa familiar de Jack White.

El cine de Jim Jarmusch fragua su lírica en escenas taciturnas de la cotidianeidad, pasajes que bajo su aparente melancolía concentran resacas llenas de vida y de amor.
“Solo los amantes sobreviven”  es una de sus obras más reflexivas y poéticamente abiertas al espectador: aquella que culmina divertida en los límites de la moral vampírica y fascinante en la mecánica cuántica como explicación a la fantasmagórica esencia de un beso en la noche de Tánger.

La oscuridad de la noche, la música y el romanticismo se cruzan en una cinta repleta de ambientes melancólicos y oníricos que narra el reencuentro de dos amantes vampiros, que vivían distanciados en Tánger y Detroit, y cuya relación se verá afectada por una tercera persona que amenaza con romper su amor.

Y en el giradiscos una canción de amor hiriente.

Alberto Herreras.

 

ARTÍCULO INICIALMENTE PUBLICADO EN EL FARO QUE NO CESA.


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