Relatos de tierra y mar. Stan Getz pasó por aquí

Stan Getz tocando el saxo

De NOISELF.

El cuarteto más importante de la Costa Oeste y del sonido cool jazz era el que lideraba Gerry Mulligan, con manías persecutorias sobre si el líder era él o Chet Baker. Por aquellos años 50, en Los Ángeles había un jefe de policía que se había propuesto “barrer toda esa basura drogadicta del jazz” de sus calles. Muchos echaron el vuelo…

Los músicos se sentían vigilados, algunos, inconscientes como Baker, seguían conduciendo de forma imprudente y salvaje. Mulligan era más discreto. Mientras Baker había empezado a flirtear con la heroína, su compañero pasaba por ser un consumado yonqui. Una noche la policía los siguió hasta la casa de Mulligan, que por aquel entonces compartía con su novia. Iban también Chet y la primera mujer de éste. Al verse sorprendidos por el asalto de la policía, en vez de negarlo todo, Baker saco una bolsita que contenía, exclusivamente, marihuana. Le condenaron a seis meses.

Jamás se llevarían bien Mulligan y Baker, pero en ese lapso de tiempo el trompetista conoció al otro gigante del sonido West Coast, Stan Getz, con cuyo grupo estuvo de gira en 1952. El saxofonista era un tipo contradictorio, genial y mezquino. Una vez, encerrado en un cuarto de baño, Baker le salvó de una sobredosis, pero en vez de darle las gracias le dijo: “¡Joder!, tío, me has fastidiado la subida”. Años después, despreciaría a aquél que le salvó en un aeropuerto de Australia por ser lo que él fue: un yonqui.

Foto de Stan Getz sentado con un saxo

Empezada la década de 1960, el saxofonista había saltado a la fama al ser uno de los primeros jazzmen que apoyaron al sonido de moda, la bossa nova, junto a Joâo y Astrud Gilberto y, por supuesto, Frank Sinatra. Buscando un lugar tranquilo cerca de Málaga, Getz dio con una nutrida comunidad internacional, en un terreno rocoso y fortificado que lo aislaba de las miradas de curiosos. Famosas fueron allí sus borracheras que duraban días, haciendo visible su carácter agresivo. Cuentan que en una de ellas, para poder “hacerle entrar en razón” debieron golpearle con bates de béisbol. ¿Cosa de lugareños? No creo que tuvieran esas “armas”.

La Herradura (costa granadina) presumía entonces de ser un paraíso visitado por gentes cultas que conocían a artistas como Paul y Jane Bowles (que murió en Málaga), Truman Capote o Larry MaCarthy, el fotógrafo americano que vivió y murió en este pueblo.

Getz pasó por aquí. Sí, pero si lo hubiera hecho con Chet Baker, a lo mejor se habrían repartido las tortas entre ellos…

Jesús Gonzalo.

 

Artículo inicialmente publicado en NOISELF.


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