Phantasma (1979), de Don Coscarelli

Póster de Phantasma (1979), de Don Coscarelli

De BLOODSTAB.

¿Es necesario tener talento para hacer una buena película? ¿Podemos interpretar el oficio de hacer cine como el resultado de una combinación de causas (talento) y consecuencias (calidad)? Si fuera así, ¿cómo podríamos explicar el hecho de que Don Coscarelli no sólo no volviera a alcanzar el alto nivel de su ópera prima, sino que, además, es el responsable de las deficientes secuelas de la misma (la última de ellas, ‘Phantasm Ravager‘, vista en el reciente Sitges, y en la que se limita a producir y co-escribir el guión? Al igual que con otros conocidos ejemplos (Tobe Hooper y ‘The Texas Chainsaw Massacre‘), ‘Phantasma‘ parece dotada de su propia fuerza centrípeta que surge de su misma esencia, transformando al equipo técnico y artístico en un grupo de médiums que, arropados por esa misma fuerza, le dan la forma adecuada. Los primeros minutos de ‘Phantasma‘ transcurren en el cementerio local de la pequeña localidad de Morningside. Del resto de la ciudad apenas veremos una cuantas localizaciones más (la casa de los protagonistas, la mansión de la anciana vidente, la tienda de antigüedades, un bar) las cuales, lejos de dibujar un conjunto urbano, da la impresión de estar aisladas entre sí, como si fueran puntos concretos en un mapa abstracto. Esta atmósfera difusa forma parte del tono onírico que desprende todo el film, un tono potenciado por la presencia de un niño de 13 años como protagonista. Como si fuera la cartografía de los miedos y obsesiones de un niño que debido a un suceso traumático (la muerte de sus padres) se ve obligado a abrir, de golpe, los ojos a una realidad oscura, dura y peligrosa.

Phantasma‘ presenta una colección de miedos adolescentes que tienen su colofón en el descubrimiento de la existencia de la muerte. El temor a ser abandonado por su hermano, la curiosidad por el sexo o la creencia en supersticiones de carácter esotérico forman un cúmulo de inseguridades y temores existenciales que son canalizados por el cementerio, transformándose en el centro neurálgico del mundo de Mike, extendiendo su poder, su aliento maligno y fúnebre, a su alrededor, alcanzando a todo aquél que da seguridad a su vida (su hermano, sus amigos, las chicas que le cuidan) como si su único objetivo fuera dejarle solo: abandonado e indefenso. Desde este punto de vista, todos los elementos sobrenaturales que amenazan la vida de los protagonistas (las pequeñas criaturas encapuchadas, las esferas voladoras, la mujer que atrae con su belleza y sensualidad a los incautos que caen bajo sus encantos para eliminarlos en el cementerio) no son sino la manifestación sobrenatural de sus miedos interiores. Entre este grupo hostil sobresale la imponente presencia del Hombre Alto, un gigantesco enterrador que, a ojos de Mike, toma la forma de su particular Hombre del Saco, un ser de fuerza sobrehumana (es capaz de levantar a Mike con una sola mano), capacidad de transformismo (en realidad, él es la mujer asesina), poder ubicuo y pasado milenario (en una escena, Mike descubre una foto en la que aparece el Hombre Alto vestido como un enterrador decimonónico, lo que nos hace pensar en que es una presencia que ha habitado la ciudad desde el principio de los tiempos, alimentándose de sus miedos). Cuando el Hombre Alto y Mike se encuentran en uno de los pasillos de la funeraria en la que el primero reside, uno frente al otro, se van acercando poco a poco, haciendo los mismos movimientos. En ese instante, el Hombre Alto parece el reflejo distorsionado y tenebroso del propio Mike, un producto de su perturbada mente.

A. Michael Baldwin y Angus Scrimm en Phantasma (1979)

Lo que hace de ‘Phantasma‘ un ejemplo tan poderoso dentro del cine de terror es la manera con la cual el universo interior de su protagonista contamina su propia forma cinematográfica, convirtiéndolo en un moderno film expresionista, pues tanto la puesta en escena como el montaje parecen seguir los dictados de los miedos de Mike. La estructura de ‘Phantasma‘ rehuye una narrativa convencional basada en la linealidad causa-efecto para abrazar una lógica surrealista, de poderoso hálito onírico, que justifica, de golpe, los absurdos movimientos de sus protagonistas, cuyas acciones desnortadas les convierte en prisioneros de una obsesiva pesadilla. ‘Phantasma‘ es un ejemplo de cine fantástico en estado puro, no tanto por lo que cuenta, sino porque ese aliento fantástico surge de su propia forma. Un ejemplo: Mike está desmayado en una oscura carretera. Su hermano mayor, Jody, está sentado en el sillón de su casa. Coscarelli inserta una serie de planos que se van acercando, cada vez más, al rostro de cada uno. Cuando Mike abre los ojos, el siguiente plano le muestra corriendo por la carretera. Volvemos al primer plano del impertérrito rostro de Jody cuando oímos el sonido de una puerta cerrándose. El último plano es un encuadre general en el que vemos a Mike al lado de Jody. Con esta secuencia se insinúa una conexión psíquica entre los dos hermanos, como si Jody, preocupado por Mike, deseoso de verle, le hubiera salvado y traído a su lado con el poder de su deseo. El giro del final parece querer hacer evidente que el metraje de la película es fruto de la imaginación descontrolada de un niño que acaba de pasar por un duro golpe vital. Una impresión subrayada por el escalofriante susto final que cierra el film (digno de situarse junto a los sobresaltos de Carrie‘ y ‘Friday 13th‘), transformando a ‘Phantasma‘ en una espiral descendente sin fin, un cúmulo de muñecas rusas oníricas que encierran a su protagonista en una pesadilla febril de la que nunca será capaz de despertar.

José M. García.

 

Artículo inicialmente publicado en BLOODSTAB


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