Orson Welles, Henry Mancini y “Sed de Mal”: una banda sonora para la historia

Cartel de Sed de mal (1958) - Orson-Welles

Cartel de Sed de mal (Orson-Welles, 1958)

Cruzando fronteras

La actriz Janet Leigh protagonizó una escena que todos tenemos clavada en la retina. Fue clave en su carrera cinematográfica. Era el momento del asesinato en la ducha perteneciente a la película Psicosis. La blanca desnudez se hacía jirones por un cuchillo tan afilado como los violines de Bernard Herrmann. Otro de sus célebres personajes, también envuelta en blanco y negro, sufre un inquietante momento en Sed de Mal. Una imagen que esta vez se revela “en color” gracias a la música de Henry Mancini.          

Relato sobre las fronteras que atrapa desde el primer y célebre travelling en el que se cruza la geográfica que divide -hoy más que nunca-  EEUU y México, Sed de mal presenta a personajes atrapados entre el final de una época y el principio de otra, entre el bien y el mal, entre los límites de la justicia y del poder y su relación con la ley y la moral, un terreno movedizo que Orson Welles exploró repetidas veces a través de su devoción por Shakespeare y por temas como el mito de Fausto.

Una pareja atraviesa una frontera. Se les ve felices, están celebrando su luna de miel. El policía de narcóticos mexicano Ramón ‘Mike’ Vargas (Charlton Heston) va acompañado de Susi, su atractiva esposa estadounidense (Janet Leigh). Una explosión interrumpe su feliz viaje justo cuando cruzan distraídos la frontera. El atentado pone en contacto a las policías de ambos países. Vargas y el veterano capitán Hank Quinlan (Orson Welles) entran en contacto. El policía americano establece rápidamente como sospechoso del caso a un ciudadano mexicano. Debido a ello, Vargas se ve involucrado en un asunto nada claro que le lleva a interesarse por los dudosos métodos de investigación de su colega del norte. Mientras, cree poner a salvo a su atractiva mujer en un apartado motel. Cuanto más intenta clarificar la situación, más pone en peligro a su joven esposa, que se ve atrapada en una oscura red de intereses y en un sórdido mundo.

La sensación de acoso y de ambiente opresivo y amenazante que alimentan esas imágenes en blanco y negro entre sombras alargadas y encuadres oblicuos -el cine expresionista alemán fue de gran influencia en el autor de Ciudadano Kane– es otra de sus características. La más clara se produce durante el asedio y posterior secuestro de la mujer de Vargas por parte de Quinlan. Y en la descripción que hace de ese inframundo en el que los hombres de la ley y el orden viven empantanados. Un juego ambiguo de sombras recorre toda la película, algo que conduce inexorablemente a un callejón sin salida que obliga a tomar una posición en esa “frontera” moral.

Charlton Heston y Janet Leigh en Sed de mal (Orson Welles, 1958)

Charlton Heston y Janet Leigh en Sed de mal (Orson Welles, 1958)

El 17 de enero de 1958 tiene lugar la grabación de la banda sonora. Welles elige a Henry Mancini (16 de abril de 1924 – Beverly Hills, 14 de junio de 1994), veterano músico de estudio que formaba parte de la nómina de compositores de la Universal Pictures desde 1952 y que había participado activamente en las semblanzas cinematográficas (biopics) realizadas a los músicos Glenn Miller y Benny Goodman. Welles le pide que haga una banda sonora a mitad de camino entre el jazz orquestal y el jazz afrocubano, que ya se venía haciendo en Nueva York desde la época del cubop de Dizzy Gillespie y Chano Pozo. Por otro lado, el director tenía claro que la típica banda sonora no encajaba bien en esta película.

Quería algo que tuviera un estilo homogéneo pero al mismo tiempo autónomo, un mensaje sonoro hecho de piezas aisladas que se pudieran escuchar en un juke-box o en varias emisoras de radio al sintonizar aleatoriamente. Para ello, lo primero que se hizo fue prescindir de sección de cuerdas y vientos de madera típicos de las orquestas para dejar espacio a una plantilla instrumental de naturaleza híbrida entre big band de jazz con metales, piano y vibráfono, trío de rock & roll con guitarra y percusión afrolatina.

Mancini estudió composición, armonía y contrapunto con el reputado músico exiliado Ernst Krenek (otro de los cerebros artísticos judíos que huyen de la amenaza nazi) y participó como pianista y arreglista en la orquesta del popular Glenn Miller. Como verán, dos estilos y dos vías de expresión muy distintos para que la música visual resulte inquietante, seductora o descriptiva.

Como se decía, se trataba de evitar hacer “música europea” basada en orquesta sinfónica con cuerdas, dotada de una expresividad alterna entre intensidad tardoromántica, figuras impresionistas o perfiles atonales. Intentar, pues, no caer en los patrones de orquestación establecidos después del cine mudo que tenían predilección por la descripción de emociones: atonal-desasosiego o suspense, romántico-seductor o profundo, melódico-confianza o amabilidad.  Aunque sin duda se trataba de un enfoque moderno el que escribió Bernard Herrmann para Alfred Hitchcock o para el propio Welles en Ciudadano Kane en 1941, su música partía de un pasado culto ligado a la vieja Europa. Y aquí lo que se pretendía era hacer “música barata” que pudieras encontrar en cualquier gasolinera o cafetería.

Con una banda formada por buenos músicos de jazz de Los Ángeles la West Coast Jazzmen dirigida por Joseph Gershenson (con quien ya había coincidido Mancini en la citada The Benny Goodman Story), todos compañeros suyos de los estudios, Henry Mancini puso en pie esta obra sobre una base de pulsión rítmica sobre una estructura jazzística pero con un sonido que sumaba estilos como el rock & roll y el rhythm & blues, que nacieron del swing, añadiendo las guitarras más pecaminosas del rock californiano y fundiéndolas con las percusiones. La lista de músicos históricos, algunos italoamericanos como Mancini, habla por sí misma: Barney Kessell a la guitarra, Pete Candoli y Gene Lafreniere a la trompeta, John Stanley al trombón, Blake Reynols al clarinete, Red Norvo al vibráfono, Jack Constanzo en los bongos y Mike Pacheco en las congas, entre otros.

Banda sonora Sed de mal - Henry Mancini

Banda sonora de Sed de mal

La obertura la lleva una orquesta de latín-jazz, que da pie a un mambo, éste a un rhythm & blues, de ahí un híbrido entre swing-rock&roll con saxos y guitarra eléctrica, para más tarde fundirse e un motivo popular hispano-mexicano con organillo de verbena cuando entra en el bar regentado por la agitanada Marlene Dietrich decorado con el cartel de “Toros en Ronda”. Todos estos variados elementos y procedencias sirven para describir ambientes y borrar las líneas visibles entre fronteras de estilo musicales.

La coctelera de estilos reunidos por Mancini sería su sello distintivo, aunque aquí el resultado adopta un contenido perceptiblemente más oscuro, suburbial y crudo que el de su exótica y seductora sofisticación “de salón” posterior en la década de 1960. Su aportación fue decisiva en la definición de lo que aún hoy se denomina lounge music, estilo de la música ambiental o “de ascensor” que se construyo durante la space jazz age de la que otros, como el selvático Lex Baxter en The Exotic Moods of Lex Baxter o el más barroco Esquivel en Cabaret Mañana, fueron protagonistas.




El prometedor compositor, seguro de su capacidad creativa, abandona Universal Pictures en 1958, justo después de firmar esta magnífica banda sonora. La década que estaba a punto de iniciarse con su pegadiza Peter Gunn, escrita para esa serie televisiva, sería la de su definitivo encumbramiento. Diez años en los que destacaron sus trabajos para un director como Blake Edwards habitualmente decantado en el género de comedia. Escribiría en los 60 bandas sonoras ligadas a un tono seductor, pícaro o juguetón como La pantera rosa, Hatari o El Guateque, pero también otras memorables teñidas de tragedia o nostalgia como Días de vino y rosas, Desayuno con Diamantes y Dos en la carretera.

Sed de mal, obra adelantada a su época. Una música nacida en la frontera entre el color de la tierra y las sombras. La carnalidad hecha sonido.

Touch Of Evil: Original Motion Picture Soundtrack (1958)

Dirección y guión: Orson Welles

Reparto: Charlton Heston, Janet Leigh, Orson Welles, Marlene Dietrich, Joseph Calleia, Akim Tamiroff, Joanna Moore, Ray Collins, Dennis Weaver, Valentin de Vargas, Mort Mills, Victor Millan, Zsa Zsa Gabor, Joseph Cotten

Música: Henry Mancini

The Universal International Orchestra dirigida por Joseph Gershenson

Arreglos: Henri Mancini y Russ García Artículo publicado en la revista Scherzo, febrero de 2016.

Jesús Gonzalo.

 

Artículo inicialmente publicado en NOISELF.


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