Moonlight

Ashton Sanders interpreta a Chiron en su adolescencia en Moonlight (Barry Jenkins, 2016)

Ashton Sanders interpreta a Chiron en su adolescencia en Moonlight (Barry Jenkins, 2016)

Después de muchos años, cuando ya Chiron, el protagonista, es adulto, puede reconocer que solo brevemente ha sido él mismo. Moonlight no es una simple película sobre el paso de la infancia a la adultez. Se trata más bien de una crónica del crecimiento interior de un personaje marginado. El realizador Barry Jenkins evita la sentimentalización fácil y construye el retrato de su protagonista con base en los rastros cotidianos. La película combina un relato realista relativamente convencional con secuencias que buscan darle cabida a la evolución emocional del protagonista. Probablemente Moonlight sea un ejemplar acabado de un cine que amalgama lo que a falta de mejor nombre se le denomina cine independiente norteamericano con formas cinematográficas de realizadores tan ajenos a ello como Hou Hsiao-Hsien. Un ejemplar que finalmente sabe adoptar nuevos recursos audiovisuales como supieron hacer en sus mejores películas los representantes del Nuevo Hollywood. Aun sí es cierto que Moonlight termina utilizando una iconografía esquemática y personajes más bien chatos, el filme logra traducir una realidad social y un amplio espectro emocional con precisión. El largometraje de Jenkins comunica la desolación y el desarraigo de una persona cuya identidad ha sido fracturada por la marginación a que se le ha sometido. Ver Moonlight es como experimentar un paisaje emocional que va creciendo hasta su conmovedor desenlace. Sin poder escapar a cierto convencionalismo, el filme da plena cuenta del drama de un personaje que tiene que luchar para poder llegar a ser.

Chiron tiene tres rostros. Little (Alex R. Hibbert), el niño, Chiron (Ashton Sanders), el adolescente y Black (Trevante Rhodes), el adulto. En tres secciones diferenciadas, Moonlight presenta los cambios que sufre el protagonista en un entorno que le es hostil. A un tiempo la estructura narrativa es clásica y no convencional: tres actos que van sumando para llegar a un clímax emocional por medio de escenas que parecen ser meros fragmentos de un drama más largo, o, dicho de otro modo, un drama hecho de escenas incompletas que dan la sensación de realidad precisamente por no unirse como lo harían en una narración tradicional. Vemos entonces a Chiron conocer a una especie de figura paterna en Juan (Mahershala Ali), un vendedor de drogas que lo acoge. Lo vemos sobrellevar su relación con Paula (Naomi Harris), su madre, una enfermera adicta al crack. Lo vemos relacionarse en las tres secciones con Kevin, el único amigo reconocible. Más que hilvanarse de un modo predecible, la narración parece avanzar al ritmo de un flujo de recuerdos que se superponen. En sus mejores momentos, el largometraje tiene el dejo evocativo con el que se puede sugerir la realidad emocional del personaje, a pesar de que también haya secuencias que no escapen al esquematismo y a pesar de que se unan las tres secciones con transiciones que por medio de imágenes “poéticas” revelen nuevas facetas de Chiron (aunque esto resulte redundante). Moonlight logra conmocionar, en todo caso, pues configura un drama contundente con base en lo que podía ser otro relato sobre un personaje marginado, pero es la historia de alguien concreto y único.

Alex R. Hibbert interpreta a Little en su infancia en Moonlight (Barry Jenkins, 2016)

Alex R. Hibbert interpreta a Little en su infancia en Moonlight (Barry Jenkins, 2016)

Tras recibir el premio a mejor película, se ha tratado de subrayar que se trató de una opción política, y así se implica que el filme predica una posición comprometida con una causa de tipo político. De ser así, los realizadores lo tratan de afirmar de modo soterrado. Moonlight intenta dar una voz a la realidad emocional de su protagonista sin hacer énfasis en su condición homosexual, ni en su extracción social. Jenkins elude el tratamiento que ha solido tener tales condiciones en las producciones políticamente comprometidas, al punto de que su producción está más en consonancia con ese ánimo por “despolitizar” tales temas (como si eso fuera posible). Moonlight no es incendiaria ni provocadora. El que una institución le otorgue galardones resulta más sencillo, ya que no se trata de una película que cuestione de modo más abierto el estado de cosas que conduce al drama. No obstante, esto sirve de argumento para hacer notar que la relevancia del filme no está conectada con la dimensión política (y menos con el hecho de que sea la beneficiada de un premio en particular). El largometraje adquiere su importancia por lograr convenir el sufrimiento de un individuo y de evocar las emociones que lo embargan, por darle una imagen a una identidad rota. En ese sentido, vale notar, por ejemplo, como el uso reiterado de plano-secuencias tiene una función para dar una perspectiva del tipo de vida de sus personajes. Estos siguen a los personajes y su acción sin hacer mayor énfasis en el entorno, el horizonte es apenas visible. Tenemos entonces una imagen concreta del encierro y la falta de perspectivas en que está sumido Chiron. Jenkins mezcla este uso astuto de recursos audiovisuales con situaciones relativamente reconocibles de los relatos de personajes periféricos. Aun cuando por momentos también recurra a imágenes tópicas: la madre grita a su hijo en cámara lenta, Chiron estudia su rostro en el espejo; el realizador suele ser más imaginativo en sus soluciones y revitalizar lo que de otro modo sería la reiteración de una historia harto conocida. El arte de Jenkins se halla en encontrar un balance entre una narrativa tradicional y una que escapa a estos preceptos.




En definitiva, Moonlight presenta palpablemente el paisaje emocional de un personaje al que no se le permite ser sino hasta el final. Las escenas predeciblemente dramáticas del filme se ven inmersas en un flujo de recuerdos en el que se prepondera más una narración atada al ritmo impredecible del día a día. Jenkins prefiere el evento menor y, por ende, el drama no se desarrolla en la misma línea de uno tradicional (si bien la estructura lo sea, si bien incluya escenas clave bastante convencionales). No hay grandilocuencia en Moonlight. Apenas el drama de un personaje que se ve obligado a estar al margen, a usar máscaras para seguir viviendo. Chiron es un protagonista borroso que solo se puede expresar como tal en el desenlace. En otras palabras, el drama que cuenta el filme es más parecido a la realidad: difuso e informe. Moonlight es un hermoso retrato de alguien que desgasta sus días hasta reconocer que entre la galería de rostros que ha mostrado nunca ha llevado el suyo propio. Del largometraje entonces va emergiendo una música triste de quien reconoce que no ha podido vivir su vida. Quizás esto no encaje con la idea corriente de largometraje descollante merecedor de premios, quizás no lo sea. Pero también hay una grandeza en contar la melancolía de un drama mínimo, uno que representa tan perfectamente esta Moonlight.

Felipe González.

 

Artículo inicialmente publicado en DOS O TRES COSAS QUE SÉ DE CINE.


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