Masacre: ven y mira, de mal en peor

Aleksey Kravchenko apuntado con un arma en "Masacre: ven y mira" (1985)

Aleksey Kravchenko apuntado con un arma en “Masacre: ven y mira” (1985)

Ficha


Título
: Masacre: ven y mira
Título original: Idi i Smotri (Иди и смотри)
Director: Elem Klimov
Nacionalidad: URSS (1985)
Reparto: Alexei Kravchenko, Olga Mironova, Liubomiras Laucevicius, Vladas Bagdonas, Victor Lorents
Género: Bélico, Drama

Sinopsis: Película de encargo para celebrar el cuarenta aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, relata a través de los ojos de un niño progresivamente endurecido por el sufrimiento, la matanza sistemática de los habitantes de las aldeas bielorrusas durante la guerra.

Mi crítica: La Segunda Guerra Mundial siempre ha sido un buen escenario para desarrollar una película. En pantalla siempre queda bien una escena de guerra, con explosiones, soldados corriendo al frente, trincheras llenas, fusil al hombro… todo ello claro está si disfrutas del cine bélico. Pero con Masacre: ven y mira (1985) la cosa cambia un poco.

En su arranque podemos intuir una película que se va a desarrollar lentamente, con una atmósfera diferente, como más enrarecida. Si bien esto último es cierto, lo de su lentitud se disipa después de esa primera escena. Los primeros planos empiezan entonces a hacer de las suyas, y el director consigue meternos de lleno en la historia: llantos, sonrisas, ironías, barro, suciedad,… y entonces, comienza la guerra. Bielorrusia ahora es el reducto de muerte y destrucción que ha ido asolando toda Europa.

A todas estas, nuestro protagonista sufre, y consigue empaparnos con su sufrimiento, tanto metafórica como literalmente. Sus ojos, su boca, su gesto, todo se transforma y nos transforma. Por el camino, una serie de personajes secundarios nos va haciendo a la idea de lo que se va quedando atrás y con lo que se puede continuar.

La crudeza se convierte entonces para Klimov es un personaje más. El sufrimiento ya no se siente, sino que se palpa. Y es cuando llegamos a los 45 minutos de cine más completos, más auténticos. El cenit de crudeza hace su aparición, y ya el espectador no tiene más remedio que sumergirse y entrar en un estado de catarsis, y es entonces cuando la simbiosis con el protagonista y la historia se produce.

Una maravilla.

Nota: 8,5/10

Kosti BGY.

 

Artículo inicialmente publicado en BUTACA K.


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