Lídia Pujol – Iaie

Lídia Pujol
La relación de un poeta tan ilustre como Federico García Lorca con la música fue grande durante sus escasos años de vida. Conocida es su búsqueda de canciones tradicionales junto a Manuel de Falla, una tarea etnográfica que llevó a la posteridad tonadas como “La tarara”, a la que Lorca puso su letra, buscando la ligazón entre literatura y música. Muchos músicos se han inspirado también en sus poesías, no sólo españoles (Enrique Morente, Camarón de la Isla, Serrat, Manzanita, Carlos Cano, Paco Ibáñez, Ana Belén, o Amancio Prada, entre muchos otros), sino también importantes cantantes en inglés como Leonard Cohen o Tim Buckley. La cantautora catalana Lídia Pujol utilizó dos poemas del granadino en su álbum de debut en solitario, una torre de Babel (ese es el título de uno de los temas y bien podía haberlo sido del disco entero) llamado “Iaie“, que publicó Resistencia en el año 2003, y en el que esta barcelonesa ofrecía sus contundentes interpretaciones vocales en cuatro idiomas diferentes, catalán, castellano, francés y gaélico. No se trataba de una irrupción sorpresiva la de esta cantante, que había estudiado canto y teatro, participando en numerosos proyectos musicales con Els trobadors, Miguel Poveda, Lluis Llach, Pedro Guerra, Mayte Martín, Toni Xuclá, Sopa de cabra o un importante dúo con Silvia Comes que originó dos recordados discos de este dúo de cantautoras.

“No puedo comenzar a hablar de una cosa que me interese, política, género humano, relaciones… y no acabar llorando o discutiendo. Por eso me expreso a través de la música y de los poetas”, decía Lídia López Pujol en la época de “Iaie”, un trabajo que fue presentado el 27 de enero de 2004 en el Palau de la Música de Barcelona y el 2 de febrero en Madrid. “Bodas de sangre” es la obra de Lorca de la que se extraen sus dos canciones en el disco, musicadas por Oscar Roig, “Como una estrella” y “Que despierte la novia”, dos piezas magistrales con aires aflamencados, que ponen un contrapunto muy sugerente al conjunto del álbum por su tono popular, acertado estribillo y convincente interpretación, tanto vocal (en español) como instrumental (atención a la guitarra flamenca en “Que despierte la novia”, culminando el disco de manera festiva). Pero si es atrayente el nombre de Lorca, mayor es sin embargo la influencia en el disco de otro poeta de similar ideología pero de origen francés, el surrealista Jacques Prévert, que ya inspiró el título y la canción de su segundo trabajo con Silvia Comes, “Al entierro de una hoja seca van dos caracoles”. Prévert también ha contado con versiones musicales de sus poemas por parte de grandes mitos como Yves Montand, Juliette Gréco o Édith Piaf, y Lídia superó con nota esta importante prueba, consiguiendo un lirismo espectacular. No es de extrañar la importancia y la calidad del idioma francés en esta políglota obra, aunque dos de los poemas de Prévert fueran traducidos al catalán. Así, la primera parte del disco está copada por estas cuatro composiciones, “Missatge” (melódica, de plácida belleza mediterránea, en catalán), “Iaie” (más aguerrida, con voces extrañas sobre la dulzura de las cuerdas vocales de la protagonista, en francés), “La cançó més curta” (en catalán, algo más infantil, parece un dulce cuento donde piano y ocarina parecen enamorarse en un reino de hadas, si bien su letra acaba siendo algo truculenta: “El pájaro que me canta en la cabeza / y me repite que yo te quiero / y me repite que tu me quieres / el pájaro del solo sin fin / lo mataré mañana por la mañana”) y “Chanson dans le sang” (bellísima y subyugante composición en francés, la entrada del viento -el bansuri, una flauta india de bambú- es sencillamente inenarrable, apasionante, puede recordar algunos momentos de artistas consagrados como Paul winter o Lito Vitale). A excepción de “Iaie”, de la que se encarga Oscar Roig, las otras tres llevan la música de Dani Espasa, pianista con multitud de méritos y colaboraciones, que va a continuar trabajando con Lídia Pujol más allá de este registro. Suyo es, junto a Brian Dunning, el arreglo de la tonada tradicional catalana “Rossinyol” (su fabuloso piano introduce este tema de comienzo susurrante que va aumentando en intensidad con el vuelo del pájaro). Otro tradicional, en esta ocasión yiddish (lengua de los judíos de origen alemán), es traducido al catalán como “L’arbret”, y ofrece una música que parece alimentarse de leyendas, pues Lídia es más que una cantante, es una contadora de historias, de sueños para todos los públicos; la inclusión y descubrimiento de esta canción proviene de un trabajo que le encargaron sobre un repertorio de música judía que cantaban las mujeres en campos de concentración, unas melodías que superaron su inicial reticencia y acabaron llegándole muy dentro. De Oscar Roig es la música de “Babel”, el único tema del disco sin letra, con un eficaz tarareado tan adaptable a cualquier idioma que tal vez por eso se llame ‘Babel’, que suena como una brisa, un planeo sobre las olas, un atardecer en la orilla. Dos curiosidades restan por mencionar, la correcta versión del clásico irlandés ‘Women of ireland’, cantada atrevidamente en gaélico bajo el título de “Mná na héireann” (María del Mar Casals interpreta al arpa celta la música de Seán Ó Riada), y el corto bonus track, “Sombrero”, cantada sin instrumentación por Rosalia Pujol, abuela materna de la cantante, sobre la que recordaba: “Mi abuela es absolutamente esencial, yo siempre estaba al lado suyo con un bloc de notas o con la grabadora, y ella me enseñaba canciones en cualquier idioma, pero no sabía ni hablar castellano. Lo que nos está ofreciendo en este pasodoble es algo muy especial, porque no sabe ni lo que está diciendo”. Un disco precioso hasta en estos pequeños detalles. “Iaie” es un álbum sorprendentemente variado y trabajado, su autora afirmaba haber escuchado mucha musica instrumental, pero también bandas sonoras, clásica o músicas del mundo, desde el flamenco a lo celta. Es notable el eclecticismo y la capacidad de esta catalana, que en ocasiones parece estar contando el más bello de los cuentos infantiles, mientras que en otras se arranca en un alarde de viaje por las músicas del mundo y un resuelto resucitar folclórico. “Iaie” presentaba un diseño gráfico atrevido, muy trabajado y colorido, si bien en definitiva algo recargado y de letra demasiado pequeña, pues incluye el libreto no sólo las letras de las canciones sino sus traducciones en castellano, catalán y frances. El espacio se llena y esconde fotografias convenientemente tratadas por ordenador, un instrumento éste que aunque se incluye también en la música del álbum, tan solo adorna un acabado tendente a lo acústico, donde la cantante se hace acompañar por importantes músicos, un gran elenco donde destacan Dani Espasa (piano), Oscar Roig (guitarra, órgano, programaciones), Pep Coca (contrabajo), Antonio Sánchez (sonidos, efectos, cajón), Toni Xuclá (guitarra de doce cuerdas) o Xavi Lozano (vientos -ocarina, fiscorn, bansuri, moxeño, tuba-, rastabass, sonidos y percusiones). La importancia de los vientos en el trabajo es doble, pues no sólo confieren personalidad y naturalidad sino que se trata de instrumentos poco convencionales (la tuba, la primitiva ocarina, el oriental bansuri o el andino moxeño), interpretados por un maestro del tema, el experto y practicamente luthier Xavi Lozano. Y en este sentido resta mencionar la colaboración especial de Brian Dunning, que aporta la flauta en dos de las composiciones. Contaba en 1997 este miembro de Nightnoise que se llevó a casa una cinta que Lídia Pujol le había entregado en el camerino, la grabación de un concierto que Brian calificó de maravilloso, de una artista con una fantástica voz, que esperaba que tuviera ya algo publicado en España.




La música de los sueños, que es la que adorna esta simbólica obra, no requiere un idioma concreto, tal vez por eso Lídia, cuya lengua materna es el catalán y la paterna el castellano, utilice cuatro. Curiosamente, para una cantante que planteó durante bastante tiempo su bagaje vocal en inglés, no incluyó esta importante lengua en el trabajo. Las de origen francés son por lo general un divertimento, más recogidas las planteadas en catalán, y de enorme carga folclórica las de idioma castellano. Ya en su primera colaboración con Silvia Comes hablaba de sacar a la luz un material que, tanto a nivel de texto como de música, le hiciera sentir, y repartía además la importancia de texto y música, valorando especialmente que el público se pudiera interesar por los poemas a partir de la adaptación musical. Sobre Prévert, sus letras son por lo general duras y comprometidas, por ejemplo en “Iaie” (“Girad, girad, chiquillas / girad alrededor de las fábricas / pronto estaréis dentro (…) Viviréis desgraciadas / y tendréis muchos niños, muchos niños / que vivirán desgraciados”) o en “Canción en la sangre” (“En el mundo hay grandes charcos de sangre / ¿a dónde va toda esa sangre derramada? / Gira con sus grandes charcos de sangre / y todas las cosas vivas giran con ella y sangran (…) ¿A dónde va toda esa sangre derramada? / la sangre de los crímenes… / la sangre de las guerras… / la sangre de la miseria… / la sangre de los niños torturados / tranquilamente por papá y mamá…”). Resulta extraño, y es un gran mérito de los compositores, que poemas tan crudos y una tragedia como “Bodas de sangre” confluyan en un disco con alta dosis de alegría y luminosidad. No en vano decía la Pujol que “el ser humano es ese claroscuro, esa dualidad, esa lucha entre opuestos”, así como “en mi música busco un mundo más fantasioso, fuera de la realidad que me sirva, que nos sirva, para calmar esa impotencia que generamos y degeneramos nosotros mismos”. Lo logró con “Iaie”, un álbum hermoso, familiar y vital, completísimo y asequible más allá de géneros y de idiomas.

Pepe Cantos.

 

Artículo inicialmente publicado en SOLSTICIO DE INVIERNO.


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