La parcela de Dios, de Erskine Caldwell

Portada de La parcela de Dios - Erskine Caldwell

Empecemos por dos apuntes sobre los que pasaré de puntillas (recuerden: Breve Nota de Urgencia):

Uno. Se dice se cuenta se rumorea que a Faulkner, Bellow o Pound les gustaba Caldwell y que iban por ahí contándolo sin miedo a represalias. Quiero pensar que no es una recomendación como las que estamos acostumbrados a leer tipo a mi chico le gusta como escribo y a mi madre y a mis amigos y a ese crítico literario tan joven y simpático que conocí hace tanto tiempo; quiero creer que a Faulkner le gustaba realmente Caldwell, quiero creer que no es como ahora, que se miente más que se habla cuando nadie te lee y nadie le importa tu puto libro. A mí me dicen que a un Faulkner le gusta mi blog y ya tengo para tres pajas, mínimo.

Dos. Parece que este libro, que llegó a vender 10 millones de ejemplares (que se dice pronto, pero hay que venderlos y uno a uno, además), fue prohibido y su autor prácticamente desollado, porque en 1932 las cosas no eran como ahora. Bueno, matizo, es cierto que a día de hoy, aquí, te condenan por contar un chistecito de nada o por escribir soplapolleces en twitter pero antes era peor, eh, antes no se podía ir por ahí diciendo alegremente que en el sur eran todos unos vagos y cerdos miserables y unos racistas y unas malas bestias porque te crujía el fiscal. Cierto: así vende libros cualquiera. Pero, con todo, hablamos de 10 millones. 10, eh.

Dicho lo cual:

La novela, ambientada en el sur de la depresión, se desarrolla a lo largo de varios días en una finca en la que no se planta nada toda vez que el patriarca lleva algo así como 15 años entregado a una fiebre del oro que poco a poco le lleva a abandonar cualquier otra actividad —tipo plantar algodón para ganarse la vida y similar— y entregado, con un celo que roza la locura, a sembrar la tierra de enormes agujeros con la estúpida certeza (ni siquiera idea, pobre) de que en uno de ellos encontrará oro suficiente para sacar de la pobreza a diez generación de vagos y maleantes. Pero este no es el tema de lo novela, por más que realmente lo parezca; no, al menos, el único tema. También lo es la estupidez consustancial de algunos de sus hijos, que deciden arruinar su perra vida cavando los mismos hoyos y buscando el mismo oro. También es la historia de amor más triste del mundo entre un aspirante a sheriff orondo como un buey y una ninfa de rubios cabellos aficionada al aquí te pillo aquí te mato. Es también la historia de una pasión (pasión entendida unas como veces amor, otras como encoñamiento, otras como sincero agradecimiento) entre una mujer y su marido, entre esa mujer y su suegro, entre esa mujer y su cuñado, su otro cuñado, su vecino del quinto… Y también la historia de una crisis laboral, de una reclamación salarial, de un sindicalista convencido, de una época convulsa de ideales, hilaturas, desesperación y cero sentido del humor.

Viejos locos, mujeres fatales de puro hermosas, sindicalistas, sexo, sudores fríos y un albino. No se puede pedir más mejor, ni más breve, ni más ágil, ni más deliciosamente teatral.

Datos del libro

Título: La parcela de Dios
Autor: Erskine Caldwell
Traductor: Vicente Campos
Idioma: Castellano
Editorial: Navona
Año de edición: 2008
Páginas:
 248
ISBN: 9788496707795
Precio en papel: 12,50 €
Precio en eBook: 1,89 €

Carlos Tongoy.

 

Artículo inicialmente publicado en LA MEDICINA DE TONGOY.


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