La fotografía y el fast food

Vendedor callejero chino habla por teléfono, al fondo una imagen de Mao Zedong

Vendedor callejero chino habla por teléfono, al fondo una imagen de Mao Zedong

Se le atribuye a Bill Gates la frase “quien controle las imágenes dominará el mundo”, como si no tuviera suficiente con haber diseñando un software que lo dejó patas arriba, para bien y para mal; sí es cierto que siendo el hombre más rico del planeta (mano a mano con nuestro paisano Amancio Ortega) decidió invertir en fotografía y fundó Corbis, una de las agencias más influyentes del siglo XX, que hace poco la absorbió el poder que se avecina, el Visual China Group.

En mi opinión Gates no andaba equivocado. La imagen ha sido, desde el principio de los tiempos, un elemento clave para controlar las masas y expandir la marca del dictador de turno entre sus gobernados. Faraones, reyes y emperadores se aseguraron de que su busto o su representación visual estuvieran en todas partes. Más tarde, a partir del siglo XIX, la fotografía fue el vehículo oficial para dotar a cada despacho, a cada rincón del imperio, a cada comedor o dormitorio, de la representación fidedigna y siempre vigilante del gerifalte de turno.  Tenemos una muestra ahora con Kim Jong-un en Corea del Norte, pero serían incontables las anécdotas protagonizadas por los Hitler, Franco, Stalin, Castro, Mao y un largo etcétera, de apariciones, desapariciones y conjuras relacionadas con la omnipresencia de las imágenes.

El poder fáctico lo ha entendido muy bien desde el principio. Internet y las redes han transformado la fotografía en fast food, una afirmación que se me ha criticado en ocasiones, pero que no apunta a las personas que aman la fotografía, sino al uso desmesurado de las imágenes que provoca que docenas de millones de ellas se cuelguen todos los días en el ciberespacio, documentando las cosas más triviales y, todo sea dicho, con frecuencia, sin más creatividad que la que ofrecen los filtros de revelado del Instagram. Se difunde la copa de vino que tienes delante, el ligue de turno, el álbum de tus vacaciones… hasta el punto que el espectador abre las redes a sabiendas que en general verá “más de lo mismo” y poco más. Solo varía la foto del perfil del que lo ha colgado.

Los que mandan han aprovechado el viento a favor para reventar los precios de las buenas imágenes. Ya no se apuesta por formar grandes fotógrafos que nos ayuden a reflexionar sobre los sucesos fundamentales en nuestro tiempo. Se ahoga la creatividad pagando unas docenas de euros por reportajes que, aparte de jugarse la vida cuando se trata de documentar un conflicto, requieren semanas de trabajo y grandes inversiones económicas; se hace la vista gorda cuando las grandes corporaciones, a menudo estatales o públicas, atesoran un banco de imágenes gratuito por el morro, convocando concursos con cláusulas abusivas en los que participan “fotógrafos” ávidos de reconocimiento y que le restan importancia al hecho de que enviar sus imágenes conlleve una cesión de todos los derechos para el organizador; Facebook censura la imagen de la niña ardiendo por el napalm que ayudó a acabar con la guerra del Vietnam y el Visual China Group tiene bajo llave el icono de los tanques en Tian an men, en los archivos presumiblemente más importantes del planeta. Los chinos desconocen una imagen que simboliza una parte muy importante de su historia reciente y a nosotros se nos oculta lo relevante bajo toneladas de chorradas visuales intrascendentes. El control de las imágenes, desde luego, ayuda, y mucho, a controlar el mundo, inundándolo de fotos mediocres y minimizando su valor.

El hombre del tanque durante las protestas de la Plaza de Tiananmén (China) de 1989

El hombre del tanque durante las protestas de la Plaza de Tiananmén (China) de 1989

Matando al mensajero, es decir, impidiendo por todos los medios que se formen grandes reporteros entre las nuevas generaciones, estamos construyendo una sociedad más vacía, más intrascendente, menos implicada. Inundada de fotos baratas que solamente sirven para decorar mensajes que proponen de todo, pero que pocas veces a invitan a una reflexión profunda sobre la peligrosa deriva de estos tiempos. El aumento de la insolidaridad, de la intransigencia o de la extrema derecha, por citar tres ejemplos, confirma esta hipótesis.

A nuestros hijos, además, les cuesta leer. Casi todo se puede visualizar ahora en imágenes, cinéticas o fijas. Lo lamentable es que, salvo algunas ingeniosas excepciones, las imágenes (o programas de TV) fast food carecen con frecuencia de contenido saludable. Quizás sean resultonas en un primer vistazo, engordan, pero son insustanciales a la larga. Jarabe y azúcar para tener entretenida a la masa, no sea que medite demasiado sobre quién y cómo se mueven los hilos del mundo.

Por último, aparte de que estoy convencido de que el estudio de la imagen como lenguaje debería ser una asignatura troncal en cualquier plan de estudios, como lo es la gramática para profundizar y expresarse en el lenguaje escrito, también es posible interaccionar con las redes utilizando un nivel más elevado de fotografía. Para no alargar más esta entrada te recomiendo un vídeo de Joan Fontcuberta emitido en la serie “Creadores” de RTVE el 13 de junio de 2013 como potencial fuente de inspiración.

Imagen que refleja la evolución de la fotografía

Imagen que refleja la evolución de la fotografía

¡Ah! Y reflexiona sobre el contenido de esta imagen expuesta hace unos pocos días en Facebook. No todo es fast food en las redes, afortunadamente.

Tino Soriano.

 

Artículo inicialmente publicado en TINO SORIANO.

 


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