Inland Empire, de David Lynch

Laura Dern en un sillón rojo en Inland Empire (2006)

De EL LAMENTO DE PORTNOY.

Como Takeshis’ de Kitano, como IZO de Miike, Inland Empire de David Lynch es la muestra de cómo un autor puede desligarse de las convenciones comerciales y realizar una obra personal y hermética que constituya en sí misma, evitando cualquier tipo de interpretación subjetiva por parte del espectador, una experiencia cinematográfica asombrosa.

Menuda frase para iniciar la crónica… ¿es así como debe comentarse Inland Empire?, es más, teniendo en cuenta que Lynch apela a la pura subjetividad de cada espectador para interpretar la película, ¿se puede obtener a través de todos los comentarios vertido en torno a ella algo en común, un concepto que los unifique?

¿pesadilla? ¿terror? ¿comedia?

¿es Inland Empire una obra maestra?

Puede.

Puede que una obra maestra cinematográfica de nuestro tiempo se acerque conceptualmente a lo que Lynch nos muestra en Inland Empire. Puede que desdeñar en cierta manera la pureza técnica y decantarse por formatos más económicos y manejables, apunte a señalar como predominante en la película el aspecto narrativo.

El aspecto metanarrativo.

Primer plano de Laura Dern en Inland Empire (2006)Inland Empire es metacinematográfica:

Una mujer (¿encerrada en una habitación?) llora mientras ve la televisión. En la televisión una sit-com absurda protagonizada por conejos antropomórficos es sustituida por la imagen de una mujer que avanza por la calle y llega a casa de Nikki Grace. Es invitada a entrar y con un acento centroeuropeo que recuerda al de Bela Lugosi en las películas de Ed Wood, le enseña a Nikki donde estará ella, la actriz, dentro de dos días cuando reciba la noticia de que ha sido escogida para participar en una película dirigida por Kingsley Stewart.

En diez minutos de película se ha roto en varias ocasiones el hilo narrativo y el temporal: Lo que vemos es lo que la mujer ve en la televisión (es posible, no hay certezas); los conejos no tienen nada que ver con la historia de Nikki (aparentemente) así que suponemos cuando vemos a la mujer centroeuropea avanzar por la calle que esa escena corresponde a la “realidad cinematográfica” es decir, consideramos, sin estar invitados a ello, que lo que sucede, es el hilo narrativo principal. Sin embargo Lynch ya nos advierte de que eso puede ser cierto o no, pero que cada vez que supongamos adquirir una certeza narrativa desmontará nuestros argumentos con una ruptura.

Temporal en esta primera ocasión.

Y es curioso que se cite como referente a Persona (1966) de Bergman, película con la que Inland Empire tiene bastante conexión, pero se olvide citar la última parte de 2001: una odisea del espacio (1968), cuando Bowman ingresa en el Monolito. En la primera ruptura temporal, cuando la mujer le señala a Nikki donde estará dentro de dos días, y en una escena posterior donde en una habitación blanca aparece un espectral conejo, la cámara se sitúa o avanza como en esos instantes de la película de Kubrick.

Escena de Inland Empire (2006)¿Kingsley Stewart = Stanley Kubrick?

¿Es un nuevo elemento de especulación en torno al sentido de Inland Empire?

¿Pretende ser tan hermética como 2001?

¿Importa?

Si tuviera que encuadrar la película de Lynch en algún género lo haría en el de la comedia. Al menos me divertí mucho viéndola. Inland Empire es un juego inquietante de los que sólo Lynch es capaz de plantear. Una diversión llena de oscuridad y silencios donde el absurdo y lo angustiante impacta con fuerza.

Creo que no se debe hablar de Inland Empire, no se debe hablar del método de extorsión de Harry Dean Stanton, ni de la mirada perdida de K., ni de la transformación de Laura Dern a través de sus múltiples personajes (¿o es sólo uno?), ni de la habitación 47, ni del circo, ni del fantasma, ni de la habitación cerrada, ni de la japonesa con peluca rubia y su mono que lo llenaba todo de mierda…

Creo que no se debe hablar de Inland Empire, no se debe intentar explicarla. Hay que disfrutar de su visionado una y otra vez. Yo creo que Lynch lo ha conseguido, se ha superado a sí mismo. Quiero volver a verla… y la siguiente… y la siguiente.

Las fotos están sacadas de los trailers que circulan por Internet… algún día me compraré el DVD (y esta vez va en serio).

Javier Avilés.

 

Artículo inicialmente publicado en  EL LAMENTO DE PORTNOY.


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