Fernando Aramburu y «Patria». Una crónica de la realidad social vasca

Fernando Aramburu - Patria

ARTÍCULO INÉDITO DE ANTONIO F. RODRÍGUEZ.

 Este artículo es una ampliación de este otro artículo sobre Patria del mismo autor.

Fernando Aramburu nació en San Sebastián en 1959, prácticamente el mismo año que nació ETA como fenómeno terrorista, así que para él ETA no es un tema, es parte de su vida. La primera vez que recuerda oír hablar sobre la banda terrorista tenía 6 años y con 14, tiró al aire su jersey porque todos los compañeros del colegio lo hacían mientras gritaban y le pareció divertido. Luego se enteró de que era una manera de celebrar que Carrero Blanco también había saltado por los aires y le pareció mal festejar la muerte de alguien.

Su padre se levantaba cada mañana a las cinco de la madrugada para ir a trabajar a una fábrica llena de ruido, insalubre y agotadora, para obtener a cambio un sueldo con el que la familia casi no llegaba a fin de mes. Con 16 años se dio cuenta de que quería escapar de todo eso e intentó el camino del deporte. Probó caso de todo, en la Real Sociedad de Fútbol de San Sebastián no le cogieron, el remo no se le daba muy bien… y estuvo hasta lanzando jabalina, pero no hubo manera. Entonces pensó que la lengua podía ser otro camino y empezó a escribir poesía.

Se fue a Zaragoza a estudiar Filología Hispánica, se echó una novia baturra y se dio cuenta de que no sabía hablar bien el castellano porque le corregía continuamente. No dominaba su lengua materna. Aramburu reconoce que en su casa se hablaba un criptovascoespañol y que no conocían bien ni el español ni el euskera. Por eso en 1980 decidió dejar de escribir y dedicarse a aprender y profundizar en la lengua de Cervantes, tarea en la que todavía sigue esforzándose. Para él, el castellano es una lengua conquistada con mucho trabajo y dedicación.

En 1908 se fue a Alemania, donde todavía vive, como profesor de español, comenzó a aprender el alemán y dice que eso le ayudó mucho a aprender mejor el castellano. Al introducirse en un nuevo idioma, es fácil comparar y uno percibe limitaciones de la lengua propia y también aspectos en los que aventaja a la nueva. Eso permite ver el idioma propio desde fuera y se aprende mucho.

Fernando Aramburu ha publicado nueve novelas y cuatro libros de relatos. Cada libro es una nueva aventura para él y todos los que ha escrito hasta ahora son diferentes en el tono, en el tipo de humor que pone en juego y en muchas cosas. Dice mantener en cada obra un diálogo con otro libro, normalmente un clásico, mediante el rito de leer cada día unas páginas de ese texto antes de empezar a escribir. También introduce alguna frase e ideas de ese libro-interlocutor en lo que está escribiendo. Lo ha hecho así con el Lazarillo en varias ocasiones, pero se resiste a confesar qué libro ha utilizado con «Patria».

Tiene otros ritos personales, como corregir el último borrador en papel y de pie o incluir siempre en todas sus novelas una escena en un cementerio. ¿Será porque, como él dice, «los muertos no callan»?

Fernando Aramburu. Foto: Danny Caminal.

Fernando Aramburu. Foto: Danny Caminal.

«Patria» (2016), su última novela, es una gran obra en todos los sentidos, que construye todo un discurso narrativo, rico y muy completo, sobre lo que ahora mismo está pasando y ha pasado en el País Vasco, un mundo cerrado muy particular, en el que ETA ha dejado de cometer atentados, no todos los terroristas y cómplices reconocen su responsabilidad ni han pedido perdón, las víctimas piden dignidad y reconocimiento, es evidente que ha habido torturas en muchos casos, sigue la dispersión de presos, los políticos abertzales siguen con lo suyo…

Una realidad muy complicada y compleja, con tonos blancos, negros y muchos grises, que en esta magna obra se describen con inteligencia y sensibilidad, de manera muy objetiva e imparcial, a través de las peripecias vitales de un puñado de personajes que, si no son reales podrían serlo perfectamente y constituyen una muestra representativa de todos los papeles de la tragedia que allí se ha vivido y todavía no ha acabado. Una de las dos familias es la de un empresario asesinado por la banda armada, la otra tiene a un hijo etarra. Ya está construido el microcosmos que todo lo abarca.

Hacía mucha falta que alguien escribiese una novela así y Aramburu la ha escrito, una obra de calidad, mucha calidad, correcta, mesurada y profunda, realista y equilibrada, que no cae en ninguno de los peligros que acechan a tan arriesgada empresa, superficialidad, morbo, crónica de sucesos, tremebundismo, parcialidad, etcétera, y bien puede servir como crónica oficial y literaria.

Un gran libro de referencia, una novela de altura, que creo que va a hacer historia porque plantea con honradez y valentía prácticamente todos los puntos de vista del fenómeno terrorista y posterrorista, formula todas las situaciones humanas para que los protagonistas puedan tratar de darles una respuesta satisfactoria en el mundo real y permite vislumbrar que es posible construir una solución justa y duradera.

Su redacción le ha llevado tres años de intenso trabajo, en los que ha estado escribiendo todos los días, salvo algún sábado, aunque reconoce que llevaba mucho tiempo rumiando el libro en su cabeza. Declara que cuando se pone a escribir está escribiendo las 24 horas del día, ya sea en un papel, en el ordenador o en su cabeza. Tiene nueve protagonistas entre los que se reparte muy igualitariamente el texto, cada uno tiene tres capítulos en los que es el personaje principal y sale además en otros como una figura secundaria. Su personaje favorito es Arantxa, basado en una persona que conoció muy de cerca, y curiosamente es el personaje de la novela que tiene mayor facilidad para expresar sus sentimientos y una desgraciada enfermedad le deja sin habla.




Porque uno de los temas de la novela, intencionadamente o no, es la dificultad de comunicación endémica que tienen los vascos. Son de pocas palabras, lexitímicos y en los diálogos del libro, muy trabajados y conseguidos, eso se nota. En general, parece que se retrata muy bien la forma esencial de ser de los vascos, duros, muy fuertes, introvertidos, algo cerrados y obstinados como nadie.

La novela se lee muy bien a pesar de tener más de 600 páginas, entre otras cosas porque está estructurada en 125 capítulos de cuatro o cinco páginas que se comportan

como si fueran escenas o minirrelatos completos en sí mismos y hasta cierto punto, escuetos. En cada uno, el autor dice haber escrito lo mínimo imprescindible, con lo que el contenido es directo y el impacto de lo que se cuenta es mayor. De capítulo a capítulo hay a veces saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo, con pistas suficientes para que el lector no se pierda en ningún momento. Con ello se busca provocar una sensación similar a la que despierta ir completando un puzle, se intenta provocar en el  lector la satisfacción que da reconocer una pieza y darse cuenta de que encaja.

El autor dice encontrarse indefenso tanto ante las críticas negativas gratuitas como ante los elogios desmedidos, pero cuenta que el libro ha tenido muy buena acogida. Lo ha presentado en Bilbao, San Sebastián y Vitoria con llenos espectaculares y mucho éxito. Las víctimas del terrorismo no se han ofendido y eso es para él lo más importante. En general y a excepción de alguna pataleta en algún que otro blog, las reacciones han sido muy positivas.

Aramburu dice que su próximo reto es hacer la parodia del violento, porque ve aspectos muy ridículos en algunos de sus comportamientos, por ejemplo, el que se viera a dos etarras con la camiseta de la selección animando a España en un bar a grito pelado es muy ridículo. Pero considera que es un reto muy difícil porque es un tema muy delicado y no sabe todavía cómo hacerlo y tampoco si finalmente lo hará.

Es un hombre muy tranquilo, con una voz muy especial, a la vez aguda y muy ronca, que susurra más que habla y que cuando comienza a conversar deprisa exhibe un fuerte acento vasco.

El pasado 18 de enero tuve la fortuna de asistir a la presentación que Fernando Aramburu hizo de su novela «Patria» en la librería Lé (Castellana, 154 Madrid). Allí tomé unas notas y este es el resultado.

Antonio F. Rodríguez.

De LA ANTIGUA BIBLOS.


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