El cordero que conquistó París, de Catherine Siguret

"El cordero que conquistó París", de Catherine Siguret

CATHERINE SIGURET

De esta autora francesa nos dice la editorial en la solapa interior:

Catherine Siguret es periodista y autora de numerosos libros de ficción y no ficción, entre ellos Les femmes célèbres sur le diván, J’aimerais vous revoir, Enfin nue!, Mamère, ce fléau, L´amour en miettes y L´Amour au coin de Vécran. Colabora habitualmente en prensa escrita, radio y televisión.

ARGUMENTO

«Todas las noches, decenas de corderos titilaban en la bóveda negra del techo de mi dormitorio, una obsesión que me tenía el corazón abierto, como un nenúfar sobre un estanque una mañana de primavera, los ojos abiertos, la boca abierta; y valoraba cómo la gente se pasa un poco cuando recomienda contar ovejas para dormir, porque las ovejas también se mantienen muy despiertas.»

Así comienza la historia de Alice, una mujer de cuarenta años que vive soltera en un piso situado en una de las zonas privilegiadas de parís: la Place des Vosgues.

De pensar en corderos desde su infancia, decide hacer realidad sus sueños y poner un cordero en su vida. O más que en su vida, en su piso, con lo que la guerra con sus peculiares vecinos queda declarada de un modo inmediato.

 

Mi vida con un cordero

EL CORDERO QUE CONQUISTÓ PARÍS

El cordero que conquistó París es una disparatada comedia, porque no puede definirse de otra manera la vida de esta singular protagonista cuyos padres la dejaron la vida resuelta y que, aunque con moderación, se dedica a vivir de sus rentas.

Una mujer que vive desde su infancia obsesionada con los corderos. Que no es lo mismo que las ovejas (entre otras cosas porque un cordero es bonito, mientras que la oveja…):

«Empleo voluntariamente la palabra “cordero” porque es la que mejor encarna la ineficacia lanuda. “Encarna” es una manera de hablar, pues los corderos me gustan más por lo que tienen de elemento decorativo que por la carne». (Página 14)

¿Te extraña un cordero como animal de compañía? Bueno, George Clooney tenía un cerdo vietnamita que paseaba por la calle. A fin de cuentas, no se trata de que tenga que tener una utilidad concreta:

«-¿Y para qué sirve un cordero? –me preguntan en serie los copropietarios de mi edificio con ansiedad y los malpensados del barrio.

-Para nada –respondo-. ¡Por eso me gusta!» (Página 13)

Si peculiar es la protagonista con ese cordero al que pone de nombre Tú, no menos peculiar es la comunidad de propietarios con los que convive, es un decir. Gente con dinero, porque si no allí no podrían estar, en la que hay de todo, desde parejas homosexuales a diputados:

«La presencia de Tú era intolerable en un edificio como Dios manda. Yo habría redactado un comunicado recordando que entre la pareja de Paul y Wanda; el señor Jouffa, que se tiraba a todo el barrio; la gorda Lebras, que vivía enfadada con el mundo; la señora Burt y su hijo de hermafrodita o algo peor; los Simon, que abandonaban a su hijo adolescente, y la buena de la señora Revon, que solo hablaba de la muerte, ¡más bien éramos una comunidad de vecinos como Dios no manda!» (Página 209)

Y con ellos entablará una batalla que termina en los juzgados, o eso nos cuenta la contraportada, porque del juicio en realidad no trata la novela, sino de las desventuras por encontrar la oveja y los trastornos que provoca su cría en un piso, por muy lujoso que sea, de la capital parisina.

IMPRESIÓN PERSONAL

El problema del humor es que, lo que a  mí me puede hacer mucha gracia, para ti no tenga ninguna. O viceversa. En este caso he sido yo el que no le ha encontrado el punto a esta novela que, pese a lo que su portada pudiera sugerir para algunos, está muy apartado de eso que se ha dado en denominar chick-lit.

Mi problema es que, para empezar, la protagonista no me ha entrado por el ojito derecho. Ni por el izquierdo. Va de “loca” por la novela, como si eso la convirtiese en un espíritu libre, disfrutando de su entrepierna mientras espera y teme que un día se materialice su amor platónico con el desconocido de la Place des Vosgues, mientras sueña con ovejas (perdón, corderos) para meter en su cama, unos delirios pseudoeróticos que no sé muy bien como calificar.

Vamos, que me identifico más con sus vecinos que con ella, que a base de dinero va arreglando todo lo que su corderito va liando.

Se supone que toda la parte que tiene lugar en Córcega debe ser muy divertida (de hecho es un éxito de ventas en Francia), pero no le encontré mucha gracia a su rollo de las vocales, sus quesos, sus manías. Probablemente porque es como si a un alemán le pones a ver Ocho apellidos vascos (o catalanes, que para el caso es lo mismo), un humor cargado de tópicos locales difícil de captar y hacer gracia al que los desconoce.

A favor de la novela: se lee rápido.

Gracias a Editorial Suma de Letras que me ha facilitado un ejemplar de El cordero que conquistó París para su lectura y reseña.

VALORACIÓN: 5/10

Datos del libro

Título: El cordero que conquistó París
Autor: Catherine Siguret
Traductor: Sofía Tros de Ilarduya
Idioma: Castellano
Editorial: Suma
Año de edición: 2016
Páginas: 302
ISBN: 9788483658246
Precio en papel: 17,00 €
Precio en eBook: 8,99 €

Pedro Santos.

 

Artículo inicialmente publicado en EL BÚHO ENTRE LIBROS.


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