Crudo: El punto de vista de Julia Ducournau

Escena de Garance Marillier en Crudo (Julia Ducournau, 2016)

Cuando salí del pase de Crudo en la Muestra Syfy sentí que algo me había volado la cabeza. Lo primero que suelo hacer cuando esto me ocurre es buscar información de la directora y de los actores, si es que no los conozco, y leer las críticas y entrevistas que encuentro por Internet. Crudo es el primer largometraje de Julia Ducournau y cuenta con una protagonista femenina, Garance Marillier, y subtramas representadas también por mujeres. Si cito el género es solo porque me gustaría utilizar esta película para recalcar la importancia que tiene en una sociedad plural que existan diferentes puntos de vista, tanto para contar historias como para interpretarlas o analizarlas y animar a otros a que acudan al cine a disfrutarlas.

Aunque Justine ha sido educada en una férrea dieta a seguir, su familia es vegetariana, desarrollará un gusto por la carne y la sangre humana, un placer que comparte y en ocasiones también disfruta con su hermana. Hasta aquí todos de acuerdo. Ahora, esta película no trata sobre canibalismo ni es una crítica a las nuevas corrientes de alimentación que copan las páginas de las revistas life style. Esta película es un alegato feminista.

Que a las mujeres se las educa en represión sexual, incluso en el primer mundo, es algo que no puede negarse. Me irrita mucho cuando amigos que son padres, y hablo de gente de menos de cuarenta años, cambian el gesto cuando alguien les pregunta sobre como llevarán que su pequeña crezca y se eche novio. Las respuestas ya las conocéis, las habréis oído cientos de veces. Como también habréis escuchado que Pepita es un poco ligera, una puta o que se masturba, siempre en tono jocoso o de reproche. Ducournau utiliza el canibalismo para representar la liberación de la mujer de la obsesión del hombre por controlar su sexualidad al creerse dueño de su cuerpo. Para ello convierte a las Justine y Juliette del Marqués de Sade en dos universitarias estudiantes de veterinaria en un campus de hoy. A la protagonista ni siquiera le cambia el nombre, también se llama Justine. En la obra literaria, ellas son dos hermanas que toman caminos diferentes de vida: el de la virtud y el del vicio, respectivamente. Mientras que Justine es castigada por no ceder al placer carnal para satisfacer a los hombres, Juliette no deja de ascender socialmente y de disfrutar de una vida repleta de éxito, dinero, sexo y poder. No es casualidad entonces que cuando en la película Justine llega al campus, su hermana mayor ya sea una chica bastante popular. Alexia, que sería la Juliette del Marqués, hace tiempo que se deja llevar por los placeres de la carne y disfruta de su canibalismo sin cargo de conciencia.

Fotograma de Garance Marillier en Crudo (Julia Ducournau, 2016)
Sade utilizaba sus obras para argumentar porqué una mujer debía comportarse de una manera determinada. Emplea la pluma para demostrar que sus privilegios sobre el disfrute del cuerpo femenino estaban justificados biológicamente. En La filosofía en el tocador llega a asegurar que cualquier hombre debería poder poseer sexualmente a una mujer si mientras camina por la calle siente una erección. Julia Ducournau nos cuenta esta misma historia desde el punto de vista femenino. Sus chicas viven reprimidas por una familia – que representa a la sociedad – que no las permite probar la carne cuando sus instintos demandan sangre humana a diario. Las dos hermanas no son objetos de deseo, como insiste el escritor francés, sino sujetos que desean. El discurso cultural genera y determina el discurso social. Como solo atendemos a la realidad desde los ojos de los hombres nuestra visión del mundo está coja y radicalmente sesgada. El punto de vista masculino tiene que existir, obviamente, pero no puede ser el único. A través de las obras culturales nos han abocado a ser seres planos, débiles, cariñosos y maternales a los que hay que rescatar. La erradicación de nuestra versión de los hechos nos ha impedido gritar a los cuatros vientos que eso de haber nacido de su costilla es de una jeta impresionante, os lo escribe una con una cicatriz de veinte centímetros en el vientre.

En materia sexual nos han convencido de que la excitación es algo vergonzoso en una mujer y se ha convertido en un dogma moral: Las mujeres no sienten deseo sexual. Las mujeres de verdad. Las decentes. Necesitamos nuevos puntos de vista que abran los ojos a la realidad de las personas que no son hombres blancos heterosexuales, porque si no tendremos que seguir siendo lo que ellos decidan que seamos. Justine no solo siente la necesidad de comer carne – eufemismo del deseo sexual – tampoco quiere llevar tacones, ni depilarse, ni vestir sexy para acudir a una fiesta. Lo realmente insólito de este personaje es que no es ningún bicho raro ni, a priori, una persona perturbada. Simplemente no quiere hacer ninguna de esas cosas porque le resultan incómodas o tortuosas.




Sin el punto de vista femenino, Lolita seguirá siendo una historia de amor en la que, por si fuera poco, es descrita como una femme fatale. Alguien debería haber dejado claro que el profesor Humbert Humbert es un pederasta o que Madame Bovary se ha cansado de su marido y tiene aventuras para soportar el peso del hogar – como hacen ellos – y no una loca desquiciada que ha destrozado a su familia. Hay que tener la cara muy dura para culpar de todo a Lady Macbeth. Ya que nadie ha alzado la voz en este sentido, lo hago yo: Querido Lord, eres adulto para responsabilizarte de tus acciones. Aquí nadie más que tú deseaba ser rey; Penélope era gilipollas y está muy lejos de ser un modelo de conducta. ¿Qué mierda haces tejiendo en casa mientras Odiseo anda por ahí viviendo aventuras y gozando de los cantos de sirena? Gracias Julia Ducournau, gracias por señalar que el deseo sexual y la violencia también nos pertenecen.

Luego está el tema de la interpretación de estas obras creadas por una mujer y/o escritos con conciencia feminista. Echad un vistazo por la red, encontraréis textos sobre Crudo que se centran en el tema del veganismo, el gore o que la tachan de película superficial o sin mensaje. Entiendo que esto debe ser similar a conocer un idioma a medias y tratar de interpretar un texto sin un diccionario en la mano. La crítica tradicional, copada por hombres sin conciencia feminista, no maneja las herramientas para desarrollar un análisis de género, tan necesario en estos casos como el de la fotografía o el montaje.

Mujeres del mundo: a las armas. Y cuando digo a las armas, digo que cojáis la cámara, el boli, los pinceles o lo que sea y os pongáis a crear como si no hubiera un mañana. Necesitamos construir un discurso cultural que nos sitúe en el lugar que nos corresponde. Que ya está bien.

Henar Álvarez Díaz.

 

Artículo inicialmente publicado en VOS REVISTA.


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