Cosmic Machine: la edad de oro de la electrónica francesa

Cosmic Machine - A Voyage Across French Cosmic & Electronic Avantgarde (1970-1980)

De OTRAS MÚSICAS. OTROS MUNDOS.

Hace unos días, mientras echaba un vistazo en una oscura tienda de discos en Greenwich, de viaje de estudios con mis alumnos, me llamó la atención la portada del segundo volumen de la antología que nos ocupa, cuyo título secundario es “Un viaje a través de la vanguardia cósmica y electrónica francesa (1970-1980)“. Publica la compañía Because y el recopilador es un tal Uncle O. Ni idea. No sabiendo muy bien si gastar mis libras en algo que desconocía en su mayor parte, preferí investigar un poco al volver a España.

En los álbumes Cosmic Machine (2013) y Cosmic Machine: The Sequel (2016) nos encontramos ante una exquisita recopilación de temas electrónicos de los años setenta, con la particularidad de ser todos de artistas franceses. Es cierto que suele mirarse hacia Alemania cuando se trata de fijar el canon de la música cósmica de los setenta, con los revolucionarios del Krautrock y la Escuela de Berlín como cabezas de cartel, pero es de justicia reconocer que el país galo también contribuyó en gran medida al establecimiento de la electronic music -en sentido amplio- como un género de gran alcance popular.

Cosmic Machine : The Sequel (2016)

Las dos antologías publicadas hasta ahora tienen la misma filosofía: recoger piezas representativas de la época, todas instrumentales y con los sintetizadores como elemento crucial. Debemos estar al tanto también de que muchos de los temas tienen unas características rítmicas propias de la música de baile (música disco, en realidad), e incluso en estos casos hay tal dosis de colorido galáctico que suenan de maravilla. Aun así, hay material de sobra para encandilar a los que preferimos una aproximación algo más clasicista, más “new age” si se quiere.

Entre los numerosos artistas representados encontramos a gente tan popular como Serge Gainsbourg, Francis Lai, Joël Fajerman, Pierre Schaeffer y, por supuesto, Jean Michel Jarre, que en vez del inevitable Oxygene aporta la relativamente desconocida Blackbird. En realidad, aunque en las antologías se recogen temas bien conocidos como Magic Fly de Space o una versión de Popcorn, se prefiere en general tirar de rarezas antes que de temazos muy manidos, por lo menos cuando se trata de músicos de renombre. Es de suponer que se busca impresionar tanto a los novatos como a los ya iniciados.

Aunque no se debe juzgar un disco por su portada, aquí debe decirse que se ha acertado de lleno al contar con esas fabulosas ilustraciones al estilo de Moebius para cómics como El Incal y la revista Metal Hurlant. Tanto el diseño conceptual como -por supuesto- el contenido musical son todo un viaje mental contracultural hacia aquellos tiempos en los que convivían los desvaríos psicodélicos de los últimos años sesenta con el establecimiento de la fantasía y la ciencia-ficción como eje de la cultura mainstream juvenil en los ochenta. Dos maravillosos álbumes que se disfrutan mucho más en formato físico, sea en CDs o en vinilos dobles.

Por supuesto, aquí pongo unos ejemplillos:

El Conde.

 

Artículo inicialmente publicado en OTRAS MÚSICAS. OTROS MUNDOS.


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