Yoro, Marina Perezagua

Yoro, de Marina PerezaguaDe CARLOS GARVÍN.

Recuerdo muy bien el verano que comencé a leer Criaturas abisales, el primer libro de Marina Perezagua. Lo hice sin ninguna expectativa. Se trataba de una autora desconocida y estaba dispuesto a dejarme sorprender. No solo me maravilló, sino que el libro me acompañó en la playa, en las terrazas, en los parques veraniegos. No lo combiné con otras lecturas, no dejé (muy frecuente en mi forma de leer) el obligado descanso entre relatos para así degustarlos mejor. No pude hacerlo. Me lo bebí de un sorbo. Cada página era como un aire fresco en mitad de aquel calor acuciante de julio. Su escritura me embaucó. Más tarde publicó un segundo recopilatorio de relatos, Leche, y de nuevo me sucedió exactamente lo mismo. El despertar de mi antigua fascinación por la narrativa breve. El pecho henchido de admiración.

Yoro es su primera novela. Y qué gran estreno. Marina recupera a H., la protagonista de uno de sus relatos titulado Little boy, el nombre de la bomba atómica que fue lanzada el 6 de agosto de 1945 en la ciudad de Hiroshima. Por desgracia, H. vivía allí por aquel entonces. Por desgracia, fue alcanzada por la bomba y su vida quedó condicionada para siempre por ese acontecimiento. Una superviviente del infierno. Al comienzo de la novela, H. confiesa al lector que ha cometido un crimen y nos adentra en su particular mundo. Junto a Jim, un personaje también vinculado al terror de la guerra, buscaran el paradero desconocido de una niña llamada Yoro, de quien tenemos muy poca información, apenas algunos datos: que fue cuidada por Jim durante sus primeros cuatro años de vida y que va cambiando continuamente de padres adoptivos. Los dos iniciarán un periplo desde Japón a Estados Unidos, pasando por África y las minas de coltán.

Yoro es una búsqueda. La lucha de una mujer que va al encuentro de su lugar en el mundo, de su identidad sexual. Yoro es la historia de un embarazo, de la maternidad, de una bomba que se gesta dentro del vientre de la protagonista. También es libertad. Es crítica social. Es un elogio a favor los derechos del ser humano, una defensa ante la discriminación. Un canto en contra de las injusticias, de la brutalidad y del horror. Y sobre todo a favor del amor, que nos salva la vida.

Marina Perezagua posee una escritura elegante, audaz, ambiciosa. Una manera ensortijada de contar las cosas. No se trata de una novela fácil, se convierte en un camino pedregoso para quien no esté acostumbrado a una literatura de altos vuelos. Eso mismo la engrandece, quien se adentre en las páginas de Yoro hallará tantas lecturas como desee, como si estuviera frente a un prisma de mil caras. Además, es una literatura que invita a la reflexión, te empuja a un abismo de pensamientos.

Por un momento he sido también apneísta, al sumergirme en las profundidades de esta novela, porque me ha dejado sin aliento, sin respiración. Una experiencia intensa y enriquecedora. Marina Perezagua continúa siendo una de las grandes promesas de la literatura actual. Todavía no ha tocado techo.

Los libros del lince, 2015
320 páginas
19,90 euros

Carlos Garvín.

 

Artículo inicialmente publicado en CARLOS GARVÍN.


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